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La Toma de Caracas convocó, según el oficialismo venezolano, 30 mil personas, según la Mesa de Unidad Democrática (MUD), un millón. No importa la cifra oficial, las fotos y videos del 1 de septiembre de 2016 hablan solas, y lo cierto es que la manifestación en la capital venezolana parece haber logrado su objetivo: mostrar que cada vez son más los que ya no quieren que Nicolás Maduro sea su presidente.

La Toma fue una medida de presión para que el Consejo Nacional Electoral diga, de una vez, cuándo será la fecha para recoger los cuatro millones de firmas —el 20% del padrón electoral— para el referendo revocatorio en contra del presidente Nicolás Maduro. La Toma se anunció a finales de agosto pero desde principios de 2016, la MUD ha trabajado porque se active este mecanismo contemplado en la Constitución. En mayo cumplieron la primera parte: entregar el 1% de firmas correspondiente al padrón electoral de cada uno de los 23 estados y el Distrito Capital que conforman a Venezuela. Sin embargo, desde ese paso, el CNE ha retrasado los tiempos estipulados en la Ley Electoral: después de recibir las firmas debía verificarlas en siete días. El CNE se tardó un mes.

La MUD pidió referendo, el CNE lo retrasó y desde el gobierno nacional alegan fraude de la oposición en esa primera recolección de firmas. Por eso la MUD llamó a una concentración masiva en tres avenidas de Caracas: Río de Janeiro, Libertador y Francisco de Miranda —la más larga de la ciudad— para demostrar al mundo que un gran número de venezolanos quiere que la consulta electoral se haga este año. Una tarea titánica considerando que desde la llegada del oficialismo al gobierno, en 1999, los poderes públicos están concentrados en el Ejecutivo. Realidad que el oficialismo desmiente con vehemencia y para hacerlo siempre menciona el referendo revocatorio que se le aplicó al ex presidente Hugo Chávez en 2004. En ese año, desde la primera recolección de firmas hasta la consulta pasaron nueve meses. En 2016 solo entre la entrega del 1% de firmas y su verificación se han demorado tres meses, ese mismo proceso para Chávez duró solo quince días. Sin contar que para esa ocasión el CNE pidió dos recolecciones de firmas más como parte de una “reconfirmación de fechas”. Chávez ganó con más del 60% de los votos. Hace doce años el gobierno no tenía miedo de perder, hoy sí.

Es muy probable que Maduro no logre ese 60% a su favor, como Chávez. Desde la oposición están convencidos que no. Su seguridad viene desde las elecciones parlamentarias del seis de diciembre de 2015, donde obtuvieron siete millones de votos. Casi un millón más que los que tuvo Maduro cuando fue electo presidente en 2013. Actualmente más del 70% de la Asamblea Nacional es controlada por la oposición. El año pasado, la popularidad de Maduro estaba por debajo del 40% y hoy según un estudio reciente de la encuestadora Datanálisis, “no llega ni al 30%”.

Una falta de popularidad argumentada en la peor crisis económica y social que ha vivido Venezuela desde la restauración de la democracia en los años 50. Los rostros y anécdotas que se reunieron en la “Toma de Caracas” hablan de una población que está pasando hambre, que se ahoga en la escasez de alimentos y medicinas mientras tienen que lidiar con un aumento de la delincuencia e inflación —que según el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial ya ronda los tres dígitos—. Aunque no hacen falta tantas fuentes oficiales: cada día en los negocios venezolanos se evidencia el crecimiento de los precios: a finales de julio una docena de huevos costaba cerca de mil quinientos bolívares (un dólar con cincuenta), para principios de septiembre —en menos de dos meses— está en dos mil doscientos bolívares (dos dólares con veinte). Y durante los primeros nueve meses del 2016, las medidas económicas aplicadas por el gobierno nacional —aumento del salario mínimo y de los tickets de alimentación— sólo han catapultado la crisis económica y la falta de liquidez.

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Una de las centenares pancartas que se mostraron durante la toma decía: “Porque no me quiero ir de Venezuela. #RevocatorioYa”. Es que mientras la economía desciende, los números de venezolanos inmigrantes aumentan. Desde jóvenes profesionales hasta inmigrantes que llegaron a este país huyendo de guerras y dictaduras durante el siglo XX, sacan cuentas y buscan cómo escapar de estas vicisitudes.

El próximo paso

La Toma de Caracas fue un paso más para los inconformes con el oficialismo. Para el siete de septiembre la MUD convocó a tomar todas las sedes regionales del CNE para presionar y se apresuren a definir la fecha de la nueva recolección de firmas para activar el referendo revocatorio. Esto a pesar que el organismo electoral ya informó que para el trece de septiembre se pronunciará. “Si el trece el CNE dice la fecha, pues el catorce celebraremos. Si no, saldremos de nuevo a protestar”, dijo “Chúo” Torrealba, del MUD, sobre la posibilidad de otra manifestación que planean antes de la primera quincena de este mes.

La oposición dice que sí dan los tiempos para hacer el referendo este año. Que de no haber sido por los retrasos voluntarios del CNE, se podría hacer para noviembre o diciembre. Pero desde el oficialismo, alegan que no hay chance y que si se cumplen con todos los pasos de manera “legal y ordenada”, se podría realizar para marzo de 2017. Si el referendo se hace este año, y el presidente Maduro pierde, se deben llamar a elecciones presidenciales para el 2017. Esto porque según la Constitución, la consulta se realizó antes de que el Presidente cumpliera mitad de su mandato, tres años. Si se hace en 2017, y el oficialismo pierde, el mandato lo terminaría el vicepresidente, Aristóbulo Istúriz.

Análisis de medios locales argumentan que eso es a lo que juega el gobierno: perder a Maduro pero no entregar la presidencia.

Mientras tanto, son treinta millones de venezolanos en el medio. Quienes pierden la paciencia ante la política y toman acciones más radicales para recuperar el país: se han reportado saqueos de supermercados y linchamientos a delincuentes en 2016. Ni siquiera el presidente Maduro se salva de la protesta cara a cara: el viernes 2 de septiembre, durante un evento en el estado Nueva Esparta (isla al norte del país), decenas de personas golpearon sus cacerolas como señal de protesta ante su visita. Según los videos, Maduro se bajó de su vehículo blindado para caminar una parte del trayecto hasta el sitio donde entregaría unas viviendas y un grupo de manifestantes lo insultó.

Poco a poco los venezolanos pierden el miedo, como se vio en la Toma de Caracas, y lo que evidencian es una profunda necesidad de recuperar a su país.

Se comprobó luego de la manifestación cuando algunos grupos se enfrentaron contra la Policía Nacional en la autopista Francisco Fajardo (la más larga de la ciudad) a la altura de Las Mercedes (urbanización al este de Caracas). Un aguacero interrumpió las peleas, no sin antes dejar un saldo de al menos veinte detenidos y denuncias de represión policial.

Este resultado, en mayor o menor medida, ha estado presente en muchas de las protestas que se han registrado en el país durante este año.

César Heredia es ejemplo de esa represión: el joven de 29 años está postrado en una silla de ruedas luego de un disparo que recibió en su columna cuando tenía 25. Unos ladrones trataron de robarlo en Valencia (ciudad en el centro del país), luego de participar en una protesta. “Mil veces prefiero recibir un disparo a perder mi libertad”, gritó Heredia desde la tarima donde políticos, artistas y estudiantes insistieron en pedirle al CNE que “respete la voluntad del pueblo”.

Durante la Toma, cada manifestante exigió algo diferente. Sofía Escalante, profesora jubilada, exigió tranquilidad: “Yo lo que quiero, necesito, es seguridad. Mis dos hijos están en Alemania. Se fueron hace dos años. A uno lo secuestraron dos veces, y al otro le robaron el carro a punta de pistola llegando a su casa. No podemos seguir así. El país se cae a pedazos y el gobierno no hace nada”.

Casos como estos abundan en el país: padres que se quedan e hijos que se van. Como lo indicaba el presidente de la Asamblea Nacional, Henry Ramos Allup –uno de los líderes de la oposición-: “resulta triste ver que los viejos nos hemos convertido en el futuro de nuestro país”.

Fotografía de Verónica Ruiz del Vizo.