Después de 13 horas de audiencia, a las 04:25 de la mañana de hoy, el Tribunal de Garantías Penales de Pichincha negó el habeas corpus a 45 cubanos y dejó en libertad a uno, Fermín Rodríguez, porque la juez de contravenciones revocó su orden de deportación al encontrar que él necesitaba protección internacional. El recurso legal fue pedido después de que la madrugada del 6 de julio de 2016, los cubanos fueran detenidos mientras acampaban en el parque de El Arbolito, en Quito, en una vigilia en la que le pedían a la embajada de México que les conceda una visa para entrar a ese país y, de ahí, llegar a los Estados Unidos. Según varias organizaciones y especialistas de derechos humanos, las detenciones son ilegales. La negativa del habeas corpus ha sido apelada pero uno de los abogados, Javier Arcentales, dice que la Corte Provincial debería resolver para deportarlos pero, tomando en cuenta lo irregular que ha sido el proceso, teme que se los deporte en cualquier momento. El tribunal se negó a incluir a seis cubanos en el habeas corpus porque sus nombres no constaban en la lista de 147 personas presentada por los abogados. “Es una decisión legalista y formalista, porque debió haber operado el principio de informalidad de garantías, y habrán podido incluirlos”, explica Arcentales. Ese principio dice que la ausencia de una mera formalidad no debería impedir que se hagan valer los derechos de una persona. Hoy, 13 de julio, Arcentales presentará un segundo hábeas corpus por los seis restantes. Los 45 cubanos han sido devueltos al centro de detención conocido bajo el perverso eufemismo de hotel Carrión, donde esperarán que el sistema judicial del Ecuador actúe con apego a los principios que la Constitución del país consagra o haga lo que ha hecho hasta ahora: seguir las órdenes del Ministerio del Interior.

A las cuatro de la tarde del martes 12, un bus de la policía trasladó a 46 cubanos al Tribunal de Garantías Penales. Desde las ventanas, los detenidos saludaban a quienes desde la calle les gritaban consignas de apoyo: los ecuatorianos también somos migrantes, ningún ser humano es ilegal. Unos 18 policías y oficiales del Grupo de Operaciones Especiales formaron un callejón hasta la puerta de la corte. Unos minutos después, un segundo bus apareció: llevaba cerca de 20 oficiales más. Afuera, los abogados Juan Pablo Albán, Javier Arcentales, María Belén Aguinaga intentaban entrar a la audiencia. A pesar de que se dijo que era pública, nadie más pudo entrar. De a poco, los cubanos bajaron del bus. Llevaban las pocas cosas que han podido arrastrar en su tortuoso viaje: maletas de mano, fundas plásticas y cobijas. A la indignidad del viaje han tenido que sumarle la humillación del Estado ecuatoriano.

La suerte de los migrantes cubanos empezó a decidirse a las cuatro y media de la tarde. Afuera, otros cubanos (entre ellos, algunos que fueron detenidos pero liberados esa madrugada y otros que residen en el Ecuador) llegaron tarde —dicen que los policías del Hotel Carrión les dieron mal la dirección de la audiencia a propósito— y comenzaron a cantar Yo vengo a ofrecer mi corazón de Mercedes Sosa. “Es una canción para demostrar nuestro compañerismo, familiaridad y apoyo a nuestros hermanos”, dijo una cubana de 40 años que no quiso dar su nombre.

¿Quién dijo que todo está perdido?

Yo vengo a ofrecer mi corazón,

Tanta sangre que se llevó el río,

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Yo vengo a ofrecer mi corazón

No será tan fácil, ya sé qué pasa,

No será tan simple como pensaba,

Como abrir el pecho y sacar el alma,

Una cuchillada del amor.

En los escalones de la entrada de la Unidad Judicial los cubanos habían encendido velas rodeadas por carteles para que el viento no apague el fuego que decían “solidaridad sin fronteras”. Era como un pequeño altar para implorar por derechos humanos.

Dentro, en el ambiente gris de los juzgados, los abogados de los cubanos buscaban que sean liberados. Además, pedían que el Estado declare que hubo una violación de derecho y se indemnice a los 75 que ya fueron deportados a Cuba. El abogado Miguel Benítez explica que la ley ordena que se convoque a la audiencia dentro de las 24 horas posteriores a la presentación del habeas corpus, pero que el Tribunal se demoró más de cinco días: fue presentado el 6 de julio y recién el 11 de julio supieron con exactitud cuándo y dónde sería la audiencia. Según un miembro del tribunal,  se demoraron en hacer la notificación porque no tenían la dirección del domicilio de las personas afectadas —a pesar de que claramente no la tenían porque estaban acampando en un parque de la ciudad y luego estaban detenidas en una unidad de flagrancia y luego el lúgubre hotel Carrión. El martes por la noche, Benítez dijo que hay un hecho que le llama la atención: que hayan traído a los cubanos con todas sus pertenencias: o estaban listos para dejarlos en libertad o para llevarlos al aeropuerto internacional de Tababela. “La posibilidad de una apelación existe, pero la realidad material que hemos vivido es que no hay ningún respeto a las leyes o al debido proceso”, se lamenta. Los abogados denuncian que al menos siete personas que fueron deportadas a Cuba los días anteriores tenían una sentencia que los liberaba.

La mayoría de estos cubanos no tienen trabajo ni casa en Quito. Sus intenciones son llegar a Estados Unidos bajo la Ley de Ajuste Cubano de 1996, que dice que cualquier cubano que llegue a tocar suelo estadounidense, tiene permiso de residencia y trabajo en el país. Por eso, lo que los 151 cubanos pedían era una visa humanitaria de México para hacer puente aéreo y llegar a Estados Unidos. Pidieron un permiso municipal de acción colectiva y acamparon en el parque El Arbolito desde el 1 de julio hasta que a las 2:45 de la mañana del miércoles 6 de julio cuando un piquete de policías llegó y los desalojó con violencia: golpearon a mujeres embarazadas, ancianos, hombres, todo al frente de los niños que los acompañaban. Los llevaron a la Unidad de Flagrancia, donde los hicieron dormir en el piso de un sótano, sin cobijas, medicina, o cualquier otro tipo de atención. Una mujer de 50 años, que no quiso ser identificada porque dice que en Cuba la están buscando, cuenta que los empezaron a llevar de uno en uno a juicio. Ella, gracias a la defensa de su abogado y su tiempo de permanencia en el país —desde el 17 de diciembre de 2015— salió libre pero su esposo no: él estuvo en la audiencia en la que le negaron el habeas corpus y sigue en el Hotel Carrión. Como ella, otras personas han sido separadas de sus familiares: algunos ya están en Cuba y otros esperando su audiencia. Algún día el Estado ecuatoriano deberá responder por la desmembración de estas familias. “Nadie se quiere quedar aquí en Ecuador y no queremos regresar a Cuba porque las cosas en nuestro país están malas” —dice con voz resignada la señora que no está segura si su esposo será deportado o no— “Si yo regreso, a mí me está buscando y hay muchos otros también que son perseguidos políticos. Yo no regreso a Cuba, yo prefiero morir”. El país de la ciudadanía universal está deportando gente desesperada, que prefiere la muerte al regreso.

Muchos de los que estuvieron en el parque El Arbolito dicen que esa madrugada les robaron: calculan que perdieron 8 mil dólares en dinero, tablets y computadoras. Parece que muy pronto ha olvidado el gobierno del Ecuador —un país de migrantes— la grande tragedia que es tener que irse, para siempre, dejándolo todo, como única y final alternativa de supervivencia.

*Actualización 13 de julio de 2016 

A la 12:45 de la tarde 45 cubanos que estaban en el Hotel Carrión fueron transportados en dos buses hacia el aeropuerto Cotopaxi en Latacunga, a dos horas de Quito. Cuando los abogados y los medios llegaron al aeropuerto, no los dejaron entrar. Al terminar la tarde los cubanos restantes fueron deportados afuera del país.

Lisette Arévalo Gross.