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Hace casi dos años Mauricio Rodas asumió la alcaldía de Quito planteando varias propuestas que daban continuidad a proyectos estratégicos de la antigua administración. Así, su alcaldía se ha enfocado en el Metro y el tratamiento de aguas residuales en Quitumbe pero ha dejado a un lado importantes propuestas como la de convertir a Quito en una ciudad digital y socialmente innovadora. Para que una ciudad sea digital debe incorporar las  tecnologías de la información y de comunicaciones (TICs) con el objetivo de mejorar la calidad de vida y capacidad de desarrollo de los habitantes, fortalecer la  infraestructura existente y permitir el acceso a todos —en especial a los grupos más vulnerables— a la sociedad global de la información y el conocimiento. A nivel regional hay algunos buenos ejemplos que han logrado consolidar un modelo de referencia como Medellín, Buenos Aires y Santiago de Chile. Quito, en cambio, se ha estancado en el proceso.

Como promesa de campaña, Rodas propuso que Quito sea 3.0 y en ese sentido, al inicio de su administración actualizó la agenda digital que había sido construida por más de quinientas personas en 2013 y para la cual se habían capacitado a más de 54 funcionarios públicos como expertos en valoración y elaboración de proyectos de ciudades digitales. Pero este esfuerzo inicial y las iniciativas que estaban contenidas como proyectos estratégicos prioritarios de la Agenda de Quito Digital de la anterior administración, no tuvieron continuidad. Considero que una de las principales razones por las que se estancaron ha sido la falta de una hoja de ruta —no está publicada en ninguna parte y el tema tampoco está claro en el Plan Metropolitano de Desarrollo— que determine línea bases, objetivos, indicadores y sobre todo responsabilidades y competencias a nivel de las distintas instancias que conforman la corporación municipal. Para comprobar esta teoría de falta de planificación, hace no mucho tiempo  pregunté vía Twitter qué significaban los proyectos tecnológicos @linqlab, @labuio y open space —ejecutado por  @conquito—. Solo una de las entidades (@linqlab)  me respondió que ingrese a la web del proyecto. Lo hice pero no encontré mayor explicación de los programas que se impulsarán desde esta entidad. Es evidente que los pocos esfuerzos están dispersos y que la ambigüedad de la propuesta inicial de campaña, Ciudad 3.0, no ha sido aclarada en el poco conocido Plan Metropolitano de Desarrollo y Ordenamiento Territorial, de la administración Rodas, donde se habla de una “ciudad inteligente para la gente”.

Así, hay otras iniciativas tecnológicas que tampoco han tenido trascendencia y cuyos resultados no se conocen hasta la fecha como la de datos abiertos (reutilización de la información pública para generar soluciones urbanas tecnológicas diseñadas por la comunidad digital) que se implementó sobre la recopilación de la anterior Secretaría de Planificación. Esta fue erróneamente publicada mediante la contratación de un servicio de alojamiento de datos de forma masiva y no de acuerdo a las verdades necesidades básica y avanzadas de la ciudad, como por ejemplo lo ejecuta @CuencaDigital. Es así que a los casi dos años de lanzada esta iniciativa, no conozco de ningún emprendimiento que se base en la data pública generada por las distintas entidades de la administración local.    

Durante la alcaldía de Rodas se ha establecido la creación de una Unidad de Innovación que aún no tiene estructura ni  presupuesto ni plan operativo detallado (no hay documentos publicados disponibles), cuando lo mínimo que se requiere para impulsar un verdadero ecosistema de innovación urbana es la configuración de una Secretaría especializada en la materia, y en el mejor de los casos incluir un Chief Innovation Office como en Nueva York, Boston o Barcelona. 

Una ciudad digital requiere de programas públicos de innovación abierta que conecten a grupos de investigación y emprendedores o start ups  con sistemas empresariales públicos y fondos de inversión nacional o internacional. Eso tampoco existe en Quito todavía, la única propuesta cercana es el proyecto Mi Quito que es una “adaptación” de la plataforma Mi Medellín, donada por la Alcaldía de esta ciudad colombiana. Sin embargo este no es un proyecto de innovación abierta donde la academia, el sector público —en este caso la Alcaldía y su entidades adscritas—, el sector privado y la comunidad digital se conecten para generar ecosistemas de negocios de innovación, es más bien una plataforma de co-creación  de ideas ciudadanas, que no ha tenido la visibilidad y trascendencia. En Medellín, en cambio, sí ha trascendido: además de Mi Medellín, cuentan con la plataforma SUNN (Startup Neural Network), un portal específico para proyectos de innovación abierta cuya misión es desarrollar negocios de innovación en tiempo real.

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A pesar de la descoordinación del gobierno local, la dinámica de la ciudad ha impulsado proyectos particulares de relevancia como Kruger Labs —tics y software—, Impaqto Quito —innovación social— y Torno Lab —arte digital—. Pero para que estos esfuerzos tengan más impacto no pueden ser aislados, ni esporádicos, deben estar articulados y concatenados a una  política glocal, más aún si estamos a las puertas de que Quito sea sede del encuentro más importante del Urbanismo a nivel mundial (Hábitat III).

Para lograr esta articulación es necesario hacer cambios más profundos como crear una estrategia de innovación que articule y coordine los esfuerzos público y privados que se generan  dentro de la ciudad. Para este punto, se puede retomar la agenda digital, criticarla, reescribirla pero sobre todo construir un plan de ciencia, tecnología e innovación, una guía que nos diga a dónde va la ciudad en temas de innovación urbana.
 Otras ideas que deberían implementarse son: crear una Agencia de Innovación administrada por un CIO —Chief Innovation Officer— que forme parte de un Comité Público Privado de Ciudades Digitales, crear un auténtico espacio público de creatividad e innovación donde confluyan makers, hackers cívicos, emprendedores y start ups. Que sea un espacio destinado a la innovación tecnológica, a la economía naranja, y la aceleración de emprendimientos, enfocados en la mejora de la calidad de los servicios públicos de la ciudad. En este punto Ruta N de Medellín, Citi Lab de Barcelona y el propio Innopolis de Yachay pueden ser un referente aplicable.  

Por último, para que estas propuestas funcionen es necesario retomar todos o parte de los proyectos prioritarios de la Agenda Digital, como la digitalización total del Registro de la Propiedad, la sensorificación del sistema de bicicleta pública, la implementación del anillo y corredor digital de la ciudad, la creación de una red de Living Lab en las estructura ya existente de los Centro de Desarrollo Comunitario. También se debe retomar el posicionamiento internacional de ciudad, y generar más embajadores digitales  para difundir los avances que se logren en materia de innovación. Nada de esto puede ser posible si no se destina presupuesto a los proyectos de innovación porque sin fondos no existen proyectos viables y sustentables y todo se vuelve en una mera retórica electoral, como lo ha sido hasta ahora el mito de la ciudad 3.0.

Bajada

Quito se estancó en su proceso de convertirse en digital e innovadora