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Los medios del Ecuador no han aprendido nada: diez años después, han vuelto a escoger candidato. Así como en 2006 le pusieron la ficha a Rafael Correa para no tener que padecer a Álvaro Noboa, ahora han decidido —frontal e indiscretamente— apoyar a Guillermo Lasso para librarse de su anterior campeón, Rafael Correa. ¿Hay algo malo en esto? No necesariamente. En muchos otros países con democracias más sólidas, los medios suelen plantarse, sin miedo ni complejos, en algún lugar del espectro político. En Estados Unidos, la prensa está dividida entre la más liberal (que se ha cerrado filas con ciertos aspectos de la agenda del presidente Obama, al punto de que el New York Times pidió votar por él en un editorial) y la más conservadora, que ha flanqueado con el partido Republicano. Pero en un país como el Ecuador, donde el caudillismo es la respuesta a todo, la elección de los medios de un candidato es un gesto desesperado —como desesperada fue su conducta en 2006— que terminará en una posición condescendiente durante la campaña. Y los lamentos vendrán después de esa luna de miel. Y muy pronto escucharemos que ese que ejerce el poder no era el que se dibujó en las entrevistas. Y muy pronto se preguntarán los medios dónde quedó el Guillermo Lasso que era su mimadasso.

En el Ecuador, nadie escoge ideas, sino personas. Personas que nos van a librar de las supuestas malas elecciones de personas que hicimos unos años antes. Ha sucedido desde el retorno a la democracia. Febres-Cordero era la antítesis de Hurtado, Borja era la antítesis de Febres-Cordero, Durán-Ballén la de Borja, Bucaram la de todos, Mahuad —y su discurso de la siete armonías y el Titanic que finalmente se le hundió— el remedio para Bucaram, y así hasta llegar a Rafael Correa que era la vacuna contra Álvaro Noboa y la cura para la ineptitud de Alfredo Palacio. Los medios han ido al vaivén de esos aspirantes a caudillo que han ido marcando la historia reciente del Ecuador: los banqueros que eran dueños de Tc Televisión (Isaías) y de Teleamazonas (Egas) convirtieron a ambos canales en una lanzadera de acusaciones. Por cierto: ¿Ya nadie recuerda que a Roberto Aguilar lo despidieron de El Universo     por llamar prófugos a los hermanos Isaías? Tampoco parece mucha gente —y demasiados medios— recordar que Rodrigo Fierro se libró apenas por su avanzada edad de ir a la cárcel, luego de que Febres-Cordero lograse que fuera condenado por una columna titulada “Febres-Cordero, en su lugar”. El experiodista Carlos Vera contó —con cierta candidez— en una entrevista con Fernando Ampuero que Correa traicionó a Ecuavisa porque la noche en que ganó la elecciones no cumplió con darle su primera entrevista como presidente electo. “Esta es la correspondencia por la que el canal y tantos nos jugamos”. Más allá del engreimiento, en las palabras de Vera subyace el mensaje: lo escogimos, lo pusimos donde está y así es como nos pagó. Ahora, los medios del Ecuador han vuelto a elegir: Guillermo Lasso es su carta. El remedio para la descorreización que anhelan. 

Las luces están sobre el candidato presidencial de CREO. El Universo reportaba, tan temprano ya, que Lasso —seguro de la victoria— planea ya cómo serán sus 100 primeros días. Una conducta un poco extraña en un banquero: andar haciendo planes con capital que no se tiene. Carlos Jijón, director de La República, escribió una columna para mostrarnos a sus lectores cuán fascinante es la historia de vida del expresidente del Banco de Guayaquil. Incluso el mordaz 4pelagatos, implacable con el correísmo, le hizo una entrevista tibia, donde la discusión no parecía girar en torno a la pregunta ¿Qué haría Guillermo Lasso si fuese presidente? sino sobre esta otra: ¿Cómo va Guillermo Lasso a no ser como Rafael Correa?. Y en el mismo sitio, una esclarecedora nota titulada Nebot dice chao a Lasso queda claro que el alcalde de Guayaquil no es una opción para los cuatro editores del flamante sitio de noticias: se parece demasiado a Correa. Y lo que andamos buscando los ecuatorianos, y los periodistas también quieren, es uno que sea totalmente distinto al actual Presidente.  

Los medios están tan embelesados con el discurso rosa de Lasso que no le preguntan cómo. Y cuando lo hacen, se satisfacen con las generalidades que Lasso contesta. Nadie contrasta los datos que ofrece, ni los verifica. En El Universo, se reportaba que el líder de CREO apuntará a la inversión privada local y extranjera para salir de la crisis. Ya en la nota, no había ninguna indicación de cómo sería ese incentivo, salvo generalidades como “crear empleo”, o “quitar el impuesto a la salida de divisas”, “alejarse de los prejuicios ideológicos”. Es increíble, pero si se toma una entrevista de Rafael Correa de 2006, cuando era un candidato guapo, sonriente y con pelo, uno encuentra las mismas generalidades. Es más, basta escuchar a Carlos Vera exultante, feliz, en su recordado programa de entrevistas matinales: “Bienvenido, señor Presidente”. 

Nadie se está tomando la tarea de profundizar en Lasso. El gobierno insistía en llamarlo banquero y recordar su participación en la crisis, pero esa es una línea que ya no tiene ningún efecto porque las vacas correístas están flacas. Y si algo está evitando Alianza País, a cómo dé lugar, es usar la palabra crisis —que, por supuesto, se volverá la preferida de Lasso. 

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Mientras tanto, Guillermo Lasso seguirá recorriendo estudios de televisión, cabinas de radio y atendiendo entrevistas telefónicas. Hay una velada sensación entre los medios privados de que la caída de la aprobación de la gestión presidencial (40%, según Cedatos) ha venido con una revaluación de la prensa tan denostada en la década correísta. Eso parece darles un nuevo aire, y los está llevando a volver a un error del pasado: tener candidato favorito. Es probable que no conozcan a Lasso en profundidad, ni entiendan del todo de qué se va a tratar su gobierno. Parece que ni siquiera saben, del todo, si Lasso es tan distinto a Correa como ellos piensan. 

Bajada

 ¿Tienen ya los medios su candidato presidencial?

fuente

Fotografía de Agencia de Noticias ANDES bajo licencia CC BY-SA 2.0. Sin cambios