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Reporte generado el 28 de diciembre y actualizado ligeramente el 4 de enero de 2015. 

El Niño no llegó y no deberían esperarlo. O al menos no con el temor con el que lo hacían los ecuatorianos. Una serie de factores ha demostrado que el fenómeno oceanográfico-metereológico no se desarrolló como muchos científicos suponían. Para entender este proceso, primero es necesario saber una serie de conceptos —un poco complejos pero necesarios— como que existe un índice determinante en su desarrollo: el Pacific Decadal Oscillation, el PDO, que tiene una frecuencia de entre veinte y cinco y treinta años, puede ser caliente o frío y su característica influirá en la intensidad del fenómeno. Desde el 2000 y aproximadamente hasta el 2025 tendremos un PDO frío. Cuando hay un PDO con esta característica, los eventos de El Niño son menos frecuentes y de intensidad disminuida. El del año que recién pasó es menor (o más leve).

Los fenómenos de El Niño más fuertes registrados —entre 1982 y 1983 y 1997 y 1998— ocurrieron cuando había un PDO caliente. Por el contrario, entre 2014 y 2015 este índice y sus condiciones (aún con ciertos picos positivos) indican claramente que el evento comenzó a debilitarse a principios de noviembre en el área 3-4 (otro concepto necesario que explicaré enseguida). Y si el patrón continúa así, es muy probable que para marzo y abril ya no hayan anomalías de calor y eventualmente entraremos a un evento frío de La Niña, que puede extenderse por un par de años. 

Así como el concepto de PDO, para entender por qué El Niño parece haber muerto o ha perdido la fuerza suficiente para ser considerado “grave”, es necesario entender que existen dos áreas del fenómeno: la 1-2 y la 3-4. La 1-2 es la que está más cerca a la costa, la que impacta a Ecuador, la que debemos analizar cuando queremos saber si El Niño está o no en el país o si va a llegar; y la 3-4 que es la que está centrada a unos ocho mil kilómetros al oeste de la costa del Ecuador (Galápagos está alrededor de 800, así que estamos hablando de un área diez veces más lejana de lo que está el Ecuador continental de las islas). 

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Para que un El Niño ocurra debe haber una transferencia de calor desde la zona 3-4 hasta la 1-2 pero este proceso no se dio en 2015 especialmente porque el PDO frío que mantiene los vientos alisios del sur y las corrientes de Humboldt y Cromwell aflorando en las costas ecuatorianas y peruanas.. Todas estas características distintas a las que estábamos acostumbrados en los El Niño anteriores producen que este sea diferente, incluso tiene un nombre especial: Niño Modoki. Este Niño solo se da en el área 3-4. Aunque no haya aumentado la temperatura de todo el océano Pacífico ni haya habido fuertes lluvias hasta ahora (el 28 de diciembre de 2015), durante el 2016 habrá altas temperaturas en la atmósfera debido a los gases —CO2, metano— que se han liberado del Pacífico ecuatorial central. 

Entonces, repito, el Ecuador no vivirá El Niño, ese fenómeno que nació en este país y en el Perú y fue bautizado por los pescadores y campesinos costeños porque siempre llegaba en diciembre. Diciembre terminó y ese Niño no llegó. Como lo mencioné, el área 1-2 debió tener ciertas características oceanográficas y meteorológicas para que se desarrolle. Con esta información (ver tabla) podemos afirmar, de nuevo, que no hemos tenido Niño Costero, o sea en 1-2. Algo parecido ocurrió en 1917-1918, un periodo en el que también estábamos en un PDO frío. 

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Conceptualmente, el evento El Niño es la transferencia de calor que se acumula en Pacífico ecuatorial oeste-central hacia el Pacífico ecuatorial este. Es decir, no solo son las fuertes lluvias a las que hemos estado acostumbrados, esas solo son parte de las manifestaciones más visibles. Desde el punto de vista oceanográfico, se dice que se ha entrado a un evento El Niño cuando el calor llega a un pico que se da el último trimestre del año. Pero en 2015, este valor comenzó a aumentar a inicios del segundo trimestre y su pico fue la primera semana de noviembre. Desde esa fecha hasta ahora, ha disminuido de manera constante hasta el presente (>50%.) También hay que tomar en cuenta que en el océano hay una masa de agua subsuperficial con anomalías térmicas que está debajo de la masa caliente (más superficial), lo que provocaría aún más el decrecimiento de calor. Todas estas características nos permiten afirmar que no queda mucha energía que transferir a área Niño 1-2 (lo que permite que se dé el fenómeno como lo conocemos).

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https://www.cpc.ncep.noaa.gov/products/analysis_monitoring/enso_update/heat-last-year.gif

Existe otro índice que nos dice que no hubo ni habrá Niño en 1-2: la presencia de anchoveta al norte Perú durante todo 2015, y la  del morenillo y picudo en Ecuador. Eso, a su vez, corrobora la ausencia de lluvias, que incluso podría considerarse déficit de estas en la región costera. La menor afluencia de dorado igual y los desembarques de atún que fueron normales también lo corroboran. Otra evidencia es que la presencia de mareas rojas que suelen darse durante el Niño, especialmente en el Golfo de Guayaquil, no se reportaron en 2015. 

Otros factores que nos ayudan a mantener la hipótesis de que El Niño sigue muriendo, son los meteorológicos. El Southern Oscillation Index (SOI) determina las características meteorológicas del Pacífico y para que se dé un Niño en su máxima expresión debe tener niveles muy bajos (negativos). El SOI estuve a -15 hasta finales de octubre, en noviembre creció a -5 un nivel que está dentro de lo considerado neutro, que es entre -7 y 7. Es decir el SOI no fue ni será un factor que ayudará a que El Niño se desarrolle. Otro índice es el IOD (Indian Ocean Dipole) que también está desconectado desde noviembre. Adicionalmente, los vientos alisios del sur se han mantenido constante durante todo el año hasta la actualidad lo cual evita que aguas calientes de la Bahía de Panamá migren hacia nuestra costa. 

El Niño

Posicón del ZCIT (https://earth.nullschool.net/)

Entonces, el panorama se puede concluir al revisar que el PDO es frío, que la temperatura del agua no aumentó en diciembre, y al chequear el SOI, el IOD. Todo indica que El Niño está presente en el área 3-4 pero no en la 1-2 (frente a Ecuador y Perú). Por las condiciones mencionadas ya no debería haber aumento de anomalías (como muestra la figura 4), de lo contrario, la tendencia es a decrecer (la semana anterior decrecieron 0.4 C, de 2.5 a 2.1C) y al 30 de diciembre disminuyeron a 1.6C, es decir en 15 días ha disminuido prácticamente 1C, que es mucha energía, lo cual coincide con el pronóstico que hicieron la semana pasada los científicos de la NOAA (ver figura).

En otros lugares como California, Bangladesh, India y Australia no se han manifestado las condiciones esperadas ante un Niño, lo que corroboraría el Niño Modoki. Todo lo explicado sugiere una conclusión que no debemos pasar por algo: tendremos un invierno (no un Niño) quizá fuerte y que probablemente empiece la primera quincena de enero. 

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El océano, los niveles de pesquería, los índices meteorológicos, el PDO frío son indicadores que nos intentan decir algo que parece que muchos no quieren ver. Si la naturaleza pudiera hablarlos en el mismo lenguaje que los humanos, con todas estas evidencias nos diría: tranquilos que no hubo Niño pero prepárense que sí viene un invierno relativamente fuerte. 

Bajada

La mayoría de las predicciones del fenómeno climático no se cumplieron

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