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Fotografía de Agencia de Noticias ANDES bajo licencia CC  by 2.0. Sin cambios

En el último Campus Party de Quito —evento dedicado a la innovación, investigación, ciencia y tecnología— algunos asistentes decían que el encuentro había caído en desgracia. Era su último año en Ecuador (se terminaba el contrato de cinco años con la empresa que traía la franquicia) y la edición 2015 tuvo un alto grado de auspicio político: la Vicepresidencia del Ecuador, Superintendencia de Bancos, IEPI, CFN, PetroEcuador. Pero a pesar de esto, el Campus Party sigue siendo la mejor experiencia en tecnología del país: las innovaciones presentadas superaron cualquier intento de propaganda. Es todavía un espacio en el que las personas impulsan la democracia a través de la tecnología, lejos de las regulaciones y de las trabas legales ecuatorianas. 

La tecnología puede ser un factor de cambio social. En Venezuela, sus ciudadanos se valieron de la etiqueta de Twitter #SOSVenezuela para informar la realidad de su país en épocas de protestas de 2014 en contra del Gobierno de Nicolás Maduro y la censura en los medios. El Campus Party 2015 se trataba, justamente, de eso: muchas personas fomentando la democracia y libertad a través de herramientas tecnológicas, plataformas e ideologías libres en un país de regulaciones tan desproporcionadas como la que limita el uso de drones, exigiendo la contratación de un seguro de 4.000 dólares (por un aparato que cuesta 300 dólares), y además, restringe el tiempo y espacio podemos usarlo. Pero en el Campus Party se aprende cómo hacer tecnología a pesar de los límites y el control.

Dentro de Campus Party se da la oportunidad de hacer networking con muchas personas increíbles en las que su conversación giran entorno a tecnología, en mi caso pude  conversar con el colombiano Jaime Andres Restrepo —conocido como DragonJAR—. Es el creador de la más grande comunidad de seguridad informática habla hispana existente. Hablamos sobre la importancia de luchar por la transparencia de los datos. El gobierno del Ecuador no ha entregado toda la información respecto a temas sensibles del manejo de información y supervigilancia digital a los ciudadanos —como la contratación del software de Hacking Team, o los costos (contados en millones de dólares de fondos públicos) para censurar vídeos críticos con el régimen de Rafael Correa en Internet . 

Pero nuestro peor enemigo podemos ser nosotros mismos. Con frecuencia firmamos —sin saber— acuerdos en los que entregamos información sensible. El presidente de la Asociación de Software Libre del Ecuador (ASLE), Rafael Bonifaz, decía estar sorprendido sobre lo común que es que el usuario promedio está acostumbrado a usar herramientas privativas —software de código cerrado como Microsoft o Facebook— que controlan nuestra data sin que podamos hacer nada al respecto. Nos hacen creer que accedemos a un servicio gratis —como lo revela el documental Terms and Conditions May Apply pero estamos dando mucho más de lo que quisiéramos. Por ejemplo, se reveló en 2013 que Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, rastreaba la actividad de los usuarios que usaban la red social y permitía que la inteligencia estadounidense como FBI recaude esta información.  Por eso, cuando Bonifaz incentivaba en el Campus el uso de herramientas como la criptografía —en la que necesitas llaves de acceso para ver lo que estás comunicando.

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Uno de los productos presentados fue Democraciapatodos.com, una aplicación que promueve el activismo y la participación política de sus usuarios. Bajo la creación de foros o eventos ya sean políticos, sociales, acontecimientos en tiempo real, imprevistos y temas de interés común, todos los registrados pueden votar a favor y en contra de un hecho, y  dar su opinión,  en un tiempo determinado. Aunque aún siguen trabajando mucho en la interface y en el experiencia de usuario, la aplicación promete mucho, ya que se basa en la plataforma de DemocracyOS, un startup que forma parte de Y Combinator —la firma más grande del mundo para encontrar inversión y desarrollo de startups de las que salieron empresas como Dropbox, Airbnb, Heroku, Reddit—. Es una forma legítima de hacer democracia a través de la discusión ciudadana, algo que ya no pasa con mucha regularidad en la vida real. Saber que el Democracy As A Service es real —y poder participar en ella— es el primer paso a una democracia auténtica del siglo 21.

Al tener regulaciones, control de acceso y una vigilancia permanente del Estado y las grandes industrias, es difícil crear o proteger la información. Por eso, el conferencista Dédalo habló en el Campus Party 2015 sobre el uso de TOR Project, un navegador basado en web —como Chrome o Mozilla— en la que promueve el anonimato y la libre navegación. Esto funciona para que las  ISP —proveedores de internet como Claro, Netlife, TV Cable— no puedan tener acceso a nuestro historial de búsquedas y no puedan comerciar con nuestros datos. Algo que sí pasa con otros navegadores. Dédalo y Bonifaz tenían un solo objetivo objetivo: crear un usuario informado y cauteloso con su información. De eso se trata el Campus Party en todo lo que expone: armar a las personas de conocimiento.

Si nos unimos a esta ideología de crear, fomentar la discusión libre y compartirla, podemos entender realmente cuál es la nueva forma de hacer política, y cuál es nuestro deber civil. En esta nueva era del boom tecnológico debemos hacer política de una forma que se identifique y se adapte a nosotros: procesos libres, no centralizados, en los que uno mismo es mediador sobre lo que uno mismo apoya y defiende. No se puede negar que todos los rubros y áreas estén centrando su atención en investigación y tecnología con diferentes motivos: políticos, sociales, económicos. Pero hacer política y democracia de manera responsable es saber y aceptar a todos los jugadores dentro de la cancha por igual, y Campus Party es el evento ideal y por excelencia —no el único— para dar a conocer estas noticias.  

Bajada

Queda la esperanza de que líneas de código nos rescaten del abismo de la democracia