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Fotografía de Ministerio de CameliaTWU, bajo licencia creative commons BY-NC-SA 2.0. Sin cambios.  

Los guías de Galápagos estamos preocupados de que el Ministerio de Turismo apruebe un nuevo reglamento que va en contra de lo que las islas necesitan. Por las características únicas —tiene especies endémicas que no hay en otro lugar del mundo, su ecosistema es vulnerable, su población residente es limitada— Galápagos tiene un Régimen Especial, pero parece que el borrador del Reglamento Nacional de Guianza Turística lo ha olvidado. 

En teoría, todas las leyes, normas, resoluciones de las islas, deben ser acordes a la Ley Especial de Galápagos (Loreg), que fue publicada en junio de 2015 y fue (y sigue siendo) cuestionada y rechazada por la comunidad y, en especial, por el gremio turístico. Este nuevo reglamento de guianza, ni siquiera se enmarca en esta reciente Ley, más bien la contradice y surgen conflictos de competencias: según la Loreg, el Ministerio de Ambiente (MAE) regula las actividades en las islas; según el reglamento, el Ministerio de Turismo (Mintur) las controlará. El trabajo de guía está mucho más vinculado a la parte ambiental, a la naturaleza y conservación y por eso es más lógico que sigamos bajo el control del MAE. Este cambio de competencias se ha dado porque parte del Plan Nacional de Turismo —para todo el Ecuador— es fortalecer este sector en el archipiélago. 

La mayor amenaza de este Reglamento, sin embargo, es que cualquier persona —sin importar la nacionalidad— podría acceder a la categoría de guía nacional y especializarse para ser guía en Galápagos sin ninguna restricción. Hasta ahora, bajo el reglamento anterior, la guía en las islas estaba reservada solo para residentes permanentes. El problema de abrir las puertas para que cualquiera sea guía es que la migración a Galápagos aumentaría aún más y así, se pondría más presión sobre los recursos y empeorarían los problemas existentes: no tenemos agua dulce constante ni sistema de tratamiento de aguas, importamos la mayoría de alimentos e insumos que no podemos producir o conseguir aquí, tenemos un área limitada para desarrollo agrícola y urbano, la población local tiene la tasa de crecimiento más alta del país, tenemos un desarrollo desordenado de las urbes, no hay educación superior de calidad. No suena lógico traer a más gente de fuera cuando aquí sobran las personas que pueden preparase y dedicarse a esta actividad. Creo que si entra gente mejor formada, con más calificaciones, nunca tendrá los mismos intereses que los residentes porque no entenderá ni la mitad de lo que significa vivir aquí, con todas sus limitaciones. El ingreso de nuevos profesionales también podría aumentar la rotación de personal, y afectaría a la baja de los sueldos, por lo que habría más desigualdad de condiciones laborales para los residentes. El nuevo reglamento se olvida de esos detalles. 

Desde hace varios años, los guías en el archipiélago hemos trabajado en conjunto con autoridades y sector turístico —MAE, Parque Nacional Galápagos, Ministerio de Turismo y Operadores de Turismo— en un borrador de Reglamento de Guías Naturalistas de Galápagos, donde se recogían las observaciones y particularidades de esta actividad sui generis en un área tan sensible como Galápagos. Pero todo el esfuerzo y las recomendaciones recogidas en tantas reuniones no fueron tomadas en cuenta en el borrador final.

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A partir del 2008, los guías hemos estado regulados bajo el Reglamento de Guías Naturalistas para Áreas Protegidas, bajo el Ministerio de Ambiente. Con este nuevo borrador propuesto por Mintur, seremos regulados por un Reglamento Nacional de Guianza, bajo el Ministerio de Turismo. Este, más que considerar, regular y normar la actividad de los guías en Galápagos, establece trabas, como por ejemplo clasificarnos como guías nacionales. De acuerdo a esta nueva etiqueta, los guías naturalistas de Galápagos pasaríamos a ser Guías Nacionales Especializados en Patrimonio Turístico Natural pero para ello, primero deberíamos acreditarnos como Guías Nacionales de Turismo —como requisito se requiere un título profesional mínimo de nivel técnico superior, más un idioma extranjero—, luego acreditarnos como Guías Nacionales de Turismo de Patrimonio Natural, y finalmente obtener la certificación de competencia laboral en Galápagos. Más trámites y obstáculos para un gremio que ya los tenía: actualmente los guías no estamos considerados como profesionales, tenemos que obtener varias certificaciones y licencias para laborar no solo como guías sino también como tripulantes de embarcaciones, no estamos debidamente protegidos en el Código Laboral, y existen una serie de sanciones para ejercer nuestra actividad.

Un gran porcentaje de nosotros somos residentes permanentes de Galápagos: vivimos aquí, trabajamos aquí, tenemos nuestra familia aquí y conocemos a fondo las islas con profunda y  evidente identidad con el medio natural y la estructura de Galápagos. No necesitamos ser guías nacionales para ser guías naturalistas de Galápagos, esto debería ser facultativo, no obligatorio. Nuestra formación—que incluye cursos de actualización de conocimientos cada dos años— abarca una serie de conocimientos generales sobre el país, desde geografía, historia, áreas protegidas y por supuesto temas específicos de nuestra área —Galápagos— que es un tema de estudio bastante extenso y complejo, por ser un ecosistema en continuo cambio: alto grado de endemismo, flora y fauna específicas, corrientes marinas complejas, geología única, especies introducidas, historia humana singular, impactos ambientales y desarrollo humano en un área protegida.

En vez de traer guías de afuera, se debería mejorar la calidad de la enseñanza aquí. Los jóvenes galapagueños necesitan mejores oportunidades de educación in situ, a nivel escolar y universitario. Una formación que les permita tener competitividad para ser parte dinámica y comprometida con la conservación y desarrollo sostenible del área. Eso solo se puede conseguir si se les da las herramientas necesarias en su medio: universidades o institutos donde puedan formarse no solo como guías naturalistas sino también en otras profesiones necesarias como en  ciencia, conservación, manejo de recursos, turismo y ramas afines como hotelería, gastronomía. Casi toda la actividad aquí gira en torno al turismo, la ciencia y a la conservación, y la mayoría de los jóvenes nacidos en las islas, no saldrán, harán su vida aquí con sus familias y serán parte fundamental en la toma de decisiones sobre el futuro de Galápagos.

Este Reglamento Nacional es un documento que va en contra de lo que, como guías, consideramos sustentable con la comunidad —equilibrio entre capital humano y protección al medio ambiente— porque fomenta la importación de capital humano a las islas en lugar de incentivar la capacitación y educación de la comunidad local que tanto lo necesita. El traer gente capacitada de fuera no es la solución ideal para elevar la calidad de guianza en Galápagos, como lo manifestó el Viceministro de Gestión Turística, David Parra. Lo ideal es mejorar lo existente: identificar las falencias actuales, corregirlas  y ser proactivos y responsables con la comunidad. 

Para reclamar nuestro desacuerdo con el Reglamento, los guías hicimos una revisión legal exhaustiva y presentamos nuestra respuesta. En la carta pedimos que este reglamento no sea aplicado en Galápagos y pedimos contar con uno específico para Guías Naturalistas de Galápagos, que se ajuste a la normativa vigente pero sobre todo a una necesidad vital: que la gente local cuente con mayores oportunidades para educarse, capacitarse para competir y formar parte de un engranaje que permita el desarrollo ordenado y sustentable de las islas.

Los guías naturalistas de Galápagos, como actores fundamentales en el desarrollo social y económico de Galápagos y en especial como custodios de este Patrimonio Natural de la Humanidad, esperamos contar con  una respuesta positiva, pero sobre todo sensible, por parte de la autoridades. El ministerio de Ambiente ya ha respondido de manera positiva nuestro oficio (incluir el documento). Necesitamos que este reglamento no se apruebe como está y no se repita el mismo error que se cometió con la nueva Loreg: una ley con una lógica continental para un archipiélago con características únicas en el planeta. 

Bajada

Un nuevo reglamento para los guías de las islas podría poner en riesgo el equilibrio del archipiélago