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El video que circuló en redes sociales la semana pasada sobre un triángulo amoroso entre políticos quiteños evidenció que el slut shaming es una práctica vigente en Ecuador. Tildar “de puta” es un estigma social que se aplica, por lo general, a mujeres que rompen los esquemas tradicionales del comportamiento que la sociedad espera de ellas. Se usa para  justificar una acción violatoria de derechos: dicho en otras palabras, todo lo que te pasa es tu culpa, por puta. Aunque el término se aplica al campo de la sexualidad, se extiende a espacios que tradicionalmente han estado reservados para los hombres, como la política.

El presidente Rafael Correa nos mostró que ese comportamiento aún existe entre los ecuatorianos. En la sabatina del 5 de septiembre del 2015, habló de Manuela Picq —la periodista francobrasileña que fue detenida violentamente en las protestas indígenas— dijo que es:

«una mujer muy bella pero muy inmadura que le encantaba ser el centro de atracción, vivía en Miami, tenía un novio gringo y nunca fue ni indigenista, ni izquierdista ni peor periodista… Ahí sale riéndose, la gran travesura. Si ustedes quieren un Presidente que permita que una extranjera con visa cultural, venga insulte, tire piedras a nuestros policías, búsquense otro presidente, este presidente va a hacer respetar a nuestros policías y a nuestro país, compañeros»..

En los intersticios de las palabras de Correa hay mucho más que lo apenas literal. Afirmó —como si su sola palabra fuera suficiente— que Picq actuó violentamente, a pesar de que la evidencia y el propio parte policial lo contradicen. No dijo nada sobre la violencia con la que actuó la Policía, ni sobre el video que desmiente al parte, ni sobre el informe con el que —sin motivación alguna— le cancelaron la visa. Correa se limitó a decirnos que, en definitiva, Picq se lo merecía. Por hermosa pero inmadura. 

Y como se lo merecía, no importa que haya sido detenida de forma arbitraria. Tampoco importa que haya estado encerrada en el “hotel Carrión” en espera de su audiencia, ni que se haya forjado el parte. Lo más grave: no importa que la jueza que dictó la sentencia que negaba la extradición, violó la Constitución al elevar en consulta una resolución judicial al Ejecutivo, porque así se lo sugirió el Ministro del Interior. 

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En el Ecuador, el slut shamming permea también a otras instancias públicas. Un estudio realizado para la Defensoría del Pueblo sobre personas desaparecidas en el Ecuador, reveló la forma en que se abordaban los casos de mujeres. Las respuestas de las entidades de búsqueda responsabilizaban a la víctima: “Seguro se fue con el novio”, “Debe estar embarazada”, “Está de fiesta”. Eso les decían a familiares desesperados que aún buscan a sus seres queridos. La Corte Interamericana de Derechos Humanos también recogió testimonios desgarradores de cómo las víctimas de desaparición fueron estigmatizadas en el caso González y otras vs. México —donde tres mujeres desaparecieron, en momentos diferentes, en Ciudad Juárez, México, y luego fueron encontradas asesinadas en un campo algodonero—.  En 2011, el policía Michael Sanguinetti recomendó en una charla de seguridad personal en una universidad canadiense que las mujeres no se vistiesen “como zorras para evitar ser atacadas sexualmente”. Su afirmación generó la mayor respuesta a un caso de slut shamming del mundo: la marcha de las putas, un movimiento que se ha extendido por el mundo. En Argentina dos jueces redujeron la condena a un violador de un niño de seis años. El argumento utilizado fue: “No puede ser ultrajado un niño que está acostumbrado a ser ultrajado en su casa y que está habituado a la sexualidad y que tiene una orientación homosexual”. Estigmatizar a la víctima puede pasar de lo absurdo a lo abominable. 

La lógica detrás del slut shaming puesta en escena: la irrelevancia de la belleza y la inmadurez, el novio gringo y la ida en Miami para justificar el atropello de derechos. El comentario de Correa sobre Manuela Picq no puede ser obviado. Parecería que el Presidente está dispuesto a tolerar la violación de derechos en ciertos casos. Lo dice el mismo funcionario público que  afirmó que nadie puede estar sobre la ley, a propósito de enjuiciar a las personas detenidas tras el paro nacional que inició el 13 de agosto de 2015. En cambio, al Presidente parece que al margen de la ley sí se puede dejar a cierta gente, por “bella e inmadura”.  Sí, Manuela se lo merece, la culpa es de la víctima. O, como en el triste video del concejal quiteño, de la ofrecida. 

Bajada

¿Qué le importa al presidente Correa si Manuela Picq es bella, inmadura y tuvo un novio gringo?