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Todo está oscuro, de un negro categórico y potente. Los sonidos de chorros de agua y aves nocturnas poseen el espacio. El infinito ruido de los grillos rellena esa penumbra espesa y desesperante. Es difícil palpar o imaginarse cómo es el lugar en que esta obra tomará vida. ¿Será una especie de anfiteatro? ¿O una circunferencia sin salida? Lo único que nos guía es nuestro oído. Olvídense de los colores y de lo que la vista puede percibir: El Corazón Delator es una obra donde el olfato, el oído y el tacto se despiertan para sentir a Edgar Allan Poe sobre las tablas del escenario. Es una puesta en escena que nos saca de nuestra zona de confort, que empieza por los ojos.

Desde que ingresamos al Centro de Arte Contemporáneo (CAC) los integrantes del colectivo Confundamiento nos separan de nuestros acompañantes para que no nos sintamos tan seguros. Luego, el aroma del incienso –un olor que nos acompaña hasta el final– nos obliga a sentir de una forma distinta. Cuando se apaga la luz por completo hay dos posibilidades: sumergirse en la oscuridad infinita o imaginarlo todo. El Corazón Delator es un relato oscuro escrito por Poe en el género siniestro que lo inmortalizó. Y para una obra de terror, un antiguo Hospital Militar –donde funciona el CAC– es el escenario perfecto.

En esta obra, el personaje principal mata a un anciano porque no soporta ver su ojo de vidrio. La obra arranca con una introducción auditiva del personaje principal. Comienza a gritar y a reírse de forma demoníaca. El público no solo ingresa en la penumbra física sino que los actores nos obligan a transitar en la locura del personaje. Advierte que los asistentes no son más que sus instrumentos, que están dentro de su cabeza, que somos suyos. Quienes asistimos solo veremos lo que él quiere que veamos, cuando él lo desee. El resto del tiempo, vivimos en oscuridad.

Nuestra imaginación está subyugada, al igual que nuestros sentidos. Durante la obra, varios sonidos y olores se encargan de avivarlos: una tetera que no se apaga, canguil recién hecho que nos hace salivar, pisadas inesperadas nos mantienen alerta, voces que vienen de diferentes partes del escenario, y la sensación de que en cualquier momento alguien se nos va a acercar.  El director de la obra, Julián Coraggio, explica que en cada función cambian los elementos con el propósito de despertar los sentidos. De esta forma, si alguien se anima a repetir la obra, cada experiencia es única.

Los puestos se dividen en “sillas inmersas” (dentro de la obra), “flotantes” (en donde los pies cuelgan de la silla) y “general” (en sillas o en el piso). Las locaciones modifican la percepción de la obra y a cada uno le llegan diferentes estímulos creados por los actores, pues para ellos no es tan difícil moverse en la oscuridad. Coraggio cuenta que realizaron ejercicios a ciegas por un mes para dominar la penumbra absoluta, para que agudicen los demás sentidos y para que pierdan el miedo de caerse.

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Este proyecto experimental busca salirse de la normalidad, entendida como lo que estamos acostumbrados a hacer todos los días. El director considera que al no hallar un sentido claro de lo que está pasando, el “espectador” se deja llevar. De ahí viene también el nombre del colectivo Confundamiento porque a partir de esa confusión producida por la ausencia de la vista, viene la experimentación de los hechos desde otras perspectivas. Es dejar ir lo racional para recuperar lo sensorial.

Ahí, inmersa desde las sillas de “general” me enfrento esa nueva percepción en medio de la oscuridad. No solo la física, sino la oscuridad personal, la mía. Qué densa la penumbra que nos habita, nos infiltra, nos vuelve conscientes de latidos, respiraciones, músculos. Ver, de alguna forma, nos enceguece ante otros procesos de nuestro cuerpo. Dependemos demasiado de este sentido. Qué poderosa la voz del actor que nos confunde y nos guía en una historia donde la muerte se fusiona con la vida, la obsesión se torna en amor, las voces y los sonidos inundan los rincones más escondidos de nuestra mente. El teatro a ciegas delata que siempre hay algo más que necesitamos ver.

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“El corazón delator” tendrá una segunda temporada, que arrancará el próximo 10 de abril en el Itchimbia.

Bajada

Apaga la luz, que comience la función