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El bloqueo norteamericano le ha costado a Cuba más de un billón de dólares –a trillion, dirían los gringos–. Suficiente como para mantener al estado ecuatoriano durante treinta años, al costo actual de su presupuesto general. Por eso, me sorprende que cuando se habla del recién anunciado restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos, se lo haga en términos de ‘acercamiento’ de dos países, como si se tratara de negociaciones en condiciones de igualdad, cuando ha sido uno de ellos (EEUU) el que ha mantenido al otro (Cuba) en un ostracismo que sólo puede calificarse de brutal y carnicero. Referirse al bloqueo como un simple embargo es, entonces, una equivocada simplificación de lo que podría ser uno de los estados de sitio forzados más largo en la historia de la humanidad.

Porque Cuba vive en guerra y ha vivido en guerra desde hace más de cincuenta años. Porque la guerra no solo se trata de lanzar bombas ni enviar soldados al frente. Guerra es no permitir que un país sin vecinos geográficos comercie ni compre productos, al punto de no tener siquiera un intercambio regular de medicinas o alimentos, o que barcos que hayan negociado con la isla no puedan atracar ni siquiera por combustible en costas norteamericanas durante meses. La economía cubana es y sigue siendo una economía de guerra, de resistencia. Y a pesar de eso, es un país en el que no existe analfabetismo, en el que la cobertura de medicina y educación es absoluta, donde prácticamente no existe la delincuencia común, un país que está a la vanguardia de la lucha mundial contra las enfermedades tropicales, cuyas misiones humanitarias han alcanzado más de ochenta países, donde la mortalidad infantil tiene cifras tan bajas como las de la Europa nórdica, y que sigue siendo una potencia cultural y deportiva a nivel mundial.

Cuba y su revolución se merecen una defensa posmoderna, alejada de los discursos de los comunistas tradicionales (porque no me considero un comunista tradicional) y de la reduccionista y simplificadora dualidad que viene siempre atada al tema. Pero si entendemos el alcance real del bloqueo que sigue manteniéndose a través de la Ley del Ajuste Cubano, y las leyes Torricelli y Helms-Burton y su brutal dimensión, si entendemos todo lo logrado a pesar de todo lo que han tenido que superar, tenemos que llegar a la conclusión de que Cuba es uno de los países más exitosos y eficientes del mundo. Pueden reírse de mí, pero es cierto. Los críticos hablan de la isla con argumentos planos y simplistas. La señalan sinónimo de pobreza o antónimo de libertad. Para defender a Cuba hay que destruir esos mitos.

 

1.- Cuba es una dictadura

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Cuba no es una dictadura. Ni las elecciones ni el pluripartidismo constituyen en sí una democracia, que en su definición más básica es el ‘gobierno del pueblo’. Cuba es una democracia con un presidente que es Raúl Castro, en Cuba gobierna el pueblo a través de sus representantes que son elegidos primero a través de los comités de defensa de revolución, que son las células primigenias de organización barrial. Esos representantes pasan a las asambleas municipales de poder popular en dos instancias en las que deben obtener un apoyo de más del cincuenta por ciento de sus representados, es decir mayoría absoluta para luego llegar hasta la Asamblea Nacional. Es decir que a cada instancia acuden los representantes directos de los diversos sectores de la sociedad.

Si tomamos en cuenta el argumento inicial de que Cuba vive una situación constante de amenaza y guerra durante más de medio siglo podremos entender que se haya elegido a Fidel Castro como presidente de la República, presidente del Consejo de Estado y de Ministros y presidente de la Asamblea Nacional, ya que la continuidad de la figura del Comandante era esencial en términos militares y estratégicos.

Esa idea de que la democracia se da sólo a través de elecciones directas es en la que se escudan las críticas más acérrimas y facilistas hacia la Revolución. Sobre todo desde EEUU, que sigue manteniendo relaciones de comercio con China y Vietnam, países que eligen a sus representantes de manera similar a la cubana. EEUU mantiene relaciones bilaterales estrechísimas con países abiertamente antidemocráticos como Arabia Saudita, donde las mujeres no pueden conducir automóviles, y donde se ejecuta a más de ochenta personas al año por crímenes que incluyen blasfemia y brujería.

 

2.- Todos los cubanos se quieren ir

No es verdad, no todos los cubanos se quieren ir. Es más, ya pasó en 1980 durante la crisis del Mariel, Fidel Castro dejó que se fueran los que querían y se fue el 1,2% de la población. Luego de la crisis financiera de 1999-2000 se fue el 7,3% de la población del Ecuador.

 Acá habría que hacer un hincapié importantísimo: La Ley de Ajuste Cubano –que sigue vigente– indica que todo ciudadano cubano que ponga un pie en EEUU tiene derecho a quedarse, a recibir la residencia y permiso de trabajo de manera inmediata. Ese sí es un privilegio que no se le da a ninguna otra nacionalidad, y tiene por único objetivo seguir atrayendo a la gente que se arriesgue a cruzar el estrecho de la Florida en balsa. Lo cual me lleva al siguiente punto: ¿Por qué los cubanos arriesgan la vida en balsa? La respuesta es una combinación de la Ley del Ajuste Cubano con la realidad geográfica: la gente se lanza en balsa porque está cerca. La perversidad de la vigencia de esa ley es la que lleva a cubanos a arriesgar su vida en balsa o cruzando el desierto pagando a coyoteros.

Imaginemos por un momento que los EEUU dijese que todo ecuatoriano que pise territorio norteamericano se podría quedar. Sumemos a eso que, de repente, la Florida quedase a noventa millas náuticas de Guayaquil: Nebot tendría que poner torres con ametralladoras en el Malecón 2000 para que media ciudad no se lance en balsa.

 

3.- Cuba es un país pobre

En los ochenta, Cuba se mantenía saludable pese al bloqueo gracias a que recibía casi todos sus productos del bloque socialista de Europa del Este. Cuando cayó el Muro de Berlín, la isla tuvo que enfrentarse a la verdadera economía de guerra y aislamiento. Durante años, escasearon productos de primera necesidad y los recursos debieron encaminarse hacia lo primordial, dejando de lado lo suntuario. Esta situación o “período especial” causó que, por ejemplo, no pueda darse mantenimiento a las fachadas de los edificios del centro de La Habana, lo que ha sido utilizado de manera engañosa como símbolo del decaimiento del sistema, nada más alejado de la realidad. Sí, hay resultados obvios y apreciables de las sanciones económicas, pero en Cuba no existe la miseria. No hay señoras con niños que buscan en la basura, no hay casas de cartón, no hay desnutrición ni mendicidad. Se puede ver más pobreza en un recorrido corto por los sectores perimetrales de Guayaquil o Quito.

 

4.- En Cuba no hay libertad

¿Libertad de qué? Los ciudadanos cubanos nacen con algo que en Ecuador recién empieza a existir de a poco: la posibilidad de dedicarse a lo que quieran y explorar su potencial a través de la educación y el esfuerzo sin importar su origen.

Cuando se habla de libertad en Cuba las críticas se refieren principalmente a la libertad de expresión, con respecto a eso sería importante recalcar que existen ejemplos de todo tipo de artistas que a través de su música expresan su desaprobación de los aspectos de la revolución con los cuales no están de acuerdo, sin que por eso exista persecución ni censura. También es importante decir que existe cada vez mayor apertura para la filiación religiosa y para la compra de inmuebles y que, a pesar de que existe la pena de muerte, esta no se ha aplicado desde 1989.

 

5.- Si todo es tan lindo, ándate a vivir a Cuba

Falacia. La Revolución Cubana es cubana. El modelo no tiene por qué necesariamente funcionar en otra parte o en otra época. Un objetivo serio podría ser el de tratar que la sociedad ecuatoriana sea tan incluyente e igualitaria como la cubana, lo cual no equivaldría a decir que Ecuador debería ser como Cuba.

 

6.- La Revolución es un experimento fallido

El sistema se ha mantenido hasta ahora sin colapsar a pesar de la situación de guerra. Si el bloqueo efectivamente se acabara en 2015, podríamos ver –por primera vez– el funcionamiento de la revolución sin la carga miserable del aislamiento económico.

 

7.- Cuba es un país machista que no respeta a las minorías sexuales

En Cuba existieron campos de confinamiento para homosexuales, en los sesentas, pero a partir de esa época la situación de las minorías sexuales ha cambiado mucho. A pesar de que hay avances, es un país machista, como todos los países latinoamericanos. Y en algunos casos, lo es menos. Mariela Castro, hija de Raúl Castro, dirige el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) y lidera los esfuerzos de los grupos GLBTI en la isla. Además, una de las mayores preocupaciones de Fidel Castro sobre el futuro de la economía mundial es la alimentación, que puede ser afectada directamente por la sobrepoblación, por lo que en Cuba el aborto es totalmente legal, lo considera un asunto de salud pública. Una chica puede acudir a un centro de salud, decidir sobre su cuerpo y recibir la ayuda psicológica y médica que necesite. En Ecuador fue ilegal ser homosexual hasta 1997 y las mujeres siguen muriendo como consecuencia de la legislación católicocentrista que dicta las políticas sobre el aborto.

 

8.- En Cuba se atenta contra los derechos humanos

Desgraciadamente eso es verdad: en una parte de la Isla que es la base Norteamericana de Guantánamo, en donde el Gobierno de los Estados Unidos mantiene 166 detenidos acusados de terrorismo, que han sufrido muchos de los peores vejámenes de la historia moderna. Ochenta y seis de ellos ya fueron incluso declarados libres de todo cargo y siguen ahí, algunos desde hace más de diez años. En Cuba, la tortura es ilegal.

 

* * *

El eslogan original de la Revolución ha cambiado. Solía ser “Hacer el socialismo para alcanzar el comunismo” –aunque afuera se conozca mejor el más pegador “Socialismo o Muerte”–, y ahora es “Mantener los avances de la Revolución”. El segundo eslogan es hoy más importante que nunca, pues a través de nuevos tipos de intervencionismo se tratará de socavar lo logrado. Vivimos momentos en que la doctrina del shock o golpes de estado suaves siguen siendo aplicados a rajatabla a través de recetas que ya funcionaron en Chile en 1973 y en Irak en 2003, y se encuentran en plena vigencia tanto en Venezuela como en Ucrania. Si esos logros ocurrieron en tiempos de guerra, deberíamos esperar mucho más en tiempos de integración. Por ello, una verdadera defensa posmoderna de la Revolución debe darse en el contexto de separar a Cuba del resto del eje sociopolítico al que ha estado históricamente ligada.

Cuba no es Rusia, no es Venezuela, no es Corea del Norte ni Vietnam. Es hora ya de que el bloqueo se termine, y una Cuba digna y soberana le enseñe al mundo que hacer la Revolución siempre valdrá la pena.

Bajada

Porque si hay un momento clave para defenderla, es ahora