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¿Por qué es tan fácil crucificar sin pruebas a un jugador?

A David Beckham, una tarjeta roja lo persiguió por meses. Su expulsión en octavos de final de Francia ’98 le puso las cosas cuesta arriba a Inglaterra. Eran los octavos de final, y su selección perdió en penales contra Argentina. Los diarios ingleses lo llamaron “idiota” y “niño tonto”. Beckham era odiado por su gente por una tarjeta que en el mundial francés se mostró una vez cada tres partidos. Hoy le pasa lo mismo a Alex Bolaños, volante de contención de Barcelona, expulsado en la final del campeonato ecuatoriano de fútbol contra Emelec. A Bolaños le echaron la culpa de la derrota por 3-0. Dicen que se vendió, que la dirigencia de Emelec le pagó para hacerse echar. Hinchas, dirigentes y periodistas lo señalan en redes sociales. A él, y no a la inferioridad de un equipo que depende demasiado de las individualidades de su delantero. Bolaños es como un chivo expiatorio que sufre por los instintos primarios de una sociedad volátil que ha depositado su identidad y su orgullo en un grupo de atletas.

La mecha de las especulaciones la prendió el propio presidente de Barcelona, Antonio Noboa. El directivo lanzó un tuit al final del partido donde decía que “es claro que un jugador dañó la fiesta”. Ahí mismo, anunciaba que el jugador había sido separado de la institución. Según el ex jugador Edwin Tenorio, vicepresidente de la Asociación de Futbolistas del Ecuador, Noboa y su hermano Luis, vicepresidente del club, habían bajado al camerino para increpar a Bolaños e insinuarle un supuesto soborno para sabotear los intereses del club amarillo en la final. La información se regó, y una hinchada dolida tomó por buena la suspicacia. Ningún dirigente o periodista ha asegurado que Bolaños se vendió. Porque no hay pruebas. Todo se mueve en el terreno de la especulación, que dispara la indignación de los hinchas. Xavier Coello Beseke, periodista radial, escribió en Twitter: “Celebro la decisión de @tononoboa. Mi papa lo hizo en 1972 con Miguel Pérez cuando Barcelona ganaba 3-1 y Nacional le empató y perdió título… Al año siguiente, Miguel Pérez jugó en El Nacional”.

El tribalismo que ahora sufrimos como problema social –sobre todo en casos de fanatismo y nacionalismo– fue fundamental para la supervivencia del Homo Sapiens sobre el Homo Neanderthalis. La homofobia, el racismo, el bullying y otras taras están relacionadas con nuestro circuito de instintos primarios. Es decir que cuando el sentido de pertenencia nos lleva como hinchada a lanzar acusaciones sin fundamentos, Nos estamos comportando como homínidos primarios. En otras palabras, estamos siendo solo un poco mejores que neandertales.

 

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Álex Bolaños no es ajeno a los escándalos. Su carrera ha sido una montaña rusa de glorias y caídas. Pero siempre ha regresado por su revancha. Estuvo preso por un accidente de tránsito que dejó un muerto, pero regresó a las canchas para quedar campeón de la Copa Sudamericana con Liga de Quito en 2009 y en 2011 alzó otro título, el campeonato ecuatoriano con Deportivo Quito. Ahora, volvió a caer cuando se pegó su Beckhamada con dos faltas irresponsables sobre su hermano Miller en este Clásico del Astillero que definía al campeón de 2014. Pero lo peor que se puede decir de Bolaños es que cometió una estupidez que dejó a su equipo con uno menos durante ochenta minutos. No hay pruebas para nada más. La hinchada Barcelonista lo ha crucificado por una teoría de la conspiración poco elaborada, a partir de la paranoia de su presidente.