ilustracion.jpg

El PSC y Alianza País se toman de las manos

“dentro del panorama latinoamericano, en este tercer mundo con el que acabaremos un día, a nadie puede extrañarle demasiado este [texto] sin moraleja”

J. Cortázar

Primer acto.

Primera escena.

Agosto del 2009. Roberto Cuero se convierte en el primer Gobernador negro de la provincia del Guayas. Cuero, esmeraldeño de nacimiento, creció y estudió en Guayaquil. En octubre del 2009, dos meses después de haber sido designado, Cuero escribió un comunicado público con un mensaje claro: el alcalde Nebot no quería hablar ni reunirse con él. 

PUBLICIDAD

Un gobernador, como representante político del Presidente de la República, ocupa un rol mayor en la provincia y sus atribuciones van desde velar el cumplimiento de leyes o decretos hasta supervisar la actividad de los órganos de la administración pública central e institucional. Pero como Nebot no quiso reunirse, designó a una funcionaria departamental para que se contactara con el gobernador y respondiera a sus inquietudes “sobre seguridad ciudadana y comercio autónomo”. 

Dicha funcionaria era negra. Para Cuero, “el mensaje (de Nebot) fue claro: ustedes solo pueden hablar entre negros”. José Chalá, presidente ejecutivo de la Corporación de Desarrollo Afroecuatoriano (CODAE), tuvo una opinión similar: “el Alcalde de Guayaquil dice: ‘Yo no hablo con Roberto Cuero; yo tengo ahí una funcionaria que trabaja conmigo, Ruth Chalá; que hablen Ruth Chalá y Roberto Cuero’. ¿Qué significa eso? Significa un acto violento de racismo; en otras palabras lo que está diciendo es: ‘Allá que hablen entre negros”.

El comunicado argüía un segundo motivo por el cual se rechazó toda petición de reunión: que Cuero “no es guayaquileño y por aquella razón no entiende a los guayaquileños”. Los requisitos para ser gobernador son “ser ecuatoriano de nacimiento (…) y ser mayor de veinticinco años, ser natural de la provincia o estar domiciliado en ella por lo menos durante cinco años”. Cuero claramente cumplía con dicha disposición.

Segunda escena.

Febrero del 2014. Campaña por la alcaldía de Guayaquil. Nebot habló sobre la candidata de Alianza País, Viviana Bonilla. Sostuvo que “no es un concurso para reina de Guayaquil. Eso se acabó hace meses. Este es un concurso para ser alcalde de Guayaquil”. En otra declaración, Nebot elevó más su tono y dijo que Correa propone “candidatos con jeques” para que se sometan a lo que él ordene, y subrayó en referencia a su contrincante Bonilla: “[si el presidente ordena] ¡haga tal cosa con el puerto!, se hace tal cosa con el puerto; [si el presidente ordena] ¡bájese los pantalones!, se baja los pantalones”.

Segundo acto.

Primera escena.

Diciembre del 2011. Último enlace ciudadano del año. Correa dijo: “Yo no sé si la equidad de género mejora la democracia, lo que sí es seguro es que la farra ha mejorado impresionantemente (…) ¡Qué asambleístas que tenemos! guapísimas, ah; Corcho, hay que aumentarles el sueldo porque no tuvieron plata para comprar suficiente tela y todas [andan] con unas minifaldas, Dios mío (risas). Yo ni me fijo en esas cosas, me contaron; me contaron [de]  unas piernas y unas minifaldas impresionantes, guapísimas las asambleístas”.

Segunda escena.

Diciembre del 2014. Doménica Tabacchi, vicealcaldesa de Guayaquil, en homenaje a Pepe Mujica en la sede de UNASUR, afirma: “seis balazos y quince años de prisión no mataron el espíritu luchador de Mujica, ni tampoco lo convirtieron en un hombre de revanchas (…) [es] un hombre que guarda sindéresis entre lo que dice y lo que hace; [es] un ejemplo de sencillez y solidaridad desde el poder; un presidente que desde ese poder buscó la justicia social y no el ajusticiamiento popular”. 

En respuesta, el 6 de diciembre del 2014, durante el enlace ciudadano número 401, Correa la reprendió: “Esta señora va a lanzar sus pullas, a tratar de separarnos entre izquierda buena, izquierda mala (…) Me da hasta risa, porque ustedes conocen a esta señora guapa, rubia, de ojos claros, nombre extranjero, pero hablando en nombre de los guayaquileños, la auténtica guayaquileña (…) el tipo guayaquileño, precisamente, no es”.

Para Nebot, Correa fue intolerante. Y dijo: “estamos en Navidad, esta es una época en la que todos debemos rezar para que Dios destierre la amargura e intolerancia”. 

PUBLICIDAD

El Presidente nunca se queda callado. El 13 de diciembre del 2014, afirmó durante el enlace ciudadano número 402: “si yo le digo coloradita a una, ¡ay discriminaron por coloradita! Qué bueno que ahora se discrimine por coloradita porque antes nos discriminaban por negritos”.

Tempestades a modo cierre

I

La política procede por identificación. Se trata de movilizar símbolos y palabras para que el electorado se identifique y se adhiera. El botín y el campo de guerra de la política es el lenguaje. Una de las palabras que se intenta conquistar es “guayaquileñidad”. Para Nebot, Cuero no podía ser guayaquileño a pesar de haber crecido en la urbe; para él, Cuero es y será esmeraldeño, incapaz de otra identidad y por eso se le designó para el diálogo una funcionaria municipal de su misma raza. La política usualmente parte de conceptos poco complejizados de lo que se entiende por cultura e identidad. El poder político tiene preferencia por conceptos de identidad y cultura fijos, “puros”, homogéneos, no problematizados, en los que el listado de lo que es o no guayaquileño es claro, sin mayores hibridaciones o no sujeto a cambios a través del tiempo.

Correa utiliza los conceptos de forma similar: Cuero es tan guayaquileño como cualquier otro, y por eso lo nombró en su momento para el cargo de gobernador; pero Tabacchi no cumple con los requisitos aunque nació en Guayaquil. Tabacchi, rubia, ojos verdes y de posición socioeconómica privilegiada, es también incapaz de otra identidad, sin asumir el contexto histórico de mestizaje latinoamericano. Incapaces de complejizar y diversificar su noción de identidad, Cuero y Tabacchi son para Nebot y Correa incapaces de representar a otros fuera de su círculo, aunque alguno ocupe un cargo luego de haber sido elegido por la población guayaquileña. 

II

En el campo de guerra de la política todo está permitido. Para el razonamiento robusto está la academia. Para las falacias, la política. Es fácil convenir en que Correa y Nebot se equivocan porque los rasgos étnicos o la pertenencia a una clase social no se traducen en incapacidad para representar a alguien distinto; más aun cuando Guayaquil es una ciudad que ha crecido, en gran medida, producto de migración interna y por eso en ella conviven y se mezclan distintos orígenes y matrices culturales. Más aún cuando es una ciudad de un país latinoamericano, producto del mestizaje entre indígenas y europeos. Pero eso es evidente. Como es evidente que, en el campo de guerra de la política, Tabacchi debía decir que se sentía agredida aunque no defendió públicamente a Cuero cuando él se sintió discriminado por el alcalde. 

Tabacchi debía agregar que, además, se la ofendía como mujer, aunque de igual manera nada se dijo públicamente cuando Bonilla se sintió ofendida. Un fenómeno simétrico se aplica al caso visto desde Correa. En este caso, el tema de la representación no tiene únicamente relación con el origen o la clase social, sino que se suma la dimensión de género. La representación política se dificulta en contextos de patriarcado, en donde se piensa que una mujer no está en política porque es una reina de belleza. 

Erráticos, contradictorios y complejos como somos, no hay posición más subversiva que salir de la olla en la que se cuecen falacias y discursos políticos. Todo lo “verdadero” es falso porque no existe nada auténtico. No existe el auténtico guayaquileño o guayaquileña. O el auténtico ecuatoriano o ecuatoriana. Mientras más lejos se esté de esa olla, en las que se cree que se cocina “la pureza”, más cerca se estará de herir de muerte, de una vez por todas, a palabras como “guayaquileñidad” y “ecuatorianeidad”. 

Y, quién sabe, quizá con esa posición más subversiva podamos ganar perspicacia y rechazar –sin titubear- la sensible dimensión de género que sigue presente en temas de representatividad política; para decirle al político de turno, sea Correa, Nebot o cualquier otro color: en términos de capacidad de razonamiento robusto, quizá sean ustedes las verdaderas reinas de belleza.