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Abreviado comentario de “El árbol negro”, nueva publicación de cuentos de María Paulina Briones

¿Puede alguien enamorarse de un texto? Creo que sí es posible. Yo estoy enamorado de este librito, como llama María Paulina Briones a “El árbol negro”, su nueva recopilación de cuentos publicado por la editorial argentina Línea Primitiva, conformado por ocho relatos que hablan de la cotidianidad desde la ficción, la otredad e incluso el sarcasmo.

“El árbol negro” -titulado de esta manera sugestiva porque busca referirse a los cuentos que contiene como una especie de frutos- se trata del segundo libro de la autora. El primero fue “Extrañas”, que es a decir de María Paulina, una novela corta o un cuento largo, y que también está incluido dentro de la  publicación, como una especie de “bonus track”.

No sé ustedes, pero a mí me pasa que la vida sin la literatura no me llama demasiado la atención. Cuando abro un libro surge la magia, y entonces sé que todavía hay razones para continuar en este puto mundo. Aquellos que escriben saben que esto es un trabajo duro.

Imagino a María Paulina todos los días exprimiendo su cabeza para conseguir transmitirme eso que la atraviesa y no deja en paz su cerebro ni su espíritu. La escritura y la literatura son un milagro, y en las manos indicadas puede que ambos te seduzcan para siempre.

Encuentro en “El árbol negro” esa sensibilidad verbal tan necesaria para comprender los usos del lenguaje y despertar el interés de los lectores. Aunque ya sabemos que todo pasado es un instante, siempre nos queda la realidad y que esto no es ninguna excusa de la literatura para imaginar otros mundos, ni mejores ni peores, solo otros donde el milagro de la creación se revele y permanezca –ojalá- para la eternidad.

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Hay dos cosas que pueden hacer que el lector siga adelante: argumento e historia, y ambas están presentes en este texto que fue editado por el ecuatoriano residente en Argentina, Gabriel Paz y por Emanuel Frey Chinelli, para la colección de narrativa de Línea Primitiva, denominada Cetáceos. María Paulina tiene una manera interesante de decir las cosas. Además, tiene perspicacia.  

El buen escritor ve las cosas con agudeza, con precisión y con criterio selectivo; es decir, sabe escoger lo importante, y no porque tenga por naturaleza mayor poder de observación que los demás -aunque es posible que con la práctica lo adquiera- sino porque tiene interés en ver las cosas con claridad y escribirlas con pasión.

El ingenio de la autora está relacionado en parte con su carácter crítico. En “El árbol negro” desarrolla esa cualidad que le ayuda en la comprensión de sí misma y en su visión particular del mundo.  Lo que me queda de este libro es que la autora se ríe de una manera extraña de los seres humanos, pero, por suerte, no detesta a la humanidad.