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El equipo de la banda roja se adelanta a su proyecto

Fue una final como se debe. River Ecuador ascendió a la serie A del fútbol ecuatoriano en una fecha en que otros dos equipos estuvieron clasificados en algún momento. La tabla estaba apretadísima, con un punto de diferencia entre el segundo y el cuarto. River se adelantó en su propio proyecto, que era llegar a la primera categoría en 2016. Es natural que sea precoz: el promedio de edad del plantel es de veintidós años. Catorce de sus jugadores se formaron en las divisiones menores del club, una escuela de talentos que goza y sufre su juventud: ascendió con ímpetu en un partido relativamente sencillo que por ansiedad se le puso cuesta arriba.

El 29 de noviembre, River visitó al Delfín de Manta, décimo en la tabla de posiciones. La tabla estaba apretadísima. Liga de Portoviejo tenía 75 puntos y Técnico Universitario, 74. En el medio estaba River, con 75 pero con menor gol diferencia que la capira. Con Aucas ya del otro lado, los tres aspiraban por el segundo cupo a la serie A. Y todos lo tuvieron durante minutos. Liga de Portoviejo empezó su encuentro contra el Imbabura clasificado por default: el 0-0 en todos los partidos lo mantenía en el segundo lugar. Pero cuatro minutos más tarde, el equipo portovejense perdía. River tuvo el cupo durante media hora, hasta que en Ambato, Técnico Universitario le marcó al Espoli. Ocho minutos después, el equipo guayaquileño se hundía un poco más, cuando el Delfín le marcó el 1-0. El ascenso era como una papa caliente.

El primer tiempo fue un derroche de nervios. La precisión le estaba fallando al “equipo de la banda”, como le dicen a este River que juega de rojo entero. El segundo lo levantó. Luis García marcó el empate a veinte minutos del final, y siete más tarde llegó un penal que nadie parecía querer cobrar. A la orden de Humberto Pizarro, el director técnico, Edison Caicedo tomó la pelota y la pateó con furia, como si le fuera la vida en ello. Y es que en verdad le iba. Era un gol que ganaba todo un año, y a quince minutos del final.

Narración del segundo gol de River Ecuador ante el Delfín. La última transmisión de Wacho Constante.

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Ese último partido era el testimonio de un año irregular. River sacó mucha ventaja en la primera etapa, donde acumuló cuarenta y dos de sus setenta y ocho puntos. Y llegó casi a rastras a la meta en la segunda, luego de perder en las instancias finales dos partidos claves contra Aucas y Técnico Universitario, y empatar en casa ante el hoy descendido Universidad Técnica de Cotopaxi. Llegaba a la última fecha luego de cuatro encuentros en los que solo había sumado cuatro puntos. Se había dejado alcanzar para –a última hora– resolver el ascenso que pudo haber tenido semanas atrás. Taras de la juventud.

El éxito de River, fundado apenas en septiembre de 2007, ha sido atribuido por la prensa ecuatoriana a su administración. Y tiene sentido: El club, invierte en las divisiones inferiores, está al día en sus pagos y no gasta demasiado en los refuerzos. La primera A es otro lote, y los problemas a resolver son distintos. Por ejemplo, Mario Canessa, presidente del club, aún no sabe en qué estadio jugarán, porque para jugar la Copa Pílsener se necesita un aforo de al menos ocho mil personas y en La Fortaleza, la sede del club, apenas entran tres mil. Pero al tiempo que Independiente del Valle pelea por el campeonato y Mushuc Runa mantiene su lugar en la serie A, otro club de canteras llega a la primera categoría del fútbol ecuatoriano. Y ya no es poca cosa, es la cuarta parte de los competidores. La cantera, esa fórmula que el Ajax le enseñó al Barça y que el Barça le enseñó al mundo, toma poco a poco los cupos de un fútbol que lleva años en crisis.

River sabe administrar su juventud.