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Un violento River gana el superclásico y va a la final de la Sudamericana

La semana no pintaba bien para River Plate. El equipo de la banda roja acababa de perder la punta del torneo argentino, y hubo un enfrentamiento entre sus barras el martes, el mismo día que murió la madre del entrenador, Marcelo Gallardo. El panorama previo al partido contra su eterno rival, Boca Juniors, no era alentador. El superclásico argentino se jugaba por un cupo en la final de la Copa Sudamericana. La ida en La Bombonera había sido patadas y nada más. Marcador en blanco. La revancha fue continuar esa historia, pero con un gol. Los jugadores, preocupados por pegar y cortar el juego. Lo ganó River. Pudo ganar Boca, pero no quiso. La pelota caprichosa, la mala noche del goleador Emmanuel Gigliotti y la concentración del meta Marcelo Barovero evitaron que el equipo xeneize arruinara la fiesta en el Monumental. Una fiesta que se estaba poniendo violenta.

Como si las malas noticias no hubiesen sido suficientes para River Plate, a treinta segundos del inicio le pitaron un penal en contra. Fue una de esas acciones que en otros partidos el árbitro deja pasar. Pero esa jugada, más que el gol, sería la clave del triunfo de River. Gigliotti, que demoró la ejecución debido a la presencia de un apuntador láser, definió mal, con un tiro suave y al centro, nada parecido a las picadas de Sebastián ‘el loco’ Abreu. Gigliotti convirtió en figura a Barovero, capaz de definir el partido a mano cambiada, sin siquiera salir de su arco.

River se llenó de amarillas innecesarias. Por reclamar de más el penal, su lateral estrella, Gabriel Mercado, no podrá jugar el próximo partido, la primera final de la Copa Sudamericana contra Atlético Nacional de Medellín. No había pasado ni un minuto. Leonardo Ponzio jugó de gratis. Merecía irse expulsado al minuto veinticuatro, cuando ya jugaba con amarilla y agarró a Federico Carrizo de la camiseta en una escapada peligrosa por la banda izquierda. Pero el gol le dio la calma a River. Un mal rechazo bostero lo agarró Leonel Vangioni, quien con un centro buscapiés encontró a Leonardo Pisculichi. El ex compañero de Iván Kaviedes en Argentinos Juniors tuvo la precisión que le había faltado a Boca.

Entonces, los papeles se invirtieron. Frustrados, los xeneizes le entraron a las patadas. Se fueron con cinco amarillas y la expulsión de Daniel Díaz por patear a Teófilo Gutiérrez. Desde el gol, las suertes cambiaron. Fernando Gago, jugador emblema de este Boca venido a menos, forzó y jugó más tiempo del que debió tras lesionarse en los primeros minutos. Y a Gigliotti parecía que le habían echado una maldición. Los delanteros como él siempre están en el lugar y el momento correcto, pero su mala fortuna fue encontrarse con un Barovero inspirado, que le sacó el gol de la boca tres veces. El sueño de Gigliotti terminó en pesadilla, tan mala fue su noche que ni siquiera un gol legítimo le validaron.

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“A Boca le faltó precisión, a River le sobraron revoluciones”, decía en Twitter al final del primer tiempo Daniel Arcucci, periodista argentino y comentarista del programa 90 minutos de fútbol de la cadena Fox Sports. La verdad es que Boca no lo liquidó cuando pudo. Su segundo tiempo fue terrible, sin variantes para cambiar el funcionamiento colectivo. El arquero Agustín Orión nunca salió jugando desde el fondo. Y con Gigliotti siempre arriba, Boca –que no juega al contragolpe–, estaba muy estirado. El equipo xeneize no tiene un jugador que defina las cosas con una individualidad, y le hizo falta en este mediático partido, que solo fue eso, mediático. Cómo extrañaron los bosteros a Riquelme y a Palermo.

A las patadas, River Plate llega a la final de una Copa Sudamericana que tendrá campeón inédito. Y los dos finalistas van por la revancha. El San Lorenzo de Rubén Darío Insúa le negó la oportunidad en 2002 a Atlético Nacional. El Cienciano del Cuzco sorprendió en 2003 a todo el continente al ganarle a ese River en el que la figura era el hoy entrenador Marcelo Gallardo. Dato anecdótico: La última vez que River fue campeón internacional, lo hizo ante un equipo colombiano, América de Cali. La última vez que Atlético Nacional jugó una final internacional, la perdió ante un equipo argentino. Lo cierto es que cuando acabe este torneo, una cábala se habrá roto.