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¿Cree la Secom que somos tontos?

La Libertad ha sido secuestrada. Seis hombres de terno negro la tienen contra su voluntad en la terraza de un edificio. Son –por decirles de alguna manera– la crema y nata de la larga noche neoliberal. Entre ellos hay un banquero, un directivo de un medio de comunicación y un empresario, que le dicen que ya es suficiente, que la libertad de ellos está amenazada por la de todos. Uno reclama escandalizado que ahora hay que afiliar “hasta a las empleadas domésticas”. Otro le dice que lo más sano es que las cosas vuelvan a ser como eran antes. La escena es de La verdadera libertad, un video de tres minutos de la Secretaría Nacional de Comunicación (Secom), que ordenó su transmisión a los canales de televisión nacional basándose en la Ley Orgánica de Comunicación (LOC). El artículo 74 de la LOC –invocado por la Secom–, dice que los medios de comunicación audiovisual tienen la obligación de “transmitir en cadena nacional los mensajes de interés general que disponga el Presidente de la República y/o la entidad de la Función Ejecutiva que reciba esta competencia”. Este mensaje de interés público es una ficción en clave de propaganda que habla del desastroso pasado del país, justo en un momento en que en la Asamblea Nacional se debate la reelección indefinida.

El mensaje es claro: La banca, las empresas y los medios de comunicación son el pasado, y “el pasado no volverá”, como dijo el presidente Rafael Correa en la conmemoración del cuarto aniversario del 30S. Para difundir ese mensaje, la Secom invirtió en una mega producción, desperdiciada en un guion tan verosímil como el de una telenovela venezolana, donde los villanos son malísimos y los buenos llevan siempre una cara de infortunio. Más allá de la burda ejecución cinematográfica, el artículo 74 de la LOC deja claro que esas cadenas “se utilizarán única y exclusivamente para informar de las materias de su competencia [la del Presidente o la entidad que reciba esta competencia]”. Una historia contada desde la ficción, un género tan dado a las licencias, que se permite inventar diálogos, no es precisamente un asunto de interés general. Alguien cree que somos tontos.

La Secom no siempre fue así. Su atolondramiento es más bien reciente. En los primeros años del gobierno de Rafael Correa, las cadenas eran utilizadas para informar hechos. La mayoría desacreditaba a enemigos políticos del régimen, pero había sustentos. En esos tiempos, la LOC estaba en proyecto. Pero hoy que está vigente y establece casos exclusivos para las cadenas nacionales, la Secom decide pasar piezas como La verdadera libertad. En ese andar irreflexivo, tuvo que retirar en agosto de 2014 otra campaña, La ciudadanía le habla a los medios, donde una persona decía que Alfonso Espinosa de los Monteros, presentador de Televistazo (noticiero estelar de Ecuavisa) “ya está bastante tiempo en la televisión y habría que refrescar un poquito las líneas, por decir algo”. Por decir algo, sugería que Espinosa de los Monteros ya no tenía edad para trabajar. Ecuavisa se negó a pasar este video y presentó una queja ante el Consejo de Regulación y Desarrollo de la Información y Comunicación (Cordicom). El canal alegaba que a su presentador se lo estaba discriminando por su edad, y al Cordicom no le quedó más que aceptar la queja.

Esta vez, Ecuavisa volvió a cargar. El 10 de noviembre de 2014, Espinosa de los Monteros apareció segundos antes de la cadena diciendo que el canal había decidido pasar el video, pero bajo protesta. Patricio Barriga, presidente del Cordicom, criticó al medio. Según él, desde la “posición privilegiada” de un medio que transmite a nivel nacional, se “puede orientar, prejuiciar a las audiencias a tener un criterio sobre ese contenido”. Como si La verdadera libertad no ocupara el mismo espacio privilegiado. Como si su finalidad no fuera precisamente orientar a los ciudadanos.

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La ciudadanía le habla a los medios terminaba con una frase decidora: «Esta es la verdadera libertad de expresión”. Era un guiño caprichoso, un adelanto de la próxima campaña. Al parecer, la comunicación estatal está empecinada en “expropiarle a la derecha ese monopolio del uso de la palabra libertad”, como dijo en septiembre de 2014 Guillaume Long, ministro de Talento Humano. Fue una frase desafortunada que de alguna forma se anticipaba a lo que hoy intenta hacer la Secom con su actual campaña. Porque expropiar no es liberar, sino tomar el control.