la_libertad_guiando_al_pueblo_eugene_delacroix.jpg

¿Qué tienen en común las pugnas por el poder y las campañas publicitarias?

Cuatro caracteres sirven para resumir una jornada de braveo, censura, saqueos y muerte. Quién diría que todo empezó con un simple reclamo por sueldos policiales. El día en que el presidente estuvo retenido a la fuerza varias horas dentro del hospital de la Policía, podría convertirse pronto en un suceso recordado con fiestas y actos solemnes. #30S se ha convertido en el Hashtag de moda entre los que viven su civismo fervorosamente y la farándula activista que –también con fervor– siente la necesidad de mostrar al mundo “virtual” el monto de consciencia social que ha logrado acumular como capital simbólico. En estos tiempos de lenguaje economizado, administrado, racionado, estandarizado y, en consecuencia “¿vaciado?”, las sentencias alfanuméricas, casi iconográficas, sirven como principal asidero identitario para una humanidad desesperada en su necesidad de que le digan qué mismo es y qué mismo debe hacer para serlo.

Más allá de cualquier juicio moral, es posible describir la trayectoria y el destino de esta tendencia lingüística. Los argentinos mostraron ser unos genios elocuentes, a la vez que románticos fundamentalistas, cuando fundieron en D10S los caracteres precisos para describir a Maradona. Y bueno, remedos como CR7 no serán recordados más que para la marca. Ni qué decir de JLo y 1D, por nombrar a otros dones providenciales. En el plano sociopolítico, el 9/11 fue el primer código utilizado para transmitir noticias rápidas y en tiempo real, respecto a un tema específico. El mundo hispano tuvo su 11M, luego su 15M y otras maneras de nombrar a aquello que todos reconocen, pero nadie recuerda qué es.

Las redes sociales, espacio casi absoluto para la circulación de vocablos en la actualidad, facilitaron la codificación y le impusieron sus reglas. Twitter y sus hashtags, extensibles a todo el universo 2.0, marcaron la tendencia para una marea de personas con mucho de nada por decir. Así, Latinoamérica no podía quedarse atrás y nos legó su #YoSoy132, con el respectivo rédito mediático para su principal vocero, luego empleado de Televisa.

Ecuador, aunque no lo crean, es uno de los referentes en el uso de logos alfanuméricos para mercantilizar catástrofes sociales o –hasta cierto punto– mentales. Desde el 30 de Septiembre de 2010, el ímpetu e ingenio de la familia Alvarado creó la “marca patriótica” más trascendente desde la revolución liberal y la modernización de Guayaquil; cosa que ni el loco logró con Un velero llamado libertad. Es que la estrategia publicitaria perfecta es aquella cuya efectividad hace que los usuarios recuerden un producto valiéndose del más mínimo estímulo.

PUBLICIDAD

La marca #30S, surgida de la necesidad de recortar espacios para la transmisión en ciento cuarenta caracteres, fue oportunamente patentada antes de que alguien pudiera hacer un uso “desleal” de su sentido (#3G, Tres Garrotazos seguramente aprendió de esta lección). En otras palabras, el Estado, dueño del logo, puede otorgarle el sentido que desee antes de ponerlo en circulación. Por si acaso, esta intención es independiente de la espontaneidad con la que circulan los contenidos en cualquier grupo social, por lo tanto no tiene la capacidad de determinar un sentido único; sin embargo, vaya que influye sobremanera. Si no, díganme si después del tratamiento dado por el comediante David Reinoso alguien tiene claro por qué El Malcriadito original clamaba por “¡Amor, comprensión y ternuuuraaaaa!”

El formato de las redes sociales trascendió el espacio del monitor –para muchos sujetos actuales, su condición material de existencia, como diría Marx– para trasladarse no sólo a nuestro tradicional miembro familiar, la televisión, sino a la mismísima propaganda político-partidista. Donde antes hubo un viejito señalador con sombrero de copa, un negro sonriente matizado en azul y rojo o un tipo desconocido con el rostro de su líder en el cuadrante más grande del afiche, ahora tenemos un #30S, la pose visionaria de Rumiñahui en el billete de mil sucres y una re-significación de toda la tradición masturbatoria de la efeméride patriótica.

#30S ha salido al mercado con un sentido distinto dependiendo de la época. En un principio evocaba una tragedia inevitable pero, desde hace dos años se está dando un viraje hacia el tinte festivo, conmemorativo de “no sé qué”, como el 25 de Julio, el 6 de Diciembre, el carnaval o cualquier otra fecha en que nos hacemos bestias chupando para decir “¡Viva!” con una biela en la mano y la desmemoria en la cabeza.

Pero por qué escandalizarse si empezamos a celebrar un día en que murió tanta gente sin sentido, si aún nos inspiramos en genocidios como la revolución francesa y todas las revueltas locales derivadas de ella. A fin de cuentas, desde que vivimos en sociedad, el patriotismo ha sido un fenómeno mediático, nunca tan masivo como ahora, pero similar en tanto se trata de extirpar términos, recuerdos, dolores y transformarlos en vacunas a gran escala contra el disenso. La Argentina que quedó campeona en el Mundial de 1978 –en plena dictadura militar– es solo un ejemplo reciente. Cuando un regente necesita uniformizar criterios –por ende voluntades– de modo que todas puedan confluir en la misma dirección para el bien del sistema, recurre a cualquier elemento que cuente con la aceptación común y lo transforma de acuerdo a su conveniencia; le otorga nuevos sentidos.

Las mejores plataformas de re-significación siempre han sido los medios masivos. Históricamente, fueron los de una sola vía, como la televisión y la prensa escrita. Y los nuevos medios interactivos no han logrado cumplir su promesa pluralista de sentidos infinitos. Hoy, el modelo de transformación sociocultural se sigue basando en la lucha por la hegemonía. Quien alcanza la mayor y más efectiva presencia en medios, hace prevalecer sus significados. Si a veces decimos que la democracia nunca ha existido, nos queda claro que la mediocracia es tal vez el más palpable de los sistemas de gobierno; nada se sale de su órbita. En todos los casos, sean de índole política, religiosa, familiar, o publicitaria, de lo que se trata es de aunar no sólo fuerzas, sino también conciencias, en este intento de perpetuar un modo particular de ejercer el poder por los siglos de los siglos, Amén…

O al menos hasta que la muerte los separe.