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Las operaciones militares de Hamas e Israel están destinadas al fracaso, la única certeza de ambas estrategias son las muertes innecesarias.

Los soldados avanzan destruyendo todo lo que encuentran a su paso. Tienen la orden de infligir suficiente daño entre la población civil como para quebrar la moral de quienes apoyan a sus enemigos. El general al mando tiene claro su fin: la población debe escoger entre sobrevivir o morir en el intento de seguir apoyando una causa inalcanzable. Para esto se ha propuesto llevar la guerra a los hogares de los civiles. Aunque las características son parecidas, esta situación no corresponde a lo que sucede en la Franja de Gaza. Es una simplificada narración de las operaciones del Ejército de la Unión de Estados Unidos, cuando partió desde Atlanta hasta Savannah en 1864.

Estos eventos nos recuerdan los factores detrás de la tragedia que representa la confrontación Hamas-Israel. Ni el Derecho Internacional, ni la Ciencia Política, ni la Sociología han logrado dar una explicación satisfactoria sobre la asimetría en el número de muertos civiles y militares en ambos bandos. Este texto aborda el conflicto desde un análisis militar para entender qué tipo de guerra estamos viendo y cuáles son los elementos estratégicos, operacionales y tácticos que la hacen tan sangrienta, y por qué, mientras esos elementos no varíe, ninguno de los dos lados está cerca de ganarla.

Dos actores, dos guerras

Lo primero que hay que saber es que la guerra en Gaza tiene un significado diferente para cada bando. Carl Von Clausewitz, el general prusiano autor de la monumental obra La Guerra, escribe que antes de participar en una guerra, el primer deber de todo gobernante es entender su forma y naturaleza.  Para Hamas, una organización no estatal que mantiene en su misión política la aniquilación de Israel, esta es una guerra híbrida en la que se usan tácticas convencionales e irregulares. Emplea tácticas no convencionales porque se ha desplegado en unidades de combate que consisten en grupos de alrededor de cuarenta a cincuenta individuos que operan entre la población. Para estas priman criterios como maniobrabilidad, ocultamiento, cobertura e iniciativa a nivel táctico.

  • Maniobrabilidad: Ser lo suficientemente ligeras para movilizarse subrepticia y rápidamente entre la población urbana a fin de aprovechar blancos israelíes.
  • Ocultamiento: Mantener sus unidades adecuadamente escondidas como elementos inofensivos de la población urbana.
  • Cobertura: Usar elementos urbanos tales como infraestructura civil, de salud y las instalaciones que el Derecho Internacional Humanitario (DIH) define como inatacables para proteger unidades de combate.
  • Iniciativa a nivel táctico: Mas allá de dar lineamientos sobre sus objetivos estratégicos, Hamas delega  a sus comandantes en las unidades de combate  las decisiones de ataque. Es decir, los comandantes tienen cierta independencia de cuándo, cómo, y dónde atacar para alcanzar la intención estratégica de la organización.
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Por eso, las unidades de combate son altamente móviles, cada una con armamento pesado de infantería como lanzacohetes personales y anti-tanque. Esto les permite ocultarse en la mejor barrera contra los ataques: la población civil. Hamas usa a esta población para ocultarse y, tristemente, protegerse del poder de fuego israelí. Con este comportamiento se rompe parte de las convenciones tácticas que implican que no se ataque a civiles.

Esta es una guerra vital para Hamas porque se juega su supervivencia y viabilidad política. David Aaron Miller, vicepresidente del Centro Woodrow Wilson para Académicos Internacionales, explica que Hamas no puede abandonar el actual conflicto sin justificar la sangre derramada y pedir concesiones como la liberación de presos políticos y la apertura del paso de Rafah, un cruce fronterizo esencial para el acceso de bienes de consumo y material bélico en el límite entre Gaza y Egipto.

Hamas no inflige un daño militar significativo a Israel, pero lastima su imagen exterior valiéndose del daño colateral que sufre la población palestina. Por ejemplo, los lanzadores de cohetes de 200 mm con los que cuenta Hamas son altamente móviles y se pueden colocar en una zona residencial que el DIH definiría como inatacable. Hamas sabe que tan solo con lanzar uno de esos cohetes –aunque no llegue a ningún lado– activará los radares de contra-artillería, y que estos automáticamente coordinarán una serie de disparos en respuesta al cohete.

Aunque probablemente su propia batería de cohetes quede destruida, Hamas –que recientemente ganó elecciones democráticas en Palestina–, sabe que el daño colateral y las víctimas civiles serán suficientes para hacer quedar a Israel como una nación voluntariamente criminal.

Para Israel, la realidad es distinta y tiene implicaciones, hasta cierto punto, macabras. El gobierno de Benjamin Netanyahu ha decidido concebir esta guerra bajo una forma principalmente aérea con operaciones terrestres limitadas y diseñadas en torno a los siguientes criterios:

  • Búsqueda-destrucción: Las órdenes de las brigadas israelíes no son separar a la población civil de la infraestructura de Hamas, sino encontrar y destruir, tal como los estadounidenses intentaron lograr con el Vietcong entre 1967 y 1972. El único problema de este criterio es que, tal como hizo Vietnam, Hamas usa su propia población como parte de su infraestructura de combate.
  • Protección de fuerza: La consigna de las unidades israelíes en Gaza es priorizar la prevención de bajas militares antes que reducir el daño colateral a los civiles. Aunque las fuerzas de defensa israelíes (IDF por sus siglas en inglés) se esfuerzan por motivar a que los residentes de Gaza voluntariamente abandonen zonas que serán atacadas, la realidad es que este no es un imperativo operacional. Es decir, si un pelotón israelí –de veinte a veinticinco soldados– entra en un parque rodeado de casas de dos pisos y sospecha que ahí hay francotiradores, tendrán sus armas sin seguros y listas para usar fuego de supresión, es decir, disparar indiscriminadamente contra la ventana para mantener al francotirador agachado mientras dos o tres soldados entran a la casa. El problema es que esto impide determinar, a priori, si lo que hay en la casa son niños jugando, francotiradores, o los dos.
  • Negación de blancos: Israel usa su sistema de defensa anti-misiles, conocido como Iron Dome, para negarle a Hamas blancos urbanos israelíes, y que emplea el poder aéreo y artillería de campo para atacar a una distancia segura.

Por más macabro que parezca, Israel prioriza las vidas de sus tropas sobre las de los civiles palestinos. El problema de esta táctica es que no guarda relación con el objetivo estratégico de los israelíes. Miller explica que Tel Aviv pretende forzar la desmilitarización de Hamas, lo que puede significar la derrota bélica o aniquilación de Hamas.

En La Guerra, Clausewitz explica que el objetivo de las operaciones militares era destruir la voluntad del enemigo para luchar y hacerlo ceder a las demandas de su opositor. Robert Egnell, profesor de la Universidad de Georgetown y autor de Operaciones de Paz Complejas, ha explicado que en el caso de organizaciones insurgentes y terroristas, la máxima de Clausewitz implica ganar el apoyo de la población a toda costa. Las formas en que opera Israel son contraproducentes, pues el país hebreo está empecinado en destruir la infraestructura que sostiene a Hamas, aunque esté conformada por civiles, lo que le impide ganar el apoyo de la población de Gaza.

Una sola realidad

Luego de entender la naturaleza y las formas de las guerras concebidas por cada combatiente, es necesario observar que la realidad es una sola: esta es una confrontación entre un actor no estatal que usa tácticas convencionales modernas mezcladas con elementos irregulares, y un actor estatal que usa tácticas convencionales que parecen estar desconectadas de sus objetivos. El resultado, en términos estrictamente militares, es que nadie realmente está más cerca de ganar esta guerra.

Durante la Guerra Civil estadounidense, Lincoln siempre empujó la tesis de que la destrucción del ejército Confederado daría como resultado la rendición del sur. Sin embargo, después de haber carcomido los pocos ejércitos rebeldes que quedaban en Atlanta y la Campaña del Wilderness en 1864, eso no sucedió. Al final fue Sherman, Comandante de los Ejércitos Federales en el Oeste, quien entendió que llevar la guerra a los hogares sureños era lo que quebraría la voluntad de mantener resistencia militar. Eliot Cohen, profesor de la Universidad de Columbia en Nueva York, cree que Israel mantiene una estrategia similar al castigar de manera permanente a la infraestructura de Hamas sin tomar en cuenta que esto genera más sufrimiento palestino.

Israel no está enteramente exento de problemas. Si bien Iron Dome ha sido exitoso en negar blancos israelíes a Hamas, también ha removido los pocos estímulos que existían para operaciones terrestres menos perjudiciales que los ataques aéreos y de artillería contra Gaza. Por ejemplo, una pieza de artillería de 155 mm puede causar más daño colateral que un batallón mecanizado (infantería en vehículos de oruga blindados) para buscar y enfrentar a Hamas. Suponiendo que el ejército israelí emprende un ataque con municiones fragmentarias para sus cañones autopropulsados M-109 PALADIN y bombas guiadas por láser GBU-10 Paveway II para sus cazabombarderos F-15A, el daño combinado de ambas armas puede abarcar un radio de entre cincuenta a 200 metros aun cuando no hayan tenido errores de trayectoria. Esto quiere decir que todo ser vivo ubicado a cien metros de un blanco de Hamas es aniquilado por la compresión generada por las casi trescientas libras de explosivo que reúnen ambas municiones. Si dos soldados de Hamas manejan una batería atacada bajo esta modalidad y a veinticinco metros de esta hay cincuenta niños jugando o caminado, todos son eliminados. En contraste, neutralizar la misma batería usando dos compañías (de cincuenta a sesenta soldados cada una) no implicaría usar municiones con tal cantidad de daño colateral aunque implica asumir una probabilidad de bajas militares significativas para la IDF.

Los altos niveles de efectividad de Iron Dome generan un estímulo perverso: ¿por qué enviar tropas en lugar de simplemente bombardear sin arriesgarse? El problema es que los ataques aéreos y de artillería, por sí solos, no desmilitarizan ni derrotan a Hamas y eso es lo que el objetivo estratégico de Israel requiere.

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La Horrenda Verdad

Es evidente que la apuesta israelita es evitar bajas nacionales a costa de emplear un esquema operacional que castigue a Hamas aun si eso también afecta indiscriminadamente a la población palestina. Muy parecida a la apuesta de Sherman en 1864.

¿Es la Guerra Civil estadounidense del mismo tipo que la de Israel contra Hamas? Si Egnell está en lo cierto cuando explica la doctrina de Clausewitz en operaciones contra organizaciones terroristas y/o insurgentes, la respuesta es no, pues Israel necesita proteger a la población palestina a fin de aniquilar la voluntad de resistir que tiene su enemigo. Del otro lado, las tácticas de Hamas, que usa a su población como cobertura ante el ataque israelí, solo tendría sentido si la única alternativa de la IDF fuera penetrar más profundamente en Gaza, donde los palestinos podrían infligir bajas significativas a sus enemigos.

Consecuentemente, la horrenda verdad es que la asimetría de bajas en esta confrontación se debe a una mezcla de tácticas poblacionalmente cruentas por parte de Hamas y enfoques operacionales israelíes que priorizan la protección de sus soldados antes que el respeto a la vida de los palestinos civiles. Ninguno de los combatientes está más cerca de generar un resultado decisivo. La horrenda verdad es que ni Israel ni Hamas han logrado (y podrían no lograr) sus objetivos. Mientras tanto, el número de militares y civiles muertos sigue creciendo.