christof_zwiener._adn_guard_house_detalle_del_panel_de_control._2014.jpeg

¿Por qué debería preocuparnos el derribo del avión de Malaysia Airlines?

El avión viaja a doscientos cincuenta millas por hora a una altura de casi treinta mil pies sobre el nivel del mar. Hay cerca de doscientos setenta personas en la cabina presurizada. Los pilotos no saben que han entrado a una zona de un alto peligro por la importancia estratégica que este territorio representa para un país.  Tampoco saben que un misil Kaliningrad R-8 los tiene en la mira y que en cuestión de minutos los derribará. Alrededor de las 18:26 UTC, el K-8 impacta al avión que cae en llamas. Todos mueren. Esta no es una descripción del reciente derribo del Boeing 777 de Malaysia Airlines (MH17) del jueves 17 de julio del 2014. Es una tragedia de 1983.

El uno de septiembre de ese año, el vuelo de Korean Air Lines 007 (KAL007) viajaba sobre la Península de Kamtchatka, en el este de Rusia, cuando fue derribado por un misil lanzado desde un caza Sukhoi Su-25 Flagon ordenado por las Fuerzas de Defensa Aérea Soviéticas, quienes lo percibían como un avión espía. En aquellos días, unos de los más álgidos en la Guerra Fría, la península de Kamtchatka era estratégica porque concentraba la Flota del Pacífico Soviética y bombarderos aeronavales, como el Tu-22M Backfire, que tenían la misión de lanzar sus armas nucleares y destruir a los portaviones de la Flota del Pacífico estadounidense (este país tiene seis flotas distintas). Los comandantes soviéticos del Este habían interpretado que esta importante península había sido amenazada en abril del mismo año por FleetEx 83, un ejercicio naval estadounidense, que concentró cuarenta naves y veintitrés mil efectivos de la flota del Pacífico norteamericana. Este antecedente motivó a que KAL007 sea percibido como un avión espía.

Los días de KAL007, hasta ahora, han sido tratados (en documentos como la Agenda de Seguridad Integral del Ecuador) como parte “del mundo bipolar” que supuestamente terminó con la caída del muro de Berlín. Eran los días de RYaN, una operación de espionaje soviética para encontrar pruebas que Estados Unidos lanzaría un primer ataque nuclear contra la Unión Soviética. Bajo RYaN, la KGB y el GRU, órganos de contrainteligencia e inteligencia militar soviéticos, habían promovido la tesis que se aproximaba un ataque general nuclear contra objetivos civiles-industriales-militares de la Unión Soviética. Estas sospechas se vieron peligrosamente reforzadas primero por FleetEx 83, y posteriormente el siete de noviembre del mismo año, por Able Archer 83. Este último era el ejercicio naval de la OTAN en el área de Groenlandia, Islandia, y Reino Unido que fue interpretado por los soviéticos como el inicio de una ofensiva contra sus submarinos balísticos en la Flota del Norte, ubicada en Murmansk, en el noroeste de Rusia. Las tensiones llegaron a tal punto que, el 26 de septiembre, el sistema de alerta temprana soviético generó una alarma para iniciar un ataque nuclear contra EE.UU., que fue descartada por haber sido un error del sistema de alerta temprana espacial soviético. Estos días de confrontación entre dos de las más importantes potencias se consideraban como cosa del pasado.  Pero esta semana, con el derribo del avión de Malasyan Airlines hay una sospecha que ese pasado se podría repetir.

Más allá de la lectura ética y legal que se pueda hacer sobre el derribo del avión hay consideraciones de mayor envergadura que merecen ser analizadas y entendidas. Primero: la confirmación que el escenario de seguridad internacional se ha complicado exponencialmente. Segundo: estamos viendo el resurgimiento de una confrontación geopolítica seria entre el primer y segundo arsenal nuclear del mundo. Tercero: Ecuador puede maximizar sus oportunidades geopolíticas y diplomáticas si sabe aprovechar el resurgimiento de la confrontación geopolítica con una capacidad pragmática para tomar ciertos riesgos

PUBLICIDAD

***

La invasión a Crimea en marzo de 2014 ejecutada por tropas aerotransportadas rusas, no fue el primer detonante para preguntarse si habíamos vuelto a la Guerra Fría. La pregunta estaba planteada desde una operación relámpago que se dio en el 2008 donde el  ejército ruso asaltó y anexó territorios georgianos; a este evento se lo conoce como la Guerra Ruso-Georgiana.  Desde ese tiempo, y través de las crisis en Libia, Siria, e Irán, la interrogante se fue incrementado al punto que Sergei Lavrov, actual ministro del exterior ruso, fue bautizado como el nuevo “Mr. Nyet” en honor a Andrei Gromyko, ministro del exterior soviético conocido por decirle nyet –no en ruso– a la mayoría de iniciativas occidentales en el Consejo de Seguridad. De esta manera, la tesis de si estamos de nuevo en una Guerra Fría ha tomado cerca de seis años en gestarse y ha marchado paralelamente a un escenario internacional cada vez más complicado por los crecientes desacuerdos entre las potencias con poder de veto representadas en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (Reino Unido, Francia, República Popular de China, Federación Rusa, y EE.UU.).

Los eventos de esta semana parecerían darle fuerza a esta tesis. Cuando se comparan las tragedias de Korean Air Lines 007 y Malaysia Airlines 17 existen elementos contextuales en común: hay un escenario de seguridad internacional donde dos potencias tienen una desconfianza creciente y se acusan mutuamente de agendas ocultas. En el caso de Rusia, se la acusa de fomentar nacionalismos en sus antiguas repúblicas, como Ucrania, Georgia, y Lituania, por motivos políticos locales entre otras acusaciones. En cambio Rusia acusa a EE.UU. de irrespetar acuerdos esenciales que facilitaron la caída del muro de Berlín, como la supuesta promesa que la OTAN no se expandiría al Este de Alemania. Esta acusación de Rusia es uno de los mayores misterios diplomáticos de la historia moderna. Se dice que Gorbachov y Bush pactaron que, a cambio de que Rusia permita la reunificación alemana, EE.UU. se aseguraría de que la OTAN no se expandiría a Europa del Este, y que Rusia lidiaría directamente con EE.UU. y no con la OTAN. El problema es que fue un acuerdo verbal que nunca se registró entre Gorbachov y Bush. El primero dice que Bush hizo esa promesa, Bush dice que nunca prometió algo similar.  De aquí los rusos tienen la sangre en el ojo por la expansión de la OTAN y también los crecientes sistemas anti-misiles en Europa del Este. Para ellos, la presencia de esos misiles pone en peligro el balance nuclear entre ellos y Estados Unidos. .

Lo de los vuelos no solo es un asunto de similitudes contextuales, también hay peligrosas semejanzas operacionales que indican  tendencias en despliegue y alistamiento de fuerzas nucleares. Días después de la invasión Rusa en Crimea se generaron dinámicas exponencialmente mucho más peligrosas entre Rusia y EE.UU. que no se habían visto desde los 80. El ocho de mayo del 2014, Vladimir Putin ordenó un ejercicio de la triada nuclear rusa (el despliegue de misiles balísticos terrestres y submarinos junto con bombarderos rusos capaces de transportar armas nucleares). Este ejercicio ruso encontró una réplica estadounidense de similar proporción con maniobras de su arsenal nuclear once días después  en distintos puntos de EE.UU. Los ejercicios rusos tomaban lugar después de maniobras nucleares que involucraron diez mil soldados y treinta distintas unidades de lanzamiento en marzo del 2014. La dimensión de este reciente ejercicio ruso, si se asume la participación de las cabezas nucleares más poderosas en cada uno de los arsenales, es equivalente a setenta y seis bombas de Hiroshima[1]. Por eso, EE.UU. decidió enviar tres bombarderos B-52 capaces de portar armas nucleares a Europa.

Sin importar la veracidad de estas acusaciones, los dos mayores arsenales nucleares del mundo se están quedando sin la poca confianza que la caída del muro de Berlín había generado.  Los eventos generados desde la guerra del 2008 solo demuestran que estamos de vuelta en un nivel de tensión y desconfianza no visto desde el fin de la Guerra Fría.

¿Confrontación Geopolítica?

La teoría de que estamos de vuelta a la Guerra Fría es frágil. EE.UU. ni siquiera cuenta con una gran estrategia debido a que no tiene un solo enfoque guiando su estrategia nacional.  Al contrario, la última Revisión Cuatrienal de Defensa –el documento que expone los lineamientos de defensa de ese país- se caracteriza por una variedad de prioridades estratégicas que no constituyen un solo hilo conductor como lo hubiera sido la estrategia de contención elaborada por George Kennan, diplomático estadounidense, que terminó materializada en el famoso memorándum 68 del Consejo de Seguridad Nacional de los EE.UU en 1950. Por el lado de Rusia no hay una anti-tesis ideológica al capitalismo. Al contrario, cuenta con un sistema de mercado. Esto hace que tengamos que considerar la posibilidad que, esta vez, la confrontación sea netamente geopolítica y no ideológica como en la Guerra Fría.

Rusia siempre ha concebido a la línea imaginaria en el este de Berlín como una zona de seguridad donde necesita tener algún nivel influencia. Después de todo, ha tenido que pelear dos cruentas guerras y perder cincuenta millones de personas por amenazas provenientes de esta área. EE.UU., en cambio, desea asegurar a aliados europeos que cada vez más reducen sus presupuestos de defensa e inclusive alcanzan niveles que violan el requerimiento diplomático de la OTAN de mantener un presupuesto de defensa nacional de al menos 2% del producto interno bruto (PIB). En parte, este deseo de asegurar aliados, ha influenciado las acciones del presidente estadounidense Barack Obama para responder a la crisis en Ucrania, como el envío de la 173ra Brigada Aerotransportada estadounidense a Polonia y antiguas repúblicas soviéticas del Báltico .

El MH17 es una prueba de que el conflicto estratégico ruso-estadounidense acaba de escalar exponencialmente llevándonos a niveles de tensión muy cercanos a los días de RYaN.  Lo único que faltaría para que se materialice la similitud sería, entre otros factores nacionales y estratégicos, un aumento en los números de patrullas disuasivas de los arsenales nucleares confrontados y  cambiar las prácticas operacionales de disparar bajo alerta, es decir modos de despliegue de armas nucleares donde estas son disparadas a la mínima sospecha de que alguna de las partes ha lanzado un ataque nuclear general o limitado contra la otra.

Contexto local

Ecuador debería aprender del pasado y cerrar vulnerabilidades. Durante la Guerra Fría, la debilidad del sistema político ecuatoriano impidió que el país vea más allá y busque oportunidades en el escenario internacional. Necesitamos estabilidad política para hablar con una voz que pueda representar los intereses del país en asuntos regionales en un escenario internacional donde la maniobrabilidad diplomática podría reducirse. Después de todo, los principios básicos de la estrategia es obtener aliados y negarlos a tu adversario  Ahora, más que nunca, necesitamos mantener estabilidad política que nos permita procesar nuestras ideas respecto a la mejor manera de asegurar los intereses nacionales del Ecuador, sumar nuestra diversidad política para conceptualizarlos, y trazar un camino unificado entre las potencia de tal forma que no nos nieguen libertad de asociaciones o alianzas. Como nos dijeron los brasileños cuando la mitad de nuestro territorio fue anexado por Perú en 1941, “primero vayan y hagan país”. Hacer un país significa tener la capacidad de reservarte la libertad de acción necesaria y tener las agallas para tomar los riesgos y así  lograr los intereses de tu país.

Si hacemos país también tenemos que identificar nuestras prioridades estratégicas y tomar riesgos calculados. Para Ecuador, la prioridad tiene que ser ganar influencia en miembros con poder de veto en el Consejo de Seguridad, por dos motivos.  En primer lugar, la alianza con un miembro con poder de veto representa una de las garantías de seguridad más efectivas del sistema internacional. En segundo lugar, con la protección devengada de esta alianza, Ecuador necesita sumarse a una Suramérica más independiente y capaz de marcar su propio destino.  Hay que asumir riesgos para materializar este objetivo y siempre y cuando los mismos sean debidamente calculados se los debe tomar.

PUBLICIDAD

De vuelta al pasado

Malaysia Airlines 17 es un amargo recordatorio que el escenario de seguridad iniciado el 11 de septiembre de 2001 terminó con la guerra del 2008 entre Rusia y Georgia. Hoy, doscientos noventa y cinco personas yacen carbonizados en las estepas de Donetsk, en el sureste de Ucrania, por un terrible acto causado, en parte importante, por un escenario de seguridad cada vez más similar a los peores días de la Guerra Fría. En 1983, sin que sea de dominio público, la Unión Soviética tenía en marcha RYaN para determinar si EE.UU. planeaba un primer ataque. En septiembre de ese año, un Su-25 Flagon derribaba un avión civil bajo la sospecha que recolectaba inteligencia en la península de Kamchatka. Un mes después, el ejercicio naval de la OTAN –Able Archer 83- hacía percibir al liderazgo soviético una ofensiva contra sus submarinos balísticos de la Flota del Norte. Los cadáveres que yacen en Donetsk son una prueba que hoy vivimos un renovado conflicto entre potencias donde desconocemos la verdadera intensidad de las sospechas entre ellas, tal como el mundo desconocía de la existencia de RYaN y de las preparaciones de Able Archer 83.

En este escenario, Ecuador necesita aprender del pasado. La estabilidad política es necesaria para que podamos identificar nuestro propio camino entre las potencias reservándonos la libertad de acción necesaria para asociarnos de la mejor manera de acuerdo a nuestros intereses.  Esta semana volvimos al pasado que creíamos terminado. We’re not in Kansas anymore.

 

[1] Este cálculo está basado en el ultimo inventario de las Fuerzas Estratégicas Rusas (Kristensen y Norris, 2014, p.77) y asume el despliegue de 10 SS-18 M6 SATAN con configuración MIRV de 10 cabezas cada una con 800 Kilotones, 10 SS-N-32 BULAVA, y 10 AS-15B con rendimiento de 250 kilotones (Rice, 2004).  La bomba “Little Boy” soltada en Hiroshima tenía un rendimiento de 15 Kilotones, o lo que equivale a 15000 toneladas de TNT.  El ejercicio ruso al que hacemos referencia reunió cerca de 1’150,000.00 toneladas de TNT.