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Nuevos pretextos para la guerra del gobierno israelí a Palestina

Israel ha desatado nuevamente una ofensiva hacia Palestina con cientos de muertos y miles de heridos. Más que una guerra, es una masacre hacia un pueblo cada vez más recluido en su territorio. El gobierno israelí se escuda con pretextos: una supuesta lucha para desmantelar el terrorismo y destruir bases, y un secuestro dudoso de tres israelíes en junio de 2014. Sin embargo, hay otro hecho que incomoda más a Israel: la posibilidad de paz interna en Palestina, el acuerdo entre Hamás y Al Fatah, los dos bandos políticos de la denominada ‘Guerra de los Hermanos’ o Guerra Civil Palestina, enfrentados desde hacía siete años.

Los territorios palestinos los conforman dos regiones: la Franja de Gaza, gobernada por el grupo Hamás, y Cisjordania, por Al Fatah. Ambos, a su vez, forman parte del gobierno de la Autoridad Nacional Palestina (ANP). Estos dos grupos políticos mantuvieron desacuerdos internos, que desembocaron en la expulsión de Gaza de los leales de Abu Mazen, presidente de la ANP y líder de Al Fatah. Pese a esas diferencias, Hamás y Al Fatah decidieron unirse en abril del 2014, para dialogar  sobre el futuro del pueblo palestino.

El gobierno isrelí se opuso a este acuerdo de unidad nacional  –al parecer porque contradice su lema: “divide y vencerás”– y bloqueó la ayuda que Qatar ofrecía para el pago de funcionarios del gobierno de la ANP en Gaza, y unos cien millones de dólares para Cisjordania. Israel considera inaudito negociar con los ‘terroristas’ de Hamás, así que rompió definitivamente las últimas negociaciones entre Palestina e Israel, que iniciaron en julio del 2013 y estuvieron mediadas por el secretario de Estado norteamericano, Jhon Kerry. Como ya se ha visto en sesenta y seis años de conflicto palestino-israelí, los acuerdos quedaron estancados.

Con ello, como recalca Ilan Pappe –historiador israelí, denunciador de los crímenes del sionismo–, Israel continúa con su plan de genocidio gradual, de limpieza étnica, o cuanto menos, de guerra y mantenimiento del mayor guetto actual; con ataques militares y bloqueos económicos y geográficos. En ese contexto, un acontecimiento manipulado a su favor resulta la excusa perfecta para una incursión armada de mayor envergadura.

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Y el pretexto apareció. A finales de junio del 2014 fueron hallados sin vida los cuerpos de tres jóvenes israelíes que fueron secuestrados, cerca de Hebrón, territorios palestinos con asentamientos judíos, en Cisjordania. El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, culpó a Hamás sin pruebas contundentes y dijo que deberá pagar por sus actos.

En los primeros acontecimientos del reciente conflicto, trescientos sesenta palestinos fueron detenidos, doscientos continúan arrestados y seis fueron asesinados. Un joven palestino murió por venganza en Jerusalén a manos de una turba enardecida. Por eso, Palestina se defendie: Gaza envía cohetes a Israel, pero hasta el noventa por ciento de los misiles son detectados por el ‘Domo de Hierro’ del gobierno de Netanyahu y son destruidos  o caen en territorios deshabitados. Hay sirenas que alertan a los pobladores cuando se aproximan proyectiles.

Los ataques militares israelíes se han intensificado: más de cuarenta a Cisjordania con la operación ‘Guardián de mi hermano’. Luego contra Gaza con la denominada operación Borde protector’ contra Hamas, el movimiento Yihad Islamista y otros posibles grupos militares. Se han lanzado ochocientas toneladas de bombas sobre setecientos cincuenta objetivos en toda Gaza. A trece días de ofensiva, Israel tiene diesciocho víctimas mortales y Palestina más de cuatrocientos. El jueves 10 de julio murieron ocho niños que jugaban en una playa en Gaza. Israel “se conmovió” y “regaló” cinco horas de cese al fuego. Las víctimas palestinas siempre han sido desproporcionadamente superiores a las israelíes: mil cuatrocientos a nueve, en la operación Plomo Fundido del 2009; ciento setenta y seis a seis en la operación Pilar de Defensa en el 2012.

Desde este nuevo conflicto, la cuenta de muertos y heridos sigue en la Franja, se ha destruido sus casas y templos sagrados. Con un contexto de casi dos millones de personas agolpadas en Gaza, en un territorio de 350 kilómetros cuadrados, sumado a un bloqueo inhumano, donde los servicios básicos los provee Israel, y por ese motivo, los hace vulnerables. En todos estos años de conflicto, se estima que más de cinco mil presos políticos están en las cárceles israelíes. Uno de ellos es Ahmad Saadat, secretario general del Frente Popular para la Liberación de Palestina, quien ha estado más de siete años preso.

Según un vocero del gobierno israelí, Hamás cuenta con cien mil cohetes, algunos con alcance a Tel Aviv, la segunda mayor ciudad de Israel. Pero, en realidad, desde el 8 de julio desde Gaza se han lanzado mil doscientos cohetes, casi mil veces menos de lo que dice Israel. Como se ve, esa es otra mentira disfrazada de pretexto contra Gaza.

Igual que cuando George W. Bush dijo, en 2003, que en Irak había armas de destrucción masiva para justificar la invasión norteamerica, pero nunca se comprobó: también era una excusa para “destruir el terrorismo”, como Netanyahu lo hace ahora. Manuel Castells, en su libro ‘Comunicación y Poder’, nos muestra que la comunicación también es un arma. Durante la Guerra de Irak, Estados Unidos integró a exmilitares en los medios de comunicación para influir en la población. Mientras el resto del planeta no creía que Irak tenía armas de destrucción masiva, los estadounidenses pensaban que .

Y como la comunicación es un arma importante para la guerra, varios medios internacionales, agitados por el lobby sionista, resaltan los daños provocados por “terroristas musulmanes”, solo provocan el odio hacia Medio Oriente, y lo demonizan; crean un enemigo imaginario. Un artículo publicado en Los Ángeles Times, por ejemplo, califica de “ataques” a las críticas a la ofensiva israelí, y culpa a Hamás de sacrificar palestinos para defenderse y cuidar sus armas.  Para que Israel mantenga su poderío sobre Palestina, debe hacerle la guerra, y para las guerras hacen falta “enemigos”.

¿Con qué cara se puede hablar de ‘terrorismo’ cuando Israel mata a cien y los palestinos –en una “guerra” desigual– matan a uno? ¿Qué moralidad nos puede exigir el gobierno israelí cuando su poder económico, enquistado en el senado norteamericano, manipula a representantes para beneficiar a Israel y bloquear a Palestina? Estados Unidos dona su quinta parte (tres mil millones de dólares) de ayuda internacional a Israel para financiar más guerra ¿De qué justicia hablan?

Pero no todo está perdido. Millones de personas en todo el mundo apoyan una paz sincera, real, justa en Palestina. Una paz con libertad. Desde New York a Sevilla, desde Rosario a Madrid, desde Roma a Nueva Delhi, protestan contra todas las redes sionistas de poder que causan tanto sufrimiento al pueblo palestino, para humanizar la humanidad, para hacerles sentir que no están solos. Nos olvidamos de religiones, de idiomas, de culturas, de ese fanatismo que hace tanto mal, para gritar: ¡Palestina Libre