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¿Cómo se explica que el momento más dramático de todo el Mundial llegue con la entrada a la cancha de un arquero casi desconocido?

En The Dark Knight, el Guasón de Heath Ledger le dice a Batman “Esto es lo que sucede cuando una fuerza imparable choca contra un objeto inamovible”. La frase funciona para hablar del partido entre Holanda y Costa Rica, por los cuartos de final del Mundial de Brasil 2014.

Los costarricenses se estaban saliendo con la suya. Ya se habían cumplido los treinta minutos de la prórroga, y se estaban apoyando en la capacidad de su arquero Keylor Navas para triunfar en la tanda de penaltis. Por una de esas triquiñuelas psicológicas, los ‘ticos’ estaban en mejor estado: Navas ya había sido figura en los octavos de final contra Grecia, donde el resultado también se decidió desde los doce pasos.

Pero nadie vio venir la última decisión de Louis Van Gaal. El técnico holandés estaba quedando como un tonto. Su equipo, el más goleador, el de la mejor dupla delantera, no había sido capaz de marcarle a una selección menor.

Cierto es que Costa Rica venía de vencer a Italia y Uruguay, pero Holanda tenía lo suyo: le torció el pescuezo a la campeona España, y resolvió en diez minutos sus partidos contra una selección chilena que la atacó todo el partido, y acabó en cinco minutos con un México que en la primera ronda lucía impenetrable.

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Van Gaal, que además había puesto a jugar a sus seis delanteros en este partido, no había usado su tercer cambio. Era inexplicable. Era, porque el cambio final, la jugada maestra, tenía sentido: Tim Krul, el tercer arquero (usa el dorsal 23), entró a remplazar a Cillessen.

La sonrisa de Jorge Luis Pinto fue sabrosa: era como si el colombiano, que dirige a Costa Rica, se estuviera burlando de la acción ‘desesperada’ de Van Gaal.

Uno a uno, los cobradores ‘ticos’ fueron víctimas del bullying de Krul, que con los ojos saltando de las cuencas, les decía en un neerlandés muy claro para cualquier chino, que él sabía dónde iría la pelota. Y las supo todas, aunque solo paró dos de los cinco tiros de Costa Rica.

Sacar al arquero titular antes de la tanda, un movimiento más que ilógico, fue la piedra angular de la clasificación de Holanda a semifinales. Aquello de que Krul era el especialista en penales es una teoría que ha sido rebatida, y Van Gaal ha sido cuestionado por hacer un cambio que podría haber desmoralizado a Cillessen.

Lo cierto es que todo estaba planeado desde el principio. El técnico que dirige a Holanda –una selección que no tiene nada que ver con Grecia–, incluso con el equipo de primera línea que tiene, fue capaz de ver la posibilidad de la tanda de penaltis, y no dejó nada al azar, porque sabía que en esos cobros, su rival se iba a hacer fuerte.

En otras palabras, Van Gaal respetó a Costa Rica, y pensó en una forma de acabar con esa selección que estuviera totalmente fuera de los papeles. Casi de consuelo, Navas se llevó el premio al jugador del partido.

La inclusión casi cinematográfica del desconocido que se convertiría en héroe no es la primera que hace Holanda en este mundial. A Wesley Sneijder lo pusieron en la posición de un doble cinco, y así, a España le clavaron cinco goles jugándole al contragolpe. En el partido que iban perdiendo contra Australia, terminaron dándole vuelta al marcador cuando dejaron de subestimar a su rival, y a México lo descolocaron cuando Robin Van Persie salió de la cancha.

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El fútbol ha llegado a una de sus etapas más exquisitas. No faltan los románticos que extrañan los dribles de Maradona o las gambetas de Ronaldo. Pero este fútbol es el de la preciosidad de la estrategia. ¿Datos objetivos? Este es el mundial con más goles de este siglo.

Quedan cuatro partidos y a Brasil 2014 le faltan trece posibles goles para igualar la marca de Francia 1998 (171), la edición con más tantos de toda la historia. Si bien no es ningún mérito ante Suiza ’54, donde el promedio fue superior a cinco goles por partido, la Copa actual es una donde los equipos sacan el mayor provecho de las más pequeñas equivocaciones de sus rivales. Casi como la producción agrícola de Israel.

Y resulta curioso, porque cada uno de los partidos ha tenido una cuota significativa de especulación. Cuando hay tantos participantes en un torneo de alta competencia, siempre hay equipos que se saben a mismos con menor calidad que sus oponentes. Pero se juega con lo que se tiene, y a menudo, para ellos suele ser más importante no dejar jugar al rival, antes que jugar mejor.

A Grecia le resultó en la Euro 2004. Ahí, el equipo de Otto Rehhagel tapó espacios y jugó con orden, en su zona, y así despachó a Francia, a la sorprendente República Checa, y a la anfitriona Portugal, dos veces. A Costa Rica le estaba funcionando también, hasta que alguien dejó de subestimarla.

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Holanda no es la única que adapta con éxito su juego al de sus rivales. Para la final de la Copa América 2007, había un claro favorito: Argentina, que había acabado uno a uno con sus oponentes. En la otra llave, Brasil llegaba con dificultades luego de haber perdido en la primera fase contra México, y de no poder ganarle a un Uruguay que aún no llegaba al potencial que mostró tres años más tarde en Sudáfrica 2010.

Y para esa final, el equipo de Dunga hizo lo que Brasil nunca había hecho en su historia: Salió a defenderse, y le ganó a la Argentina de Alfio Basile, que nunca se preparó para enfrentar a una auriverde dedicada a la marca.

Mala suerte la de Brasil con su plantilla actual: Justo cuando organiza el mundial, su generación no es una potencia ofensiva. Sin embargo, el equipo de Luiz Felipe Scolari ha logrado llegar a las semifinales luego de vencer a la durísima Colombia. ¿Dónde radica el poder brasileño? No está en los árbitros, sino en su defensa. En un equipo donde Neymar, el llamado a ser la estrella, no ha alcanzado el momento más alto de su carrera, David Luiz y Thiago Silva están ahí para controlar todos los peligros.

James Rodríguez fue una figura atípica para este Mundial, donde los que más destacan juegan en posiciones más retrasadas: Si bien la selección de Alemania que dirige Joachim Low tiene grandes jugadores en todas sus líneas, Philipp Lahm y Toni Kroos, dos de los mejores pasadores del torneo, son los cerebros. Lo mismo pasa con el argentino Javier Mascherano, ¿y qué decir de Wesley Sneijder, acompañado por Daley Blind?

Una selección juega con lo que tiene. Porque en el fútbol de hoy el que gana es el que está más concentrado, el que ejecuta mejor la estrategia y cachetea a su rival al punto de ofuscarle el pensamiento. Si no, ¿cómo se explica que el planteamiento de México ante Brasil haya resultado en uno de los partidos más atractivos, pese a terminar sin goles? ¿O cómo se explica que el momento más dramático de toda la Copa Mundial llegó con la entrada, concretamente para los penales, de Krul, un arquero casi desconocido que no tenía minutos con su selección?