En julio de 2012, el colectivo Proyecto Transgénero criticaba desde su cuenta de Twitter (@transfeministas) un titular de diario El Telégrafo: “Con un millón de gays no hago ni un solo varón”. Era una cita de algo que había dicho Jorge Scala, un abogado argentino experto en bioética que dictaba una charla llamada “Equidad de género: destrucción de la familia”. Era un artículo que, si bien hacía un relato de la conferencia, no tomaba partido por la doctrina. Todo lo que había hecho era trasladar una cita al titular, pero las activistas actuaron como si la sola mención volviera discriminatoria a toda la nota. Aquella queja parecía más lobby que denuncia.

Es lo que suele suceder cuando una causa política se convierte en un tema de quienes detentan el poder político. No importa si es de hecho o de derecho: era la época en que el padre Paulino Toral había arremetido contra Karla Pesantes, ex periodista de Vistazo por un artículo que citaba estudios que afirmaban que las familias homoparentales no representaban problema alguno como esfera de crecimiento para un niño. Un año después, Rafael Correa decía oponerse al matrimonio igualitario, porque “en materia de economía soy progresista, pero en el terreno moral soy muy conservador porque soy católico practicante”. Ha pasado otro año, y ahora otro asunto de moral nos tiene en veto: la sanción que le ha impuesto la Superintendecia de Comunicación a diario Extra por su sección Lunes Sexy, a la que la asambleísta Soledad Buendía califica como “discriminatorio y violento”.

A finales de enero, Buendía presentó ante Carlos Ochoa, superintendente de Información y Comunicación (Supercom), una solicitud para que analice un pedido que presentaron en septiembre pasado un grupo de asambleístas sobre la portada del Extra del lunes 26 de agosto de 2013.: «La modelo Claudia Hurtado se encuentra apoyada contra una puerta dando la espalda al lector. Su rostro de perfil mira hacia atrás. Viste una indumentaria erótica (baby doll) de color fucsia. A su derecha un texto que dice: Empieza bien parado la semana con tu lunes sexy picante. Claudia Hurtado ¡Tremenda ‘potra’ carajo!”, decía la solicitud, que terminó con una sanción de emitir disculpas públicas.

Esta no es una columna que pretenda reivindicar sus prácticas periodísticas. El Extra es un medio sensacionalista. Siempre lo ha sido. Sin embargo, los argumentos por los que se tomó la resolución y la condena al hecho de que una mujer salga en baby doll en un diario son –por decir lo menos– de un fundamentalismo gazmoño. Y es que la asambleísta Buendía y el superintendente Ochoa han decidido meterse en una causa que parecieran no entender.

Eso explicaría por qué las declaraciones de Claudia Hurtado no fueron tomadas en cuenta a la hora de decidir la resolución. En su texto La chica del lunes se defiende, el portal Plan V cita las declaraciones de Hurtado en la audiencia en el proceso contra Extra: “Las imágenes en las que aparezco publicada en la portada del diario Extra del 26 de agosto de 2013 contaban con mi expresa autorización. Era mi deseo aparecer en dicha portada… Bajo ningún concepto se han vulnerado mis derechos ni he sido vulnerada de manera alguna”, dijo ante Ochoa la modelo.

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Fue su deseo estar ahí y eso no es poco –aunque sí para la Supercom–. Y es lo que de verdad marca la diferencia con la discriminación o la violencia: Está como quiere y porque quiere, y no hay prueba alguna de que alguien la haya obligado a hacerlo en contra de su voluntad.

Es como si la Supercom asumiera que lo que está haciendo es defender a Claudia de sí misma. Que ella, a sus veinticuatro años no sabe lo que hace. Que lo suyo es producto de la enajenación de crecer en un mundo machista. Que está loquita porque le parece “bonito” que le digan “potra”. Que ha sido víctima de la discriminación que nunca denunció. Como Lisa Simpson, que da la respuesta a la pregunta que nadie hizo.

Durante la audiencia, el abogado de Soledad Buendía le hizo una pregunta a Claudia Hurtado. Según Plan V, el abogado de la parte acusadora, José Almeida, preguntó a la modelo si es que no le afectaba que en una portada pusieran junto a su cuerpo la frase ‘Tuco de hembra’. “Tomando en cuenta” –habría dicho Almeida– que lo de hembra es parte de la escala zoológica”. Pareciera que es un problema semántico. Pero no. El problema es que tengan el poder aquellos que son incapaces de entender que la gente se puede alegrar u ofender por motivos distintos a los suyos. Cuando es así, el discurso languidece. Y tanto, que la pregunta de Almeida es por millas mucho más ofensiva que el titular del Extra.

Seguro que Belle Knox, la actriz porno que cursa la carrera de Estudios Feministas y Sociología en la Universidad de Duke, en Estados Unidos, es otra loca, porque ella hace escenas donde aparece follando con tres o cuatro hombres a la vez y dice que le gusta. Ella sería otra loca para los vigilantes –como se llaman– de la comunicación, que combaten la discriminación contra –entiéndase– LA mujer sin saber que una mujer que ha entendido que puede hacer con su cuerpo lo que quiera ha alcanzado el poder.

Por suerte, la distribución de las películas de Belle Knox no está sometida a las reglas de la Ley de Comunicación ni la Supercom ni pueden ser reguladas de manera alguna. Pero el Extra sí. Y claro que el Extra no es solo sancionado por su “discriminación” a Claudia Hurtado: Se trata de un diario de circulación nacional, y por ser –de paso— el más leído, su información –que desde la ley se considera un bien público– se amplifica como la de ningún otro, lo que se supone que crea representaciones. Pero como bien lo explicó Mónica Ojeda aquí mismo en GKillCity.com, los contenidos del Extra no pueden ser tomados como la causa, sino como un reflejo de la realidad. Además, no tiene por qué ser misión de los medios trabajar en función de las posturas morales de ningún funcionario público. ¿O está Helena, la santurrona esposa del reverendo Alegría de los Simpsons, detrás de la Supercom?

Más allá de lo pacato del asunto, en la solicitud que presentó Buendía se citaban algunos artículos de la Ley Orgánica de Comunicación (LOC): el 20, 61, 62, 68 y 71. Cuatro de esos se refieren a la discriminación. Sin embargo, el hecho de ser calificada como ‘potra’ no tiene por qué significar que Claudia Hurtado o cualquier mujer sean discriminadas: El hecho de ser objeto de deseo no tiene por qué ser incompatible con el pleno goce de los derechos. ¿O por aparecer en poca ropa en una portada de periódico está condenando Claudia a las mujeres a no poder hacer lo que quieran con su vida y a vivir como víctimas de una sociedad que en realidad las hace víctimas al criticarlas cuando quieren ejercer la libertad de decidir sobre su sexualidad?

El artículo restante, el 68, habla de los contenidos sexualmente explícitos –es una lástima que no haya sido el 69–, pero ése solo se refiere a los medios audiovisuales (por una cuestión de franjas horarias donde no necesariamente existen filtros de los padres), y no a la prensa escrita.

Hace unos meses, Carlos Andrés Vera criticaba en Twitter el artículo 68, y decía que eso le podría impedir a SoHo –revista de la que es editor– seguir circulando. En ese momento, sonaba a que esa preocupación podría solucionarse con una relectura del artículo. Hoy, sin embargo, Carlos Ochoa ya se ha pronunciado sobre los desnudos de SoHo. Y si bien la revista no corre peligro porque según el principal de la Supercom esas fotos son artísticas, sí es fastidioso tener encima a un censor de contenidos que actúa desde su propio sistema moral, y cuyos argumentos más importantes son “¿Permitirían aquellos y aquellas que critican la resolución sobre Extra que sus hijas, hermanas, esposas posen así en el diario?” ¿No es graciosa esta igualdad que se expresa con un “aquellos y aquellas”?

Ahora, un proceso que empezó como inclusivo –con reformas importantes en la Constitución para proteger a las minorías y los grupos vulnerables de la discriminación–, no es capaz de manejar aquel discurso que quiso hacer suyo. Es curioso que, siendo de orillas tan opuestas, el superintendente de la Comunicación tenga ideas tan parecidas a las de Melvin Hoyos, director de Cultura y Civismo del Municipio de Guayaquil, para crear y mantener por años la censura de las obras de arte con contenido sexual explícito en el Salón de Julio, porque “eso no es arte, no es bonito”.

Deben ser ciegos: Claudia sí que estaba bonita con ese babydoll.

Ay, “cultura y civismo” es tan “información y moral”.