1q8a8891.jpg
1q8a8965.jpg
1q8a9302.jpg

Relato de alguien que sigue yendo a oír música 

Y se descontroló Bogotá. O se descontroló Estéreo Picnic. O me descontrolé yo. Ya ni sé y da igual. Ayer me estaban saliendo endorfinas por los ojos. La euforia máxima. Y no me refiero a una euforia de drogas, esa euforia es más fácil, mucho más simple. Lo de ayer era una felicidad de dos cervezas tan intensa y tan genuina que necesita que dos elementos confabulen al tiempo: buen parche y sobretodo buena música. El primero amplifica, el segundo es totalmente indispensable.

Y es que la música de ayer de Estéreo Picnic fue sublime. Sin demeritar ni por un segundo lo que se oyó el jueves, – Trent Reznor rockeando, Babasónicos (re)consagrándose como grandes del rock en español y Casablancas dando un show de primera bajo la lluvia torrencial- lo que pasó el viernes en el festival fue de otro planeta.

Con puro grunge noventero, el veterano Black Francis y una chica estúpidamente cool en el bajo, dieron a entender que no es por casualidad que Pixies lleve más de 20 años de carrera y que hayan influenciado a bandas como Nirvana con su música. Jamás me imaginé ver a Pixies en vivo, mucho menos con un mar de bogotanos tan fanáticos.

Tocó Natalia Lafourcade y su música amenizó la tarde con esa luz perfecta que sale a las 5:30 pm en Bogotá; tocó Monsier Periné y es obvio que ya son unos versados en los escenarios internacionales tocando música para miles de personas; tocó Cut Copy que, como en veces pasadas que los he visto, siempre son divertidos y ponen a todo el mundo a bailar; tocó AFI que creo que sorprendió a más de uno con el set que se mandaron. Y la tarde iba bien desde el principio.

Pero llegó Vampire Weekend y todo se salió de control. El segundo en que el grupo de Nueva York se mandó con toda la canción de A-punk, fue probablemente la saltada colectiva más intensa que he visto hasta ahora en el festival. ¡Tanana, tanana, tananananana, Tanana, tanana, tananananan …! Boom. Incomparable.

PUBLICIDAD

Ezra Koenig tiene una gran voz y el show, simple y sin muchas arandelas (excepto unos fuegos artificiales que casualmente explotaron creo que al tiempo que tocaban Mansfard Roof como si el momento necesitara más exaltación) fue realmente impecable de principio a fin. Se acabo porque tocaba (ojalá siempre “tocará” hacer esto) ir a ver los Red Hot Chili Peppers, pero si el show hubiera seguido otra hora, otra hora nos hubiera tenido Vampire Weekend enloquecidos.

Y levitando migramos hasta Red Hot Chili Peppers. Dispuesta a que algún fanático de los RHCP (o del rock en general) me escupiera, en algún momento me oí diciendo “Estos manes van a tener que bajarse al escenario en paracaídas para que nos hagan sentir lo mismo que acaba de pasar en Vampire Weekend”. Admito lapsus mental. Que concierto tan bravo. Y no porque bajaran en paracaídas, si no porque son los Red Hot Chili Peppers.

Sale Flea con la camiseta de Independiente Santa fe al escenario, en algún momento hace una parada de manos y todo el tiempo solo está haciendo milagros con su bajo. Los tipos tienen presencia por supuesto, pero también tiene un estilo fácil y descomplicado sin tanta parafernalia de rockeritos. Tocan como unos dioses y se pueden dar el lujo de tener a un público electrificado entre canción y canción mientras se mandan un jam entre ellos. Snow (Hey Oh), Under the bridge, Californication, Other Side, una tras otra sin parar. Y desde el escenario con miles de personas alrededor, lo hacen sentir a uno como si uno fuera el rockstar porque simplemente esa es la energía del lugar. Y se acaba. Y se van. Y vuelven y terminan este conciertazo con una versión extendida de Give it Away. Son tremendos.

Esperando que el mood de hoy de Estéreo Picnic que es más por el lado de The Wailers, Bomba Estéreo, Charles King y La 33 ayude a la recuperación de estos dos días. Otra vez de picnic.