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Reseña de la banda guayaquileña que propone un año de esperanza

La guitarra de Juan Rivadeneira se llama Makenzi. Es poco convencional: tiene cinco cuerdas, una menos que la estándar. Es el instrumento del líder de la banda guayaquileña Sunshine and the Makenzi Sound (S&MS). Su álbum debut, “The year of hope”, a momentos me recuerda al indie folk o al dream pop de grupos escoceses como “Camera Obscura” o “Belle & Sebastian”. Comparten cierta similitud sonora: guitarras suaves y acompasadas, melodías lentas pero nunca cansinas; pop contemporáneo atrevido y envolvente que atrapa de a poco. Los integrantes de S&MS han asimilado la vorágine musical global y la usan a su favor, sus influencias hablan de una equilibrada diversidad y libertad compositiva. Un sexteto versátil que mira hacia el horizonte, tal como están retratados en la portada de su disco.

La historia de la banda empieza en 2007. Cuando unos compañeros de universidad se juntan. Valentina Areco, quien con Rivadeneira conforman un gran dueto vocal; la guitarra de Jorge Rivas quien le da aquella disfrutable armonía, el violín de Roberto Ramil quien marca la diferencia, y la base rítmica, con Álex Santos al bajo, y Alfredo Bozano en batería.

El promocional “Solar by Salem” abre de manera magnifica el álbum, es como abordar sonriente el vehículo perfecto hacia un viaje insospechado mientras la expectativa sube con cada acorde. “Waiting for the rain” con su cadencioso ritmo y “We are all alone” con su alegría, dibujan paisajes melódicos de playa y diversión, el viaje nos lleva hasta “Wild penguins go to antárctica” – a manera de climax – esta canción es quizá una de las mejor logradas y al escuchar la instrumentación en conjunto logra emocionarte sin mayor esfuerzo; uno a uno los temas van agigantando el protagonismo de la voz de Valentina y el violín de Roberto, que dan ese toque especial a la música de esta agrupación.

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“The year of hope” habla del trabajo sensato y el talento de una banda de la que no había mayores referencias por ello, S&MS se convierte en una agradable sorpresa. Los elementos a destacar son: la instrumentación no convencional, las composiciones en inglés que refuerzan una idea de universalidad, temas en plan sosegado y una magnifica producción –se grabó en Guayaquil y se masterizó en Estados Unidos–, letras divertidas –quizá vivenciales– que recrean algún anecdótico desamor <<“I have no girl because I hate fighting, I used to believe in fate, my soul is out, my heart is flying”>>. Un conjunto de canciones para compartir, pero que bien podrían musicalizar esos momentos de introversión.

Quiero pensar que esto es solo el inicio de lo que ellos llaman “una propuesta refrescante” y un camino exitoso. Quiero pensar que esta es la primera parada de este placentero viaje. Estoy convencido de que aún hay más aire puro para respirar dentro de la música independiente de Ecuador. La esperanza es lo último que se pierde y este es “The year of hope”.