jose_hidalgo_anastacio_detalle._static._2008.jpg

¿Está la televisión ecuatoriana llena de, valga la redundancia, relleno?

Iba en el auto con mi madre escuchando un programa de radio de esos que se niegan a desaparecer y producen modorra. La mujer del otro lado del micrófono daba un consejo a los padres, sí, el mismo manoseado consejo de siempre: no dejar a los hijos tantas horas frente a la tele porque en pocas palabras los estupidiza. Mi madre al instante saltó con un: "fuuuu ya no es la tele, ahora son los aparatos esos". Lo sabrá bien ella, que no tiene puñetera idea de cómo manejarlos y no entiende por qué los demás babeamos frente a ellos hasta perderlo todo.

La mujer de la radio claramente, según mi madre, no sabía dónde estaba parada. Los niños ya no se estupidizan frente a la tele, no, ahora lo hacen frente a cualquier cosa con pantalla táctil y los menos afortunados, frente a la compu. Listo el asunto. Una droga por otra. Dónde está el lío. Ahora, todo esto trae a colación otra "reflexión". ¿Está la televisión perdiendo campo? Sí. Eso ya lo sabemos. Varios artículos sobre el asunto pueblan la red. La tele se está quedando corta. Lo de hoy es el entretenimiento self-service. Yo elijo lo que quiero ver y a la hora que me da la gana. Yo escojo con qué me voy a estupidizar.

Ahora, más allá del fenómeno mundial yo me pregunto, a nivel local ¿en verdad la tele está perdiendo idiotas? Trataré de ser objetiva en mi análisis dado que es bastante tiempo que no veo tv, ni siquiera cable, por culpa del iPad y otros demonios. Pero por sobre todas las cosas, debido la oferta televisiva nacional. Siempre consideré que tener cable e internet al mismo tiempo es un atentado en contra del ser humano. O lo uno o lo otro, pero no ambas cosas a la vez. Entonces, ¿qué me quedaba una vez habiendo elegido el internet? Pues la televisión nacional. Y no diré que nunca la vi, es más trabajé en ella durante varios años y por fuerza vi mucha tele. Pero hoy más que nunca entiendo el poder de "los aparatos esos". Son capaces de noquear la florida oferta televisiva sin más.

PUBLICIDAD

Sin embargo, desde nuestro sillón pequeño burgués o lo que sea, no podemos ver aún otras realidades. La tele en Ecuador, me atrevería a decir, ha sido reemplazada en un estrato minoritario de la población, la que tiene acceso a internet 24/7. Aunque las estadísticas del INEC hablan de un 35,1% de la población del país que ha usado internet en los últimos 12 meses, eso no implica necesariamente que ese porcentaje tenga acceso constante, muchos son usuarios de redes sociales en locales de internet y otros usuarios esporádicos. Según estas mismas estadísticas, en el Ecuador quienes más acceso tienen a internet son aquellos que pertenecen al quintil 5, el de mayor ingresos, con el 57,1%; aunque del quintil 2 al 4 tuvieron un crecimiento de 14 puntos entre el 2009 y el 2012. No obstante, la tv todavía en Ecuador es la reina del entretenimiento. Así que la señora de la radio no se equivocaba tanto en sus consejos añejos. El problema es que su audiencia pequeño burguesa justamente es la que reemplazó la tele por el internet. Sin embargo, la tendencia mundial es a la baja y por eso es que muchas televisoras están buscando la manera de trasladar sus contenidos a la red o crear nuevas plataformas virtuales para paliar la paliza se que se anuncia. De hecho Gama tv tiene streaming en vivo de su programación.

Entonces, ¿qué está haciendo la televisión nacional para no soltar a sus cautivos? Hace unos días me impuse el ejercicio de ver tele. Me senté una tarde entera a contemplar pedazos de programas y a tratar de entender cuáles eran los cambios medulares en estos dos o tres últimos años. En principio, ninguno. La televisión es repetitiva por antonomasia. Esta llena de fórmulas probadas y de reciclaje infinito, esa es casi su razón de ser. Seguimos con telenovelas mexicanas del año de la pera en horario de planchar, más dibujos animados que veía a los siete años y programas de chismes con presentadores reciclados de otros canales. Así la cosa. Poco ha cambiado, me dije. Esto, porque hace un par de años escribí un artículo justamente sobre la oferta televisiva nacional y llegué a la conclusión de que la tv local se mira constantemente el ombligo, es endogámica, saca contenidos de sí misma y se basa en la repetición y el reciclaje de programas, de ideas, de presentadores, etc. Ello es un fenómeno mundial, un formato que funciona en un lado se clona en otro y así hasta el infinito. Incluso nuestra tv tiene un fenómeno particular: los hijos bastardos que parió Ni en vivo ni en directo y que siguen torturándonos hasta el día de hoy. ¿Alguien  se ha puesto ha contar cuántos son los "nuevos programas" o "nuevas ideas" que salieron de ahí? Mejor no hacerlo. 

Aparte de los programas educativos del gobierno que se transmiten en todos los canales a distintas horas y una especie de híbrido tv-internet que resultaría ser la emisión de los sketches de Enchufe tv y La Descarga (que vendría a ser una idea surgida desde la red) no hay nada nuevo bajo el sol en nuestra tv. La televisión de la realidad es la tendencia mundial y local, realitys de todo tipo, canto, baile, competencias físicas (que son un misceláneo entre programa concurso y reality) y los programas de chismes. Cierto es que algunos canales tienen intentos de refrescarse con propuestas de series de ficción y programas de contenido periodístico/investigativo pero son los menos, la mayoría de la parrilla televisiva está llena de, valga la redundancia, relleno.

Sospecho que lo que no parecería entender la televisión nacional, o al menos que lo entiende a paso tortuga, es que está cambiando la experiencia del entretenimiento y por supuesto, la interfaz. El espectador pasivo está dejando de serlo en el justo momento en el que decide el contenido al que quiere acceder en esa inmensa marea de oferta que es la internet. El espectador pasivo ha muerto. O está agonizando. Sin embargo, dadas las estadísticas, aún queda un gran trecho poblacional que tiene como única opción de entretenimiento a la tv y hoy por hoy, a ese es al que apunta. Se nota una voluntad de empobrecer los contenidos en favor de la espectacularización de la experiencia. Adornar e hiper-exaltar la forma en desmedro del fondo. No obstante, el fuerte de la televisión es seguir siendo televisión.