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"Los monstruos siempre vamos de a uno" 

– Crespo, LAMonstruo

“…No los busques, no los hay, senderos o barcos para ti: La vida que aquí perdiste, la has perdido en toda la tierra" 

– Kavafis

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Su mamá le decía “si tan solo fueras un niño”. Y en un estado de bienestar como Bélgica, Nancy Verheist podía serlo. En el modelo de estado que garantiza oportunidades y felicidad para todos, porqué no tener la oportunidad. De  una beca. De atención médica.  De un cuerpo nuevo. Imagino a Nancy repitiéndose “si tan solo fuese un hombre”. Era una decisión de vida o muerte. "Qué lástima que la gente te dé la espalda si escoges convertirte en la persona que por años llevaste dentro. Si un hombre necesita cambiar por un asunto de género más allá de lo que se ve afuera (…) es una decisión de vida o muerte (…) Qué lástima que la gente me sigue decepcionando".

No sé, pero imagino a Nancy en las  salas de los doctores burócratas. Ojeando una revista masculina con el cuerpo que  quería. O una femenina con el cuerpo que ya no quería. Matando el tiempo mientras revisa su celular. Mirando un televisor que tiene sintonizado el canal público, el educativo, el políticamente correcto,  sin verdaderamente mirar. Imagino a Nancy separando cita. Obteniendo el  ticket con un número. El 3. El 45. El 12.  En las salas de los psicólogos burócratas. De los psiquiatras burócratas. En interminables entrevistas . Llenando interminables formularios. Explicándoles al Estado su necesidad de bienestar. El Estado sabe. De la administración del bienestar. Incluso sabe más que nosotros, de nuestro propio bienestar. Si tan solo fuese un hombre y pudiese acabar con ese cuerpo-sufrimiento insoportable. En interminables entrevistas. Es cuestión de vida o muerte. Y lograr un  estado de bienestar.  Acaso no lo merecen todos en el Estado de bienestar. Acaso no lo merecen todos.  Y Nancy era la niña que nadie quería.  Y allí está el Estado que tiene el deber de querer tu bienestar.  Así no fueras niño. Así no fueras.  No lo sé, pero imagino. Eso sí, de los formularios no se puede prescindir. Hay que dejar evidencia del bienestar. Hay que evaluar si se merece. Si en verdad es cuestión de vida o muerte, si en verdad. Porque el Estado que administra la vida, administra también la salud de esa vida. Cuántos indicadores sube o baja. Calcularlo con fórmulas. Y que después Nancy aparezca en el ranking. En la estadística del bienestar.  Uno no vale si no es estadística. 

Nancy obtiene su cuerpo. No seguramente así, de golpe. Con sufrimiento. Con formularios. Con dificultad.  Ahora es un hombre. "Yo estaba lista para celebrar el haber vuelto a nacer. Pero cuando me miraba en el espejo, me disgustaba mi imagen. Mi nuevo pecho no cumplía con mis expectativas y mi nuevo pene tenía síntomas de rechazo”, "La cirugía (de reconstrucción de los genitales) fue un desastre y afectó funciones vitales. Su calidad de vida mermó considerablemente” .

A primera vista uno no puede imaginar por qué Nancy no siente bienestar. En mi caso, si no hubiese leído el titular,  habría jurado que esa foto era de un hombre. De un  hombre en buen estado. Nada parece extraño, particular, fuera de lugar. Nada parece monstruoso. Si hubiese sido amiga de Nancy, como otros, la hubiese felicitado por Facebook. Le hubiese puesto a su imagen un “me gusta”.  Pero las niñas, las mujeres sabemos. Algo sabemos. Un poco. Un poquito. Si tan solo mi pecho fuese… Si tan solo mi cadera no fuese…Algo sabemos de eso. Un poco. Eso de pararte frente a un espejo y sentirse un poco monstruo una que otra mañana. Un poquito. Un sufrimiento pequeño. No uno grande como el de Nancy. No uno insoportable. O incurable como el de Nancy. Uno más bien pequeño.  Pero al parecer la vida que en ese cuerpo destruiste Nancy, la has destruido en todos los demás cuerpos. 

En el modelo de Estado que garantiza oportunidades y felicidad para todos, porqué no tener la oportunidad de exigir bienestar. De demandar bienestar. Aunque el bienestar se cuestión de muerte. Y Nancy seguía siendo la niña que nadie quería.  Y quería morir.  Y allí está el Estado que tiene el deber de garantizar tu bienestar.  El de todos. Así no fueras niño. Así  fueras un monstruo. Así lo fueras.

Imagino a Nancy nuevamente en las  salas de los doctores burócratas. Ojeando una revista femenina con el cuerpo que  ya no tenía y no extrañaba. Matando el tiempo , ahora literalmente, mientras revisa su página de facebook. Mirando un televisor que tiene sintonizado el canal público, el educativo,  el políticamente correcto, sin verdaderamente mirarlo. 

Imagino a Nancy separando cita. Obteniendo el  ticket con un número. El 14. El 21 El  2.  Mientras piensa. Qué alivio. El 2. Será una corta espera.  En las salas de los psicólogos burócratas. De los psiquiatras burócratas. En interminables entrevistas . Llenando interminables formularios.  Explicando su situación incurable, su sufrimiento insoportable. Su cuestión de vida o muerte. Si tan solo muriese y pudiese acabar con ese cuerpo-sufrimiento insoportable. Explicando su situación en interminables registros en los que el tecnócrata coloca una escala a ese sufrimiento. En una escala del 1 al 5 qué tanto sufre Nancy. Qué tanto sufre.  Porque si es 4, si es 3 le podemos administrar una pastilla. Porque el Estado que administra la vida, es también el administrador de la droga. Qué tanto sufre, Nancy. Y se reporta en un informe de la tristeza.  “La ley sobre la eutanasia  ( en Bélgica) prevé que un segundo médico debe ser consultado antes de que se practique cualquier eutanasia, e incluso, exige que se someta a una tercera opinión para los pacientes que no tienen una enfermedad terminal”  El Estado sabe. De la administración del bienestar. Incluso sabe más que nosotros, de nuestro propio bienestar.  Y se informa en un formulario , seguramente codificado, el EU56,  el EUT67. Con qué objetivo del bienestar se relaciona. Yo no sé pero imagino, porque de formularios y de objetivos de bienestar, algo sabemos. Algo, un poquito. Y a veces en llenarlos también se va la vida. No LA vida, como en el caso de Nancy. Una vida, un pedacito de vida. Uno más bien pequeño.

Nancy solicita al Estado, al doctor 1, al doctor 2, al psiquiatra 3, que le conceda la eutanasia, que le aplique una inyección letal. Y así lograr su estado de bienestar.  En Bélgica, donde la eutanasia es legal si se confirma que el sufrimiento es insoportable. Porque el Estado que administra la vida es también el administrador de la muerte.  Luego las reuniones interminables entre el doctor 1, 2 y 3 en las que se concluye que el nivel de sufrimiento de Nancy es 5. No 4, no 3. Y es incurable.  Y deciden que sí, que Nancy merece la inyección. El Estado sabe.  Acaso no la merecen todos, los que la piden en el Estado de bienestar. Acaso no la merecen todos, no la han merecido los 1432 que la pidieron en el 2012.  Si  Nancy  sigue siendo  la niña que nadie quería.  Y que explica que su vida  iba a estar destruida en todos los demás cuerpos. Y allí está el Estado que tiene el deber de entender que  así no te quieres.  Por mucho que parezca extraño, particular.  Decir cuál es tu desorden según el DSM5, si está aprobado por APA, los que nos dicen cómo debemos citar. Porque los monstruos no vienen de a uno. Uno no vale si no es estadística. Uno no vale si no tiene una clasificación. Pero no te preocupes Nancy. El Estado sabe. De la administración del bienestar. Incluso sabe más que nosotros, de nuestro propio malestar.

Eso sí, de los formularios no se puede prescindir. Hay que dejar evidencia del gasto de esa inyección. Uno que explique por qué hay una menos en el inventario.  Por qué hay 2 menos. Por qué faltan 1432. 

El oncólogo Wim Distelmans aplica la inyección. La inyección que le procurará a Nancy bienestar.  Anota un número. Aplicación de inyección letal 678. 897. O 1432. Y  agregará otro informe que después  indique por qué Nancy no aparece en el ranking del bienestar. En la estadística del bienestar.  Y ahora forma parte del ranking del suicidio. El lugar 12 para ser exactos, que es en el que está Bélgica.  Informe que revisará otro tecnócrata, para evaluar el proceso Nancy. Que tal vez ya para eso no tenga nombre. Será el proceso 678. 897. O 1432. 

En la evaluación, el estadista discutirá si el formulario se llenó adecuadamente. Si está completa la firma 1, la firma 2, la firma 3. Si Nancy entra o no a ser parte de la variable medida  de suicidio, porque se ha operativizado esa variable de otra manera.  Porque al parecer su cuerpo no le pertenecía lo suficiente para suicidarse  por sí misma frente al espejo. Adueñarse de su cuerpo de esa manera, administrar su muerte de esa manera, le parecía monstruoso.  Pero mejor, porque el Estado sabe. El DSM 5 sabe.  Sabe más que nosotros de nuestro propio malestar.  Dejar una carta que hable de Uno y no  un informe con escalas. Una carta que diga, con su puño y letra “Tuve tiempos felices con ustedes, pero el balance de mi vida está en el lado malo”. “Tras la eutanasia, la madre de Verhelst, que no fue identificada con su nombre, dijo al mismo diario que el nacimiento de Nancy como niña la decepcionó. "Era tan fea…Tuve un parto fantasma. Su muerte no me molesta. No siento tristeza, ni dudas ni remordimiento. Nunca tuvimos un vínculo".  El proceso 1432.

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Ya del formulario  sobre el cuerpo muerto tampoco  se puede prescindir.  Porque el Estado que administra la vida, es también el administrador de la muerte.

Fuente: 

https://www.semana.com/gente/articulo/cambio-de-sexo-luego-pidio-la-eutanasia/359654-3

https://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Pa%C3%ADses_por_tasa_de_suicidio

https://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2013/10/131003_eutanasia_belgica_transexual.shtml