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Angustia existencial con cerveza fría. Trastorno múltiple con pipa, ceniza y polvo. Tengo miles de historias pútridas; las del callejón están tucotas. Se cumple la maldición, la perdí otra vez. Elegí extremadamente mal: olor dulce, espeso. Néctar infernal. Impedimentos emocionales. Etcéteras. La regla de que la primera pistola es sagrada no termina siendo lo que uno espera. El resultado, a estas alturas, es un desastre. He aprendido a ver quién viene armado y me cambia un poquito por este celular que ya no necesito.

¿Cuándo podré ser feliz? Perdí el control de la sustancia y ahora solo espero la calma de que llegue el mandado. Y enamorar a Gabriela como al comienzo, corriendo de la cita al paquete ¡Qué imbécil irresponsable yo! No compré fósforos. No la cuidé. Mi reina, mi pajarita, la quemé mal, no la curé y se hizo un hueco.

Aún me ama y yo a ella, como un loco. Voy cagándome –literalmente cagándome porque el vicio te descompone– a verla ¡Ay Gabriela! ¡Puto vicio! No es divertido soportarlo ¡Basura! Mi ritmo cardiaco se acelera notablemente: me obsequiaron dos ratitas y te hago el amor.

Apiádate de mí, turbia noche. Ya no me asusto cuando me triqueo. Me da risa. Sudo mientras me envuelve esa asquerosa paranoia que se convierte en una amante a la que terminas extrañando ¡qué hijueputa!

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Esa esquina está piteada, qué desastre.

Yo estoy piteado, qué mas tengo que perder.

Abrázame, Sobriedad, acolítame.

Dame un beso, Sinceridad, ya no quiero decir mentiras.

Tal como eres me fascinas ¿Recuerdas? Aquel día te di los paquetes para que los botes.

¡No soy feliz ni una chucha! Te quiero a mi lado, loca, loca violencia alucinante. Urgente risa, poder grotesto, los mejores besos, labios húmedos con filtro caliente y dulzón.

Yo era cejón, pestaña larga, apuesto y perspicaz. Las pipas pequeñas me lo quitaron casi todo. Lo lamento y maldigo. Como a las cuatro de la mañana, sin tabaco ni cisco y tambaleándome sueño que te llevo chocolates.

“Hay blanca y verde, socio. Tan propias” me cuenta un pelado esperando que le celebre su compra. Tan de a paloma, no lo puedo creer ¡Bacteria otra vez! Sé que ahora ríe, en unos meses ya verá sus nervios paqueteados; yo ya pasé por eso.

Un vecino espía a otro: Está violando a su perra Bitsy. Eyacula y se caga toda la cama. Morboso y anecdótico. De esas cosas que uno espera nunca ver pero termina acostumbrado. El vicio te lleva a límites asquerosos. Quien diga que un adicto lleva una vida sexual normal, miente. La droga me ha traído a recovecos inimaginables, los polillas son mi círculo social.

Sangré de nuevo. Llego como zombie: “Préstame una camiseta Choclo… ¿Se ve lámpara la herida? ¡Cha madre! Me peleé nuevamente, voy a verla a casa.”

“Estoy saturado, ya no voy a fumar polvo”, me prometo.  No pasan tres días y ya estoy pidiendo las tres por dos y medio.  Te empeñé y te perdí. Ahora lloro acidificado, dolor implacable, obsesión sublime. Se me perdió el borrador y manché mi vida de esas turbulencias de las que que nunca se regresa.

Perdóname por favor, te lo imploro.

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Cómprame otro trago y te cuento.

Recordemos y ámame, dulce amiga.

Me levanto en falso y me desplomo, de verdad. A diario, derrotado, hablando solo o contigo sin tenerte.

¿Que cómo estoy? ¡Yo no estoy!

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Luigi Stornaiolo

Giovanni Burneo