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La noche anterior al partido contra España, antes de mandarlos a sus habitaciones a dormir, Reinaldo Rueda reunió a todos sus jugadores para hacer una charla, con el objetivo de poner en orden algunos de los conceptos que suele tratar con el grupo.

“Muchachos, quiero felicitarlos una vez más a todos por haber sido convocados” —inició su speech Rueda —“recuerden que al grupo no lo selecciono yo; ustedes llegan aquí por Darwinismo puro. Por selección natural. Y la realidad es que la forma en que yo los alineo el día del partido influye infinitamente menos en el resultado que la forma cómo se alineen esa tarde sus constelaciones zodiacales”.

Todos sacaron sus iPads, empezaron a tomar nota y a revisar los apuntes de las charlas pasadas, no vaya a ser que el profesor Rueda les hiciera alguna pregunta. “Jorge, pasa adelante por favor”, dijo el D.T., trayendo al frente a Guagua, uno de los más fornidos. El profe apuntó su dedo índice al pectoral del defensa y dijo: “la física tradicional nos sugeriría que la permeabilidad de una línea de cuatro es inversamente proporcional a la masa de sus componentes”. Rueda presionó con fuerza su dedo en el pecho de Guagua y continuó: “pero, como hemos conversado, la realidad detrás de la materia es la no materia”. El profe prosiguió: “al buscar la última de las partículas subatómicas, el hombre se encontró con el vacío; así que a Iniesta no me lo respeten tanto, que no llega siquiera a ser una masa plenamente sólida”.

– “Psss… entonces nosotros tampoco lo somos”, opinó Felipao, otro de los más corpulentos.

– “Gil”, refunfuñó Pedro Quiñonez, “lo que dice el Profe dice es que no hay por qué temerles; cuánticamente nuestros átomos y los de los españoles están separados por el mismo Bosón de Higgs”.

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– “Más claro, brother: no somos más que un conjunto de destellos cuánticos”, agregó Óscar Bagüí.

“Exacto” –continuó Rueda –”el universo bajo la lupa nos demuestra estar hecho de un vacío muy poderoso. Esas moléculas de vacío, también llamadas partículas de Dios, tuvieron la fuerza de generar el big bang. Y esas partículas también funcionan como una red o entramado que nos atraviesa a todos y conecta absolutamente a toda la creación. Por eso la separación es una ilusión”.

Ruedo hizo una señal y Cristian Noboa conectó su iPod al sistema de audio del lugar. Y empezó a sonar “One” de U2.

El profe continuó: “¿Acaso no somos todos uno? ¿La separación no es acaso un simple espejismo? ¿No soy  también yo Vicente del Bosque? ¿Y ustedes, Sergio Ramos? Medítenlo”.

Rueda entonces tarareó junto a los jugadores la letra de “One”, o al menos eso creyeron estar haciendo todos. Cuando empezó a sonar el siguiente track, “Ser o desaparecer” de Ricardo Pita, Rueda pidió opiniones al grupo respecto a lo tratado hasta ese punto de la charla.

– “Lo lindo, profe, es que todos somos el Chucho”, dijo el Mortero Castillo.

“Exacto, Segundo” –respondió Rueda– “y tú también eres Pelé y también eres Sócrates y también eres la Brujita Verón; por eso quiero que pienses muy bien y me respondas esta pregunta: ¿si esto es así, entonces para qué entrenar? La pregunta no es sencilla. Piénsenlo todos un momentico y respóndanme ¿Para qué entrenamos?”.

“Bájale a la música, Cristian”, solicitó el profe, justo cuando empezaba “Tonto” de Niñosaurios. “Quiero una respuesta inteligente. Échenle cabeza”, pidió Rueda. Por unos segundos el silencio permitió escuchar cómo los saloneros retiraban las bandejas de lo que fue la cena, en el salón contiguo del hotel. Hasta que Walter Ayoví asumió el desafío de responder.

– “Profesor Rueda” –dijo solemnemente el capitán– “nos entrenamos para poder aprender todo aquello que ya sabíamos pero no éramos capaces de percibir que ya lo dominábamos”.

“Brillante, Walter, como siempre” se emocionó Rueda. “Muchachos, es tarde y veo algunas caras de sueño, solo quiero transmitirles una idea más y con esto terminamos: recuerden que también entrenamos para facilitarle a nuestro intelecto la creación de imágenes mentales en las que podamos aparecer como ganadores. En otras palabras, para poder pensarnos victoriosos y en consecuencia, sentirnos triunfantes. Y en ese sentimiento estamos hablándole a la materia de la que está compuesto el universo, a las fuerzas de la creación, permitiéndoles respondernos como un espejo, dando vida a lo que proyectamos. No olvidemos que no solo somos Pelé, muchachos, también somos Pelé García y debemos transmitirle al universo como cuál de los dos debemos rendir el día del partido”.

Todos escucharon muy concentrados, menos Pedro Quiñónez a quien esta última parte le pareció aburridísima y se quedó totalmente ruco.

–  “¿Qué hago aquí, doctor?”, dijo Pedrito, al despertar en la camilla de la Emergencia de la Clínica Alcívar.

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– “Acabas de llegar del Monumental. Recibiste un manotazo de Banguera al terminar el clásico, has estado delirando inconsciente”, respondió el doctor tratando de calmarlo.

– “¡¿Y ahora, la selección?!”, se alarmó el capitán azul.

– “Esto es solo temporal, no creo que peligre tu convocatoria”, dijo el doctor al tiempo que le administraba un suero.