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¿Sueñan los medios nacionales con la muerte de los ídolos populares?

El lunes el Ecuador amaneció con una noticia tan triste como inesperada.

Desde el Medio Oriente se confirmaba la muerte de Christian Benítez. El “Chucho” tenía veintisiete años y había jugado la tarde del domingo su primer partido con El Jaish, equipo de las Fuerzas Armadas del Emirato de Qatar.

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La muerte del Chucho -atribuida en primera instancia a una peritonitis no atendida- desencadenó la parafernalia mediática más brutal de la historia reciente.

A medida que la semana avanzaba, las teorías sobre las causas de la muerte de Benítez se multiplicaron y los medios de comunicación le dieron amplísima cobertura al caso. El país estaba consternado. Y eso no podía dejar de aprovecharse.

Así, durante una semana, el país vivió entre las posibles explicaciones médicas, los tributos y la búsqueda de noticias de los padres, los hijos y los amigos del delantero ecuatoriano.

Se anunció que el jueves llegaría el cuerpo de Christian a Quito. Tras salir de Catar a las 4:00 am (hora local) finalmente estuvo en Ecuador el viernes a primera hora de la madrugada.

Los medios desplegaron varios equipos para cubrir la llegada a Tababela, su traslado hasta el Coliseo General Rumiñahui y, el viernes temprano, comenzó la cobertura ininterrumpida del velatorio de Benítez.

Un festín mediato sobre sobre la vida y la muerte del once de la selección comenzaba.

Ecuavisa había dedicado su programa de entrevistas políticas y de coyuntura a entrevistas emotivas de quienes conocieron a Benítez y a las posibilidades de su segunda autopsia. Esto, luego de haber transmitido durante toda la madrugada la visita del féretro al complejo del Club Deportivo El Nacional, equipo en que se formó y donde jugó, también, su padre, Ermen, la Pantera.

Toda la semana fue lo mismo, decía un taxista. No había parado el bombardeo con la misma información en la televisión, ni en la radio. Una y otra vez. Ya era demasiado, repetía, que dediquen todo a él.

Bajo los paradigmas de la competencia mediática ningún medio se comportaba diferente.

Todos relataba, sin precisión, lo que se sabía del vuelo, del velorio, de la primera autopsia, de la segunda, del entredicho de los resultados de ella. Todos lo tenían en portada, todos escarbando en la vida y el dolor ajenos, camuflado bajo el ropaje del tributo y el respeto.

En un reportaje de Teleamazonas, Jorge Rodríguez contaba cómo el fallecimiento de Benítez incrementó la venta camisetas, discos con sus goles, entre otros objetos conmemorativos, agregando a estos la venta de periódicos en los que no hubo día en el que el “Chucho” no fuera portada. Será imposible olvidar la portada del inefable Diario Extra: “¿POR QUÉ CHUCHO TE FUISTE?”

Sin desvalorizar la experiencia de los productores de noticias, es lamentable que se siga pensando que el sencionalismo y el exceso de algo conmovedor es lo que quiere ver la gente. Detrás de la pantalla o desde la sala de redacción se piensa que hay que ver llorar para hacer llorar.

A pesar de que hubo medios que respetaron el pedido de la familia de no tomar fotos al cadáver no se dejó de grabar en ningún momento, ni se dejaron de hacer tomas detalles a quienes lo lloraban, a quienes se quebraban, a quienes se abrazaban buscando una explicación a lo que pasaba. Nada lo cortaron, todo lo pasaron en vivo, que es la manera más fresca de transmitir el arte de la carroñería en que se ha convertido la muerte de un personaje público.

Hoy en día, el periodismo parece estar convertido en simple “información espectáculo” -como la definiría Kapusinscky- que es tomada para producir una cadena de lucro. Lucrar de cualquier empresa mediática no tiene nada de malo, por supuesto. La cuestión radica en qué tanto se sacrifica a la práctica periodística para lograr esa ganancia. Cuando el periodista debe olvidarse de las víctimas para poder vender más ejemplares, o subir los puntos de rating, entonces deja de ser peridismo y se convierte en mercenazgo. Es la misma diferencia entre la forma en que cazan los halcones y rapiñan los buitres. Es un mal que se ha extendido por todo el mundo. Basta recordar los casos recientes de la foto de Hugo Chávez o del tratamiento de las víctimas del accidente ferroviario de Santiago de Compostela.

La semana pasada, en el Ecuador, los medios pintaron de humanidad sus intereses comerciales.

En el programa En Contacto de Ecuavisa uno de los presentadores decía «Qué fácil que es criticar del otro lado», refiriéndose a las críticas recibidas por su transmisión ininterrumpida, mientras otra presentadora decía que todos estaban tristes pero no podían olvidarse de sus auspiciantes y mencionaba una marca de shampoos.

El viernes 2 de agosto de 2013 pasó a la historia del periodismo nacional como la más retorcida de las jornadas informativas.

El morbo se desbordó con la publicación de la foto de Christian Benítez en el ataud, que apareció en la versión digital de Diario Hoy, contrariando el expreso pedido de su familia. Muchos internautas pudieron constatar el hecho durante “sólo 20 minutos”, según el diario, pues luego borraron la imagen alegando que habían recibido insultos en twitter por una foto de AFP. En ese mismo portal,en la página de inicio, aparecía un anuncio del libro sobre la vida de Benítez que en menos de cinco días de su muerte el diario estaba ya vendiendo y que se puede encontrar, conforme decía el aviso, “con el canillita más cercano”.

Gama, canal administrado por el Estado, transmitió con dos corresponsales en el General Rumiñahui. Ambos narraban lo que la gente veía ya en televisión. “Antonio Valencia llora a su amigo”, “a Ermen Benítez se lo había notado fuerte, pero ya se quebró ante el féretro de su hijo”. Siempre mantenían el rostro y el tono compungidos que suponían la corrección política les exigía. Mientras tanto, un ejecutivo de un canal guayaquileño, aseguraba que la muerte de Benitez le había dado “diecisiete puntos de rating” en sus noticieros de la media tarde.

¡Qué pena que se murió el Chucho, pero gracias por el rating, cómprate el libro y revienten en visitas -así sean indignadas- el sitio web del diario!

El luto nacional entendido como una oportunidad lucrativa.

El mismo día del velorio. dos amigos bebían en una tienda de Guayaquil. El uno vestido de Emelec, el otro de Barcelona, comentaban cuán tenaz era la cobertura periodística.

Nuestros medios se siguen nutriendo de las imágenes, de los mismos discursos que rodean la muerte, usando las mismas canciones para acompañar al “amigo que se va”, escogen las mismas palabras, parece que tuvieran un “ready-made” periodístico para la desgracia, el amor, el triunfo y la tristeza.

Mientras tanto, suprimieron y redujeron las demás noticias a escalas ínfimas. Había que preferir lo que daba más. Había que esquilmarle, así sea por última vez (o hasta que se cumpla el primer mes o el primer año), unos centavos al héroe caído.

Ha sido evidente cuánto influyen los medios en la trascendencia de un personaje, pero hoy más que nunca ha quedado evidenciado cómo esos personajes son carne de medios. De cuan poco importa el prestigio cuando se trata de rating.

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Fotografía: Pablo Cozzaglio.

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