¿Qué pasó con las autonomías?


UN CABLE A TIERRA EN UN PAÍS POLARIZADO

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@HenryRaad

El concepto de las llamadas autonomías surge en la Constitución de España de 1978. Fue César Coronel Jones, un prestigioso catedrático de la U. Católica de Guayaquil quien comienza a difundirlo en su cátedra. Es un término intermedio entre el federalismo y el estatismo atosigante implementado por el Generalísimo Franco allá en el Madrid absolutista. Quienes comprendimos la idea comenzamos a usar esa mágica atracción que el término autonomías ejerce en Guayaquil en reemplazo de esos verbos indefinidos como lo son “descentralizar y desconcentrar” que resultan vacuos y puramente burocráticos. Se evitaba así evocar la palabra separatista que está implícita en aquella frase impresa en el escudo de la ciudad que dice “Guayaquil Independiente”. Ya era tarde para eso que se le fue de las manos a J.J. Olmedo porque, siendo poeta, no supo manejar las armas.

Fue el matemático Juan José Illingworth –cuando estuvo a cargo del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEN) durante el gobierno de Sixto Durán-Ballén– quien destapa y publica cifras estadísticas respecto a la realidad del país en el Censo de 1.990. Ahí quedó gráficamente demostrado la inequidad regional. Esos indicadores eran: agua potable y aguas servidas, energía eléctrica, teléfono, escolaridad, camas hospitalarias. Se elaboran mapas de pobreza que destapan la cloaca y logran que la palabra “autonomías” prenda con fuerza incontenible por la indignación en Guayas.

La Consulta Popular celebrada en el Guayas del 23 de enero del 2.000 donde se logra un 94% de la votación a favor de las autonomías. También, avanzando en zancadas, debo mencionar la Marcha de las Autonomías celebradas el 23 de enero 2008 que coincidió, ocho años más tarde, con la fecha del pronunciamiento del Guayas en la citada Consulta.
Jaime Nebot mide fuerzas con el nuevo Gobierno, y convoca a una impresionante marcha, cuyo objetivo era dar apoyo a otra marcha que simultáneamente se dirigía a Montecristi, a presentar una tesis autonómica para que sea discutida durante la elaboración de la nueva Constitución de la República. Esa marcha fue frenada y disuelta por la policía en el sitio llamado La Cadena, que está ubicado en donde la provincia de Manabí alinderaba con la todavía provincia completa del Guayas. Fue una jornada ferviente que ya no ha vuelto a repetirse. Fue el clímax. La Constitución de Montecristi salió capada en esta materia de equidades geográficas. El centralismo salió fortificado.

El problema de las marchas pro autonomías no es organizarlas, sino lo que debe seguir después. Jaime Nebot no pensaba en ello pues galopaba en su caballo de batalla con aquello de la autonomía al andar. Nada de teorías sino de practicidad para asumir la carne sin hueso que ofrecía la oportunidad y así logra la construcción del nuevo aeropuerto de Guayaquil, el Terminal Terrestre el Registro Civil y sus slogan de “más seguridad”, “más salud”, “más ciudad”, lo cual le dio muchos réditos por la visibilidad que otorga el cemento, la arquitectura y el adecentamiento urbano. Era una modalidad aplicada a la capacidad de Nebot de mantener sus espacios en la pragmática y compleja realidad política del Ecuador. Una modalidad que despertaba la furia del régimen. La Junta Cívica del Guayas se mimetiza detrás de las faldas del líder socialcristiano y la ciudad queda a merced de lo que Jaime Nebot logre hacer. Todo lo conceptual se derrumbó y se escabulló detrás del súper alcalde, sin considerar los peligros y avatares que la política entraña. Y pasó lo que pasó. Rafael Correa se afianzó a nivel nacional, y comenzó ejecutar obras de cemento en la ciudad, por encima y sin sincronizar de la autoridad municipal, ni aún en lo más primario, como lo es el uso de suelos. Adecua sedes gubernamentales a donde le viene en gana a espaldas de los permisos municipales o construye avenidas para acceso a las zonas invadidas.

El Presidente Correa, ya afianzado en el poder comienza a enfilar verbalmente en sus sabatinas contra la Junta Cívica de Guayaquil y crea la Junta Cívica Popular, presidida por el gobernador de la provincia, Roberto Cuero, un dirigente barrial que tenía a su orden a una masa de ciudadanos que tenía la potencialidad amenazante de organizar disuasiones callejeras no controlada por la policía que el mismo Gobernador manejaba. Ya no solo se fustigaba a los llamados pelucones ubicados en Samborondón, sino que se arremetía contra cualquier disidencia . El 29 de diciembre del 2009 caen presos Giancarlo Zunino y Félix Pilco –presidente y expresidente de la Nueva Junta Cívica de Guayaquil– por portar carteles que eran transportados para una manifestación que nunca se llegó a dar. Los carteles declaraban a

Correa persona no grata en Guayaquil. El perfil de poca tolerancia y abusos de poder bajo una publicidad nunca antes vista en la república, amedrentan y no solo que aplaca el discurso del Guayas sino que lo ponen fuera de la agenda. La autonomía es él y con dedicación, talento y empeño, controla todos los rincones de las antes distintas funciones del Estado. Despliega una muy amplia obra pública por encima del alcance municipal; se convierte en el Gran Alcalde viajero y con 37 ministerio se entromete en todas las esferas posibles. Si el aeropuerto de Tababela no estuviese bajo la esfera de alguien supeditado y tan vinculado a su partido como lo es el alcalde de Quito, Augusto Barrera, hubiese hecho lo que era necesario hacer en ese momento: rediseñarlo todo.

Mientras tanto en la Senplades se teje y se maneja el diseño de un férreo control burocrático, con la espera de que un gobierno de tecnócratas, maneje centralizadamente todas las intimidades del poder. Ellos calculan que eso sucederá en cualquier momento cuando las vacas flacas lleguen. Los burócratas son como la cucarachas que sobreviven a todo. Por ahí ronda el proyecto COOTAD que pretende un rediseño total de la geopolítica del Ecuador, dejando a las provincias solo para efectos folklóricos y creando jurisdicciones de escritorio ajenas al sentido de pertenencia regional.

Durante estos seis años ya transcurridos del gobierno de Rafael Correa, la Capital asumió mucha más centralidad derivada alimentada por el petróleo y por el crecimiento de una aparato público muy mejorado salarialmente y expandido hasta el último rincón del quehacer nacional. La Capital pasó de largo a ser el centro económico del Ecuador y ya siente como la juventud preparada en Guayaquil y en otras ciudades del país emigran a la Capital en busca de insertarse en el todo estatal. Para el 2020 la Capital superará en población a Guayaquil y, si la actual proyección política económica se mantiene, el sector público global superará con largueza a la economía privada, y en eso a sabiendas que gran parte de ella será dependiente del Estado y contratada por este gigante que se alimenta bajo eso que ellos denominan “cambio de matriz productiva” que es una de las principales herramientas de la famosa Revolución del siglo 21 y que consiste en la transferencia de la economía privada al sector público.

Otro hecho a destacar es cómo entidades que nada tienen que ver con la geopolítica y las vivencias históricas del Ecuador, como el Consejo Nacional Electoral, subdivide las ciudades y las provincias a su antojo, sin que medie otro factor aglutinante que el derivado del cálculo electoral derivado de método de asignación de los asambleístas y concejales. Las parroquias como concepto pierden su razón de ser.

Así logran centrifugar al Ecuador por encima de cualquier deseo autonómico que quiera brotar. La ley de reestructuración territorial contemplada en la COOTAD fue de las primeras que tenía preparada la Senplades, y está rellenada de términos engañosos y pomposos como denominar “Gobiernos Autónomas Descentralizadas” a los Municipios y Consejos Provinciales. Realmente no son autónomos y se usa el término solo para camuflar una rígida reglamentación llena de detallas que contiene esa ley y que subordina a las autoridades locales a placer de lo planificado por la Senplades, órgano centralizador con mas presupuesto que muchas provincias del Ecuador.

Pero las autonomías responden a un sentimiento de autoestima personal y regional. Estarán ahí, latentes por encima de cualquier fórmula que tarde o temprano decantarán por gravedad. A mi criterio las autonomías no han muerto. Duermen esperando que la burbuja política y económica estallen, y entonces resurgirán con inusitada violencia. El Generalísimo Franco intentó aplastar  a Cataluña. Hoy los catalanes están a pocos centímetro de llegar, debido a la crisis, más lejos de lo que ellos mismos imaginaron. Guayaquil siguió adelante luego de la Revolución Juliana, de los Gobiernos Militares, y de los tantos incendios y contrariedades históricas que la forjaron.  No se si viva para contarlo, pero si vivo para describir lo que inevitablemente sucederá.

 

 

Henry Raad