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@ElMediodia

Porque el mundo es cruel e injusto el día sábado 12 de enero de 2013 me tocó trabajar para “recuperar el feriado de año nuevo”. Por más productivo que resulte el día, trabajar en oficina un sábado será siempre odioso, más aún si la noche anterior uno agarró poco sueño y, en el apuro de la mañana, omitió desayunar. Cerca de las 11:00 esta mezcla de chuchaqui seco y “la leona” me tenían en un estado en que mi imaginación me proyectaba trepando por las paredes de la sala de reuniones en la que me encontraba cautivo. En mi rescate, para mi gran suerte, aparecieron vía Twitter los queridos amigos @AndresCrespoA y Daniela Gaviria, la popular @edipamaas.

 

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Establecimos hora y coordenadas. Pasada la una de la tarde en todo Coronel y Vacas Galindo, cerquita de la Clínica Alcívar, en el “Arrecife del Sur”, como lo llamó Crespo –cuyo nombre certero es Gran Arrecife. Minutos más minutos menos, llegué, y encontré a mis amigos plácidamente sentados en una mesita para dos –y sólo para dos- personas-. El sitio estaba REPLETO, así que mientras hacía de ojo seco por si se levantaba o aprestaba a levantar la gente de alguna mesa, decidí que aplicaría la tradicional solución de comer parado –la mesa era de bancos altos. Al rato se levantó una pareja y con algo de malabares tomamos posesión de una mesa más adecuada. Crespo me había vendido la idea de la bandera de este sitio, y a eso fui. En la entrada vi que anunciaban seco de pato y por un momento me debatí entre esas dos opciones; siempre ecléctico, intenté agregarle una presa de pato a la bandera, pero aquello no fue posible. Eso fue lo único que no se me permitió; la bandera de Gran Arrecife se la puede armar la medida del comensal, con las múltiples opciones de cazuela, cebiche, guata y seco disponibles. Tras darle la vuelta me decanté por armar una potente combinación de cebiche de churo (caracol de mar), cebiche de concha, cebiche de pulpo, cazuela de pescado, seco de chivo y arroz. El pana que tomaba la orden me advirtió que me preparara para lo que se me venía. Daniela y Andrés arrugaron con la bandera y se pidieron una ensalada de mariscos, cada uno.

Al toque llegó una sopita de zapallo, que era la “cortesía del día” –aparentemente, hay algo distinto cada vez. Una sopita casera, rica y sencilla, que elevaba su sabor con unas cucharadas del competente ají que ofrece el sitio. A reglón seguido llegaron las bielas y, consecutivamente, las ensaladas de mis panas y mi vigorosa composición de bandera.

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La ensalada se componía de una base de aguacate limón, sal, y algo de tomate, cebolla y verdura. El juguito de la ensalada tenía el color verde del aguacate, del que además tomaba su consistencia un tanto espesa. Un acierto de Daniela y Andrés; esta ensalada es un platazo, una suerte de cebiche de mariscos al aguacate. Salvo que tengan aversión por el aguacate, vale la pena que prueben esta ensalada apenas tengan chance.

Algo sobresaliente, tanto en la ensalada como en mi bandera, es la delicadeza de la cocción y corte de los mariscos. El pulpo, de cuya ingesta Daniela se precia conocer bastante por su condición de exiliada en Cataluña, aprobó el examen de calidad. En mi plato pude apreciar exactamente lo mismo con el churo, apenas cocido y cortado en láminas de grosor moderado, que mantienen su sabor natural y una textura que sin ser la de un marisco crudo se encuentra a años luz de esa versión cauchosa que suelen ofrecernos por igual en restaurantes aniñados y huecas. La cazuela, elaborada con albacora, amerita incluso ser probada en un plato independiente. El seco de chivo me pareció bastante bueno -algo dulzón- pero sin alcanzar la intensidad de sabor que me suele atraer en este plato; a pesar de ello, para tratarse de un sitio especializado en mariscos que ofrece armar banderas, el sequito acompañó bien, junto al arroz color “amarillo J&B”. Tanto el mesero como mis amigos tuvieron ciertas dudas de que pudiera dar cuenta completa de esta bandera, pero el nivel de hambre que me manejaba me permitió estar a la altura de las circunstancias.

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A la salida decidí charlar un momento con Óscar Orlando Jordán, dueño del sitio, quien lo primero que hizo fue preguntarme si era yo quien había pedido esa mangajada de bandera. El negocio empezó más pequeño en el mismo local, hace apenas 4 años, en los que ha debido ampliar dos veces el sitio por su ascendente popularidad, especialmente con las cazuelas, ensaladas y las banderas. Los precios son razonables; en el caso de las banderas dependen de qué cuánto y qué variedad de ingredientes se usen para armar el plato. La mía, armada para cubrir mi hambre, salió por encima de los siete dólares, muy bien pagados. Lo mismo pueden hacer ustedes; vayan a Gran Arrecife y confeccionen al instante una bandera a la medida de su hambre y sus preferencias del día. Es un triunfo asegurado.

Ficha Técnica

Nombre: Gran Arrecife

Ubicación: Coronel y Vacas Galindo

Horario: 9h00 a 15h00

Precios: cebiches, de 5 a 8 dólares; ensaladas, de 5,50 a 8 dólares; guatita, 2,40 dólares; cazuelas, de 2,50 a 6,50 dólares; seco de chivo 3,20 dólares y de pato 5 dólares; banderas, se preparan mezclando porciones que van de 0,50 (arroz) a 3 dólares (la porción de pulpo)

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Rafael Balda Santistevan