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@AlbertoAcostaE

Quito, a 25 de diciembre del 2012

Estimado Juan Fernando, estimados lectores de Gkillcity.com,

Recién hoy, en medio de la pausa navideña, he podido leer con detenimiento la carta pública que me enviaste hace unas cuantas semanas. Como tú comprenderás es difícil atender todas las cartas y comunicaciones que se reciben en medio de una jornada tan intensa como lo es una campaña electoral.

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Tu carta abre una oportunidad para debatir públicamente algunos temas de importancia.

 

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En primer lugar es necesario afirmar que la Constitución de Montecristi es el resultado político de un proceso histórico que en el Ecuador nos remite a los últimos decenios posteriores al retorno a la democracia. A lo largo de todos estos años, el país atravesó por una constante situación de crisis tanto política e institucional, como de la economía nacional. Gran parte de la responsabilidad sobre este periodo de crisis es de una clase política que dio las espaldas a la gran mayoría de la población, al instrumentar de manera ortodoxa un amplio recetario de medidas de ajuste estructural y desregulación, en gran medida impuesto desde los organismos financieros internacionales.

Al igual que en otros países latinoamericanos, la aplicación del modelo neoliberal en el Ecuador no condujo al crecimiento, estabilización económica, generación de empleo y reducción de la pobreza como se había prometido. Por el contrario, con el desmantelamiento paulatino del Estado desarrollista redistributivo y la subordinación de la sociedad en su conjunto a las relaciones de mercado, las condiciones de vida de la mayoría de la población sufrieron un grave deterioro a medida que se agudizaban las condiciones de  explotación, tanto en zonas urbanas como rurales, a la par de un mayor encadenamiento a la extracción de recursos naturales. Este periodo, como tú sabes muy bien, culminó con la grave crisis económico financiera entre 1998 y el 2000 y la imposición de la dolarización, durante el gobierno de Jamil Mahuad. Gobierno, cabe hacer memoria, integrado en ese entonces por innumerables representantes de la banca, como el actual candidato-banquero Guillermo Lasso.

El proceso constituyente, buscó sentar las bases para un nuevo acuerdo social y un nuevo esquema de organización social distinto al esbozado durante todo el período republicano: el Buen Vivir o Sumak Kawsay. El Buen Vivir se aparta de las ideas occidentales convencionales del progreso, y apunta hacia otra concepción de la vida, otorgando una especial atención a la Naturaleza. No se trata de un acto de conciliación mirando al pasado, sino todo lo contrario. Marca un proyecto de país que emerge libre de la colonialidad del poder, del saber y del ser. Finalmente, la novedad de la Constitución está en que este nuevo proyecto de país no pretendía simplemente corregir los excesos del neoliberalismo, propone un cambio civilizatorio, o sea, la utopía.

El Buen Vivir nos plantea un concepto de comunidad donde nadie puede ganar si su vecino no gana. La concepción capitalista es exactamente la opuesta: para que yo gane, otros tienen que perder.

Son innumerables los reconocimientos que a nivel mundial ha recibido nuestra Constitución, por los grandes avances realizados en materia de derechos, garantías y libertades. Por supuesto, la Constitución por sí sola no es condición suficiente para que sus contenidos se respeten y cumplan. Hace falta necesariamente de gran voluntad política y de una extensa apropiación ciudadana de la misma, para que ello acontezca. Lamentablemente el gobierno actual, que en un inicio se declaró como el más ferviente defensor de la Constitución, es hoy por hoy su principal enemigo.

En segundo lugar, debo decirte con firmeza que nosotros no somos una izquierda “idealista”, como la llamas, o “infantil” como sostiene el todologo de los sábados.  Somos una izquierda que nunca ha perdido el horizonte profundamente democrático que corresponde a sus principios y convicciones, a pesar de que señalas varios ejemplos históricos en los que la izquierda ha devenido en todo lo contrario. Esas experiencias históricas han sido superficialmente atribuidas a todas las izquierdas, lo cual es, desde mi perspectiva, un error analítico de generalización.

La izquierda coherente con su historia obtiene enormes lecciones, mediante un proceso constante de autocrítica. La izquierda a nivel mundial se encuentra viviendo un proceso de revitalización tanto teórica como política, en un momento de crisis del capitalismo en tanto fundamento de la civilización moderna. Esta reflexión estuvo muy presente al inicio de la Revolución Ciudadana. Lamentablemente las inclinaciones caudillezcas y autoritarias personales del presidente, han conducido a la decadencia de todo este proceso.

La concentración de poderes; la persecución a quienes disentimos o somos críticos, la criminalización de la protesta de trabajadores, indígenas, campesinos, estudiantes, mujeres, periodistas; el creciente saqueo de los recursos naturales; la corrupción; la inseguridad; la falta de confianza de la población en sus instituciones, no son cosa nueva. Lo que vivimos actualmente es la prolongación de las derivas autoritarias presentes a lo largo de la historia en todos los Estados capitalistas de consistencia oligárquica, tanto en Ecuador como en toda América Latina. Han cambiado los rostros, pero las estructuras de injusticia y desigualdad se mantienen intocadas. Aunque el gobierno de Correa le cante al Che Guevara, nunca los sectores de poder han recibido mayores beneficios que durante el periodo actual. Aunque a tu pesar la vía ensayada actualmente no es la neoliberal, los fines son los mismos aunque sean diferentes los caminos. Atravesamos el más ambicioso proyecto de modernización capitalista de la historia republicana.

Ante esta situación, nosotros, los pueblos y nacionalidades, las organizaciones políticas y sociales, luego de un proceso democrático  colectivo  -si, colectivo, porque creemos que la Historia la construimos los seres humanos de manera colectiva; asumimos el desafío de construir una sociedad democrática que forje el Sumak Kawsay o Buen Vivir, que no es una simple alternativa de desarrollo, sino una alternativa al desarrollo. Esto demanda el ejercicio de la soberanía nacional en todos los órdenes,  el establecimiento real de un Estado Plurinacional y la socialización del poder.

Te invito, e invito a las y los lectores de Gkillcity.com, a conocer el programa de gobierno de la Unidad Plurinacional con mayor profundidad: http://albertoacosta2013.com/plan/

Reconocemos y aceptamos todas las voces, todas las críticas, todos los disensos.

Saludos cordiales,

¡Siempre más democracia, nunca menos!

Alberto Acosta

Candidato Presidencial de la Unidad Plurinacional

Alberto Acosta E.