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@nomediganrosita

Confirmado, esto es un artículo y deberían leerlo. Se los digo porque la veracidad de los datos anda en decadencia, todo es efímero, mutable; confirmo además que esto está aquí para ser compartido, insisto tanto, porque en la actualidad ya no existen afirmaciones, existen ambigüedades, todo es una carta abierta, un contrato sin firma.

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“Ser de palabra” ahora es ser leyenda, miles de mensajes son gastados en confirmar citas hasta el último minuto: ¿Ya llegas? ¿Seguro vienes? ¿Entonces voy? ¿Ya estás ahí? Y la peor de todas: “Avísame cuando salgas, para salir”. Está científicamente comprobado (por mí) que diez de cada diez “Avísame cuando salgas para salir” son contestados con “ya estoy saliendo, sal” y a veces no conformes con eso, se rematan con “ok, ya salgo”. ¿Vale la pena gastar letras en redundar tanto? Muchas veces, sin darme cuenta, me encuentro enredada en esta situación y recuerdo los días en que una sola llamada bastaba y pienso que, si en lugar de gastar tiempo confirmando, solo hiciéramos las cosas, toda la sociedad funcionaría mejor.

¿Por qué necesitamos tanta confirmación? En la actualidad no es posible coordinar algo y confiar en que se hará, me ha pasado que llamo enojada a reclamar porque alguien no hizo alguna cosa en la que se quedó, y me responden que, como no confirmé, pensaron que ya no debían hacerlo. ¡No piensen, actúen! No puede ser posible que las cosas ahora se hagan con rastreador, marcando presión, convirtiéndonos en máquinas de escribir mails y hacer llamadas; las agendas ahora no se llenan con hechos, sino con supuestos en donde abunda el verbo “confirmar”, los cronogramas se suicidan, las rutas críticas entran en estado de coma y las personas irónicamente pasean solas mientras “hacen tiempo” esperando. Sería muy cómodo que el tiempo se hiciera. ¡Pero no! El tiempo transcurre, se va, se esfuma.

¿Qué es lo que nos ha llevado a confirmar y reconfirmar una confirmación? La respuesta es la facilidad de comunicación, aunque sea lo más absurdo que hayan escuchado en su vida. La comunicación es una mantis religiosa que se come la cabeza de su igual, matándolo mientras él, extasiado, piensa que todo está bien; somos caníbales wireless y nos consumimos unos a otros sin tocarnos, matando las ideas, los procesos y los ciclos, sometiendo a nuestra especie a la angustia de la incertidumbre, mientras lo que en realidad anhelamos es tranquilidad. La comunicación mata a la comunicación, es un perder – perder.

Dicen que desde que se inventaron las excusas, nadie queda mal y yo afirmo que desde que se inventaron los mensajes y llamadas de celular, todos quedamos mal y a nadie le importa.

 

Rose Regalado