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@nomediganrosita

Vivo en Quito, y no imagino mi vida sin música, soy una amante del rock, del indie, del funk, del blues, del grunge y de sus fusiones; durante años he tenido la esperanza de que algún megaconcierto llegue a Ecuador y ha sido una frustración constante el darme cuenta de que en el mapamundi de los artistas, Ecuador es tan chiquito e insignificante que se esfuma.  Tengo la sensación de que los managers todavía creen que estamos ubicados en África o que vivimos en árboles en un lugar en donde jamás se podría pensar que existe gente interesada en un concierto. Vivo rodeada de quejas (incluidas las mías) al ver que mis ídolos musicales saltan de Perú a Colombia constantemente,  sin regresarnos a ver.

Ecuador es un país caro para producir y traer espectáculos, es necesario rentar cierta infraestructura de luces y audio que no tenemos aquí y que los grandes artistas exigen, además de los altos aranceles que se deben pagar.  He asistido a conciertos de los pocos artistas que han llegado y aunque he gritado y llorado de la alegría al ver a artistas de la talla de Deep Purple o Santana, el vacío que me ha causado la falta de entusiasmo del público, muchas veces me ha dejado con una sensación de vacío enorme.  Es cierto traer a los artistas cuesta mucho, nos quejamos de nuestra mala suerte, pero la verdad es que somos un público terrible y aunque me duele decirlo, no nos merecemos que los megaconciertos y artistas de talla internacional lleguen.

Quito es la ciudad de los faranduleros musicales, me atrevería a decir Ecuador, pero sería un error mío juzgar, pues no he asistido a espectáculos en otras ciudades de mi país (exceptuando el concierto de Soda Stereo en Guayaquil, pero no cuenta, porque estaba lleno de quiteños).  Cantidades de personas yendo a conciertos en los que reina el silencio del público, en donde las canciones que no fueron hits no se corean, en donde a los 3 minutos de insistir para que el artista cante otra canción, se cansan y se van.  Somos un público sin iniciativa, y sin cultura musical, la gente va para tener la foto de que asistieron, los verdaderos fans hacen un esfuerzo por pagar la entrada más cara y les toca mezclarse con gente que va a la misma localidad sólo porque tienen dinero y necesitan aparentar. ¡Canten chucha! ¡Tienen el mejor puesto, aplaudan, hagan algo!

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Acabo de llegar de Chile, fui a Santiago al Festival “Lollapalooza” el cual contaba con un line up bastante diverso e interesante; para los melómanos, cualquier propuesta musical es digna de ser escuchada antes de ser juzgada. Me encontré esperando ansiosamente la salida de los artistas bajo el peso de un sol que nos regalaba 32 grados centígrados promedio, corriendo de escenario en escenario para alcanzar a escuchar las bandas que más me interesaban, haciendo filas enormes para llenar mi botella de agua y abandonándolas casi al llegar para no atrasarme a ver a alguno de los artistas.  No estaba sola, todos hacían lo mismo, tenían la misma pasión, las mismas ganas, me sentí acompañada y envuelta de entusiasmo; fueron 22 horas de música divididas en dos días, con un público insistente e incansable, con artistas que se iban orgullosos del escenario y llenos por el calor de los aplausos.   El plato fuerte del festival fue el concierto de Foo Fighters, quienes estuvieron en el escenario cerca de 3 horas y el regalo más grande para mí, aparte de sus canciones, fue escuchar a su vocalista Dave Grohl decir “I like you, you’re really loud”, seguido de la frustración de escuchar que quería regresar a Santiago y saber que yo no voy a estar ahí.

Muchas veces imagino a los artistas que han venido, contando a otros su experiencia; Veo a Steven Tyler diciendo a Thom Yorke “No vayas, esos huevones seguro sólo van a cantar creep”. Y me martirizo pensando en que leen las reseñas, ven los videos y luego los comparan con los de otros países y los escogen a ellos.  Quizá sea sólo mi imaginación, o la adrenalina del “Lollapalooza” corriendo por mi sangre, pero comparo mis experiencias y no puedo dejar de pensar en que como público dejamos mucho que desear y que para los ecuatorianos es muy caro poder asistir a un megaconcierto, y lo seguirá siendo mientras tengamos que pagar el pasaje de avión, la entrada y la estadía.

Rose Regalado