(Resumen gráfico 2003-2012 y crónica en 2 tiempos del 9 de Febrero aniversario del fallecimiento de Julio Jaramillo.)

 

Vol. 1 2003

9 de febrero. Cementerio General. Puerta 13. Entro esperando alcanzar algo de la celebración de su muerte. Escalinata. Pintores de lápidas. Grupos de personajes en los callejones, en las esquinas, en los balcones. Sonido de guitarras y maracas. Un gran bullicio, la muchedumbre envuelve la esquina, colmando la lápida de flores, rostros, fotos, recortes, cancioneros, una sombrilla rosada, manos levantando los cd´s como si fuera un santito hacia las voces cantantes y el rostro de los hijos de JJ, a los cuales todos llaman JULITO!… CANTAMEEL AGUACATE, BRINDA CONMIGO. Botellas de aguardiente, vasitos de plástico, saludes, no puedo verte triste porque me matas. Julito, el más parecido a él, el más celebrado, canta acompañado por el requinto del maestro Pacheco llegado desde Machala a las 7 de la mañana, quien acolitará la fiesta entre nichos y lápidas hasta que alcancen los dedos, las cuerdas, la vaca que se le hará más tarde y que logrará reunir unos dolaritos entre monedas, billetes y centavitos. Alguien grita al público que esta es la música del pueblo y que también a JJ tuvieron que hacerle vaca para enterrarlo.

El calor me saca del grupo. Descanso junto a una escalera. La gente quiere compartir sus soledades comunicando su vivencia del ídolo, de sus letras. Las anécdotas de los que lo conocieron. Las anécdotas de los que no lo conocieron. Las anécdotas inventadas. La salsa de palabras para darle picante a la tarde y que pase sabrosito por la boca. La salsa de palabras para ser sudadas entre más abrazos, aguardientes y saludes! Ahogado por la marea de olores, de soles, de VIVA GUAYAQUIL!, de un traguito de güisqui, de tu carita de pena, de los Julitos y sus mujeres rubias con gafas, de Lorena ex del ruiseñor, de Bedoya improvisado maestro de ceremonias acarreando los ánimos a gritos y manotazos, anunciando a los artistas que llegan hasta tu fatalidad para decirte oye bajo las ruinas de mis pasiones, en el fondo destalma de llama negra. La ciudad no existe al otro lado de la puerta numero 13. La ciudad se derrumbó y todos cantando. El lugar se vacía. La marea migra hacia el nuevo mausoleo. La estatua es de colores grises, adornado con solo una rosa roja y una blanca adormecidas bajo el busto del varón. El monumento escucha este ultimo largo adiós en que se desata la pasión, Barcelona, el amarillo, el celeste blanco y el pasillo. Un Julito de unos 50 años y gafas Ray Ban finalmente se decide y canta acompañado de Victor embriagado y en terno que asegura también ser hijo del ídolo. La bandera amarilloazulyrojo con su foto por escudo telonea a los músicos. Pacheco sigue dándole a la guitarra camino a sus 8 horas de vigilia. Las canciones entonadas a coro como un himno nacional, como barra brava en un estadio de lapidas donde se juegan una pelota de nostalgias, quemadas por el sol, el aguardiente y las caras intensas.

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Martha sentada sobre una lápida recibe sus bendiciones de la música a través de una foto enmarcada que sostiene en alto y en silencio. Manuel vino a visitar a su familia. Consternado porque se destruye con tanto fanático el terreno que tiene a la venta a 5 metros del mausoleo. Le da 50 centavitos a un chico para que limpie al finalizar el día. Su mujer me dice: que falta de respeto! Y no saben si quedarse o no. Adriana cuenta que ella ha venido 5 años seguidos, y se queda en su esquinita cargando su tumor en el cuello, esperando una cancioncita, un milagrito.

Alguien me da un trago y todos somos hermanos. Radiobemba anuncia que llega el cantante Cecilio Alba. Lo veo abrirse paso entre flores y gente hasta las mismas sombras de la antigua sepultura, cuando tu te hayas ido, y canta de espaldas a la multitud sudando en la penumbra vagaMe duele tanto el llanto que tu derramas, Cecilio. Y quedan por el piso vasitos azules vacíos de aguardiente, llenos de saliva.

Piden el aguacate con cebolla y con tomate. El de las maracas filosofa sobre el pueblo, la música y sus ídolos y lanza un discurso sobre como JJ nos ha hermanado a todos los ecuatorianos, si los lazos que nos unen se llegaran a romper que se acabe ahorita mismo la existencia de mi ser, Ecuador, de cómo JJ fue el primer ídolo nacional, antes que Barcelona, y después de Velasco y otras palabras que se quedan atrapadas un ratito entre las hojas de los árboles, pero que finalmente se disipan de tanta angustia mi corazón.

Muchos se quejan de que la reunión no ha sido tan buena como en otros años, que no ha venido tanta gente, que no han venido extranjeros, como en aquella época en que venia el Argentino a cantar (Carlos Argentino de la Sonora pregunto?), y traían las cámaras, y filmaban y entrevistaban al pueblo y todo el mundo era pueblo e ídolo, y todos éramos JJ.

Ahora, no podemos dejar de andar con esta carita de pena.

Marzo 2003

Vol. 10

9 de febrero. Calle Loja, la 52. 3PM….

Siento que llego tarde. Otra vez. Siempre estuve tarde. Este año, 34 años tarde.

Ingreso por la puerta 1.

El guardia me pide la cédula. No se la doy. Le digo que camino hacia la puerta 13, a lo de JJ. Me deja pasar. Revisa mi bolsa, ve la cámara y me advierte que no puedo hacer fotos hasta que esté en el mausoleo, que radiará a los otros guardias para que me vigilen. Avanzo. La Peke me acompaña. Extrañada por ese encuentro me pregunta que significa esto.

No es la primera vez, le digo, pasa desde el 2006. Desde ese año es prohibido hacer fotos en el cementerio. A menos que seas turista.

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Lápidas, sol, mármoles de los muertos ilustres, esmalte negro y dibujos de los otros muertos. El sol se prende. El cementerio es un horno blanco.

Vine la primera vez en el 2003 le explico. En el 2002 había escuchado una transmisión en vivo de Radio Cristal generada desde aquí y del Soda Bar El Montreal. Me quedé picado. Elegí venir al años siguiente. Desde entonces no falto.

Caminamos.

La Puerta 13. Los pintores de lápidas dan vueltas presagiando este destino.

La música suena hace horas. Y las penas. Y estos 34 años de esa voz que ahora sabe digital, y deja ganas en la boca.

Llegamos. Mientras busco quien carga la botella de aguardiente mas coqueta, saludo a los conocidos, los de todos estos años. Bedoya y su familia, Lorena, ex de JJ, Sergio y Rubén Macías, un fotógrafo del cuál nunca supe su nombre, Manolo de la taberna. El cabo Johnny Delgado de la fuerza áerea a quien nunca envíe sus fotos. Este año lo haré. Creo.

Firmo una hoja con letras ebrias para solicitar un nuevo monumento fuera del cementerio, pues dice alguien que dice un guardia que dicen que el próximo año no nos van a dejar entrar y celebrar. Demasiado mal comportamiento es el goce.

Una de trópico aparece. Las copitas de plástico con el licor bendito se llenan, calientan el drama de quién canta, quién lo hace mejor, qué guitarrista toca, quién vino primero a esta celebración y cuál es un advenedizo.

Hay baile. La tarde se entuca de boleros, valsecitos y tangos. De la humedad de una lluvia que no descarga en el blanco de este cementerio de una triste ciudad de puerto que se pone feliz mientras llora al varón.

Las sombras se alargan. La boca se espesa. Regreso al centro. El Guayas se ensombrece con unas nubes que como que quieren llover sobre llovido. Al anochecer las aguas se descuelgan…

9PM. Vuelvo al cerro Santa Ana para humedecer éste 9 de febrero con biela y pasillos. En la Taberna, un equipo azul gana con un penal. Chugo Tovar rocolea unos boleros. Sergio Macías me dedica un viejo tango. Las parejas se miran con toda el alma llena de lugares comunes.

Desde un CD pirata de karaoke, JJ revive en nuestras voces todas.

Febrero 2012.

Fotos por: Ricardo Bohorquez