“Todos los que hemos estado en una relación conocemos de llantos, de magia, de alegrías y de mierdas.”

Carlos y Tomás se conocieron hace muchos años. Quizá demasiados. Quizá ese fue el problema para muchos cuando se convirtieron en pareja. La cercanía de Carlos con el entorno de Tomás no ayudó. Carlos, varios años mayor a él, fue visto con malos ojos. A nadie se le ocurrió en un buen tiempo preguntar a Tomás si era feliz junto a Carlos. Es que nuestra sociedad aun no está preparada para entender ciertas cosas mas allá de sus limitaciones autoimpuestas. ¿Es realmente tan difícil contentarse con la felicidad ajena? ¿Es tan difícil reconocer amor en formas distintas a la mía? ¿Es acaso distinto el producto de esas formas?

 

Probablemente no es tan sencillo entender estas cosas cuando uno nace y crece en una ciudad como Guayaquil. Cuando me propuse escribir este texto supe de inmediato que no tendría ningún efecto si no conseguía antes liberar mi propio mapa mental de cualquier rezago de los prejuicios que, durante mi crianza, familia, amistades y sociedad supieron implantarme y aun así, mientras lo trabajaba, varias veces me sorprendí a mi mismo pensando pendejadas que hace muchos años creía desterradas de mi cabeza.

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Pero es que el amor uno lo reconoce con solo verlo. Y este, queramos o no mirarlo de frente y conmovernos el corazón con él, no hace las distinciones que solemos hacer quienes hemos sido condenados desde nuestra mas tierna infancia por nuestro entorno a estrellarnos de trompa contra el falso dilema de lo ‘normal’ y lo ‘raro’.

‘¡Claro que me veo de viejita junto a ella!’ Le había pedido a Valeria unos minutos para hablar sobre su relación con Sole y no bien empezados se despachó con esa frase.  Mientras lo dice, veo la ilusión apoderarse de sus ojos, de unos ojos buenos que solo transmiten dulzura,  y me enternezco. Me enternece su voz, me enternece su mirada, me enternece saber que pese a los golpes que supone ser uno mismo en esta sociedad de mierda y contra todos los ojos que la juzgan, verdugos del sentimiento ajeno,  aun se permite soñar con ternura, aun se permite el afable sueño de sumergirse, ya anciana, en la mirada ya cansada de su compañera y reconocerse amada. Y sentirse en casa.

Para Tomás y Carlos el sitio para construir un hogar manso, propio y placentero, fue muy lejos de casa. Antes, transitaron varios países y cruzaron varias fronteras, a veces juntos, a veces para buscarse. Y encontrarse. Y casarse. Y seguir construyendo eso  que en tierra propia les resultó imposible. Su retirada fue pacífica. Pusieron en orden las cosas con los suyos y se abrazaron a la ilusión de construir una vida en la que, en mutua compañía, puedan desarrollarse sin miedos, en la que se pertenezcan mutuamente en amor.  ‘Vine a aca a construir mi relación y voy a hacer todo lo que pueda para eso’. Y ‘lo que pueda’ ha sido mucho: dejar familia y amigos, ir a un lugar extraño a buscarlo, aprender a hablar el idioma, establecer nuevas relaciones de amistad, nuevo trabajo, nueva vida. Sin chistar, sin quejarse. Por la alegría que supone el levantar un hogar, tal vez una familia y confortarse el uno al otro. Esposo a esposo.

Sé que es amor. Es que es cuestión de ver y recordar gestos, detalles, miradas, para saberlos impregnado s de una magia a la que, a diferencia de tías curuchupas y vecinas chismosas, le importa  un carajo qué se lleva entre las piernas. Y a mi, como a Valeria, me gusta la felicidad de la gente. Me gustan las relaciones y que las relaciones estén bien e inunden de felicidad la vida de las personas en ellas.

Valeria y Soledad se conocieron a través de una amiga en común. Una sonrisa muy parecida a la imagen de la felicidad plena le atraviesa el rosto a Vale cuando empieza a contármelo. Recordar es volver a vivir. Y ella, durante horas, recordó: Recordó cómo le latía el corazón mas rápido cuando escuchaba el sonido del chat por el que se escribían cuando la relación empezó a la distancia; recordó haber dejado pasar una oportunidad de trabajo que hacía mucho esperaba por no haber podido despegarse de la computadora donde conversaba con Sole; recordó momentos, anécdotas, risas, peleas y reconciliaciones, la recordó a ella de mil formas: amiga, compañera, amante, compinche. La recordó con el corazón en la mano, la sonrisa en el rosto y un tono dulce dejándose escuchar entre su voz, como solo se recuerda a quien te ama y llena tu vida de alegría.  Recordó su primer encuentro luego de meses de relación a distancia, recordó su primer viaje juntas ‘Nos quedamos en la habitación mas linda. No estoy segura si era la mejor habitación del hotel, pero estoy segura que era la mas linda. Para mi lo era. Es que todo se vuelve magia en ese momento, cada cosa es lo mas bello del mundo. Para mi, era magia pura’.

Viven juntas. Están, al fin, en un lugar que pueden llamar suyo. En el que confluyen los sueños de ambas y enfrentan juntas los mismos retos de toda pareja joven: qué quieren hacer con sus vidas, lo que esperan para mas adelante. Entre tanto, viven con la alegría de saber que la otra está al lado, con la sonrisa que dibuja en sus caras el saber que cada día es para ellas una reafirmación maravillosa de  amor y compromiso.

Las relaciones de pareja se ven siempre expuestas a obstáculos: superación de distancias físicas, culturales, sociales, de idioma, y algunas, como estas, están expuestas a la mirada juzgadora de quienes se sienten asistidos de autoridad para sentenciar lo que ‘debe o no debe’ ser en la vida de los demás.

Y mientras en nuestras cabezas aun permanecen los conceptos que nos fueron implantados sobre lo que se debe o no ser y sentir, mientras no logramos superar nuestras propias taras para, liberando al resto de nuestros juicios, liberarnos nosotros mismos de nuestras propias miserias, Tomás y Carlos, Valeria y Sole, ajenos ya a nuestro cinismo, o quizá como respuesta a este, se saben merecedores de el amor que viven; saben que la vida, como la lleven juntos, puede ser una fuente diaria e inagotable de maravillas; que mientras comparten aventuras tomados de la mano y disfrutando de sus risas, todo es mágico y completo,  pero, sobre todo, saben que el amor es amor, donde sea que uno lo encuentre, con quien sea que uno lo encuentre.

A ustedes, muchachos, por sus lecciones de amor, humanidad y ternura. Gracias.