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La familia está inquieta, nadie entiende lo que pasa; y pasa, que no es tiempo.  Las tías se alborotan, los abuelitos se angustian y las mamás empiezan a dar explicaciones espectaculares: “Lo que pasa es que el Señor Disney olvidó dispensar el príncipe azul para mi hija”.

Yo creo que todo está claro desde que las chicas solteras, en las celebraciones de matrimonio,  esquivan el ramo de novia en lugar de atraparlo, a la liga sí se apuntan, porque esa es con cogida de pierna y el contacto físico siempre es necesario.  ¿Casarse antes de los 25? Eso ya es un mito.  ¿Tener hijos? Los mitos no procrean, especialmente si usan condón.

¿Por qué tanta preocupación? Entiendo el salto generacional, sé a lo que estaban acostumbradas las mujeres, lo que no entiendo es por qué ponen su felicidad sobre los hombros de otra mujer más joven.  Siento profundo pesar por las tías, madres y abuelas que necesitan que sus sobrinas, hijas y nietas se casen y tengan hijos para ser felices.  El desmembramiento de su energía al buscar explicación las desgasta y nos desgasta; cada persona es responsable del rumbo que le de a su vida, y por lo tanto de su felicidad.  Está científicamente comprobado (por mí) que cada vez que una conversación inicia con la pregunta “¿Y ya tiene novio?” una margarita se marchita, y cada vez que inicia con “¿y para cuándo un hijito?” un óvulo muere.

El susurro familiar es directamente proporcional a qué tan cerca de los 30 te encuentres, a veces se expande hasta los dominios de la peluquera o incluso el doctor. Todos te buscan novio; los ex que la mamá odiaba, empiezan a tener nuevas virtudes y misteriosamente pasan de ser el “Nada es peor” a ser nuevamente el “Peor es nada”. Los prospectos que traen las tías ya no son los burguesitos lindos y adinerados de antes, ahora no hay reglas, todo vale. Las fiestas infantiles les parecen un escenario ideal para buscar algún padre soltero coquetón, y ante cualquier negativa, sus corazones saltan, los nervios se les ponen de punta y sus mentes empiezan a hilar situaciones por las cuales podrías ser lesbiana.

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Sin duda los tiempos han cambiado, y mujeres en esta situación somos muchas, no hay otra salida más que disfrutar torturando a tías y a madres, síganles la corriente a sus pensamientos e inseguridades, y  la siguiente vez que afirmen que el tiempo pasa rápido y se esfuma la “edad de merecer”, fijen su mirada en ellas y digan: Ya congelé un par de óvulos, tranquila. Luego disfruten con la explosión de algunas neuronas, si se quedan en silencio quizá hasta puedan escuchar su estallido.

Lo que no he logrado todavía es neutralizar la mirada de mi abuelo que quiere un bisnieto. Por el momento lo hago con besos.