Debo confesar que esperaba algo más de la disputa Correa vs El Universo. Traté de mantenerme lo más al margen de la discusión cansona de que si injurió o no, de que si la cárcel es solución o problema, de los Chukys, los Speddy González y otros personajes. Mi interés se adentraba más allá, entre la espesura de la controversia y los ataques, encontrar un resquicio de libertad ciudadana, que al final, nunca llegó.

Más bien, fue todo lo contrario. Una repetición certera del modus operandi de los sistemas de comunicación  públicos y privados alrededor del mundo. Alimentándonos diariamente de información que no necesitamos, que no queremos consumir, de verdades que son sus verdades y mentiras que serán nuestras verdades. Faltarían caracteres para nombrar una por una, la cantidad de datos erróneos, subjetivos, males intencionados, acusadores y otros sabores que durante meses recibimos sobre la sentencia en cuestión desde el oficialismo y los medios de comunicación.

¿Qué es lo que esperaba? Rebeldía. Ciudadanos hartos del status quo que se impone en la agenda de los medios y que visualiza personas, datos, noticias, oportunidades y amenazas bajo la dirección subjetiva del grupo de poder económico que los manejan. Ellos nos muestran “lo que debemos saber”, sin ningún tapujo y vergüenza, delineando el flujo de información que poseemos y lo que podemos hacer con ella. Reducidos a  simples cajas de resonancia.

Ya el cuento de “si no nos gusta, solo apago el televisor”, no sirve. Hay una amalgama de espacios informativos de toda índole, con el mismo patrón, la mismas características, que tarde o temprano, a través de otro espacio, llegaremos al mismo dato sesgado que evitamos horas antes con el control remoto. Y la cosa se pone peor con la intervención estatal, con ese agregado no solo nos comunicamos como el dueño del medio/empresario/ político quiere, sino además, reproducimos lo que desde la empresa pública se  pretende ubicar como verdad única. A los tres o cuatro grupos familiares que manejan la información en Ecuador (cosa que se repite alrededor del globo, miren en este reporte de BBC, acá) se suman la cadena de medios estatales acomodados simplemente a rebatir lo que los privados acusan o señalan, en una suerte de tire y jala que no conduce a nada y les permite seguir diciendo lo que quieren y callando lo que conviene.

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Pensé en algún momento que la situación discordante entre el Ejecutivo y la prensa daría paso a ese tercer elemento olvidado: el ciudadano.  Una oportunidad para volcar la mirada hacia la los espacios alternativos comunicacionales que se generan desde la sala de mi casa, la suya y la del resto. Una información que circula sin salas de edición y restricción.  Hace meses escribí en este espacio mi esperanza en las redes sociales, pero veo ahora con cierta rabia como muchos medios tradicionales se volcaron hacia ellas tratando de “encauzar” la información. Pero no lo van a lograr, porque como decía McLuhan “el medio es el mensaje” y esta vez el canal no son sus propios intereses.

Sigo creyendo que aquí está la clave, para los pocos que lo comprenden y aceptan.  Fuimos testigos como en estos días los cibernautas de todo el mundo protestaron contra la Ley SOPA que buscaba cuartar  libertades ulteriores del internet. La presión mediática no vino de las noticias ambiguas de los medios, sino de las reacciones mundiales a través de twitter, facebook, páginas web, etc.  Pero ¿seremos capaces de defender otras luchas más allá del terreno virtual? ¿O convertiremos a las redes sociales en repetidoras de las peleas semanales entre medios y el Estado, amigos antes, enemigos hoy? A seguir como estamos, prefiero mil veces que mi agenda mediática sea un HT o el muro del face.

Del juicio de Correa a El Universo, ya no espero nada. Los dos morirán con su bandera de que son defensores de la libertad de expresión, razón que es una falacia. Hoy con este artículo abro la puerta para posicionar otros productos, como Gkillcity, que busquen una la real libertad de pensamiento por sobre encima de las máquinas manipuladoras de información. Seamos legión. Digamos lo que sentimos pensamos y creemos sin restricciones ni editores. Un ejercicio único que depende exclusivamente de cada hombre y mujer que pretende ser libre.

A quien no le interese,  que continúe con la programación regular.