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Cogidos de la mano, mi novia y yo intentamos dar un paseo por el parque de su casa. Era las 22H50, y Entreríos es de los sectores aledaños a Guayaquil donde su seguridad privada y muros de concreto permiten esos chistes a esa hora.  Al llegar al sitio predilecto por niños y enamorados, una enorme reja tipo campo de concentración nos impidió el paso. Con una velocidad digna del juez Paredes, el Municipio de Samborondón había levantado un cerramiento de metal de casi 3 metros de altura q restringía el uso del sitio en horas seleccionadas

 

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Una duda con tintes de indignación rodearon mi frustrada cabeza ¿Qué hace amurallar el único espacio público de una ya amurallada ciudadela? Y la disyuntiva me trajo el recuerdo de lo que justamente, en esa mañana, el presidente Correa criticaba: la proliferación de urbanizaciones privadas en varias ciudades del país con condiciones de seguridad tipo centros de aislamiento voluntario. Según él, ha llegado a observar  mini-ciudades rodeadas de paredes con cables de alta tensión y alambres de púas como pasaba en mejores tiempos del régimen nazi.

Correa justificaba, que, ciertamente, la inseguridad que azota al país era la causa de concebir sitios para vivir encerrados y abroquelados, pero, ¿qué situaciones pueden presentarse en la  psiquis de un individuo que reside en estos lugares, cuando comienzan a limitarse las propias comodidades que su “guarida” le otorga?  Hay privatizaciones dentro de las privatizaciones, y en ocasiones parece que solo a esto me parece confuso.

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Confuso talvez, pero no extraño. Estos sectores residenciales en las periferias de la ciudad comienzan a calcar de alguna forma la “técnica” de desarrollo urbano que en Guayaquil nació y se implementó como bandera durante toda la era socialcristiana. La privatización de los espacios públicos como medida de “seguridad” impidió que, de a poco, muchos lugares llegaran ser poco utilizados y en casos lamentables, desiertos.  Basta un paseo por la urbe para encontrar decenas de parques sin niños, pero con sus buenas rejas. Sitios que en el Guayaquil de antaño eran predilectos para la distracción familiar y en pareja, hoy solo con polvo por el desuso.

Esta “Inteligencia Municipal” que sugiere la privatización de los espacios públicos como medida exclusiva de seguridad, Héctor  Chiriboga  Albán la describe ampliamente en el ensayo “Regeneración urbana: privatización del espacio público, políticas de seguridad y termalización en diario El Universo de Guayaquil” que  escribió para la revista Diálogos. En el mismo, el sociólogo detalla cómo el proceso de Regeneración Urbana emprendido en Guayaquil, tiene un fuerte componente de seguridad, no solo en términos operativos, sino de concepción, e implementación de políticas de uso del espacio, de la que el diario y el resto de prensa independiente objeto de estudio no da cuenta.

Chiriboga explica en su artículo como dentro el Plan de Regeneración Urbana y Más Seguridad, se crearon una  serie de ordenanzas municipales que buscan regular y homogenizar todos los comportamientos y ámbitos de la relación entre los ciudadanos y lo público. Así, esto ha significado la restricción del espacio de circulación y apropiación: la regeneración cierra intersecciones, cierra parques y plazas, llamándolos solo como espacios “contemplativos”.

Preocupante es ahora como este modelo de regeneración ha sido tomado como base para otros Municipios de Guayas con afinidad ideológica con el PSC. Sin embargo,  la pantomima de la seguridad que ofrece este modelo importado queda desfasada cuando  en conjuntos  residenciales donde el control al acceso de “antisociales” es permanente,  comienzan a generarse este tipo de conductas que merman la interacción entre los propios vecinos y restringen sus libertades básicas tales como la libre movilización. Si fuera habitante de una ciudadela privada, me pregunto ¿De qué carajo me sirve pagar guardianía privada si cuando me dé la gana de jugar fútbol, andar en bicicleta o trotar en el parque de la esquina dependo de un candado y una llave?

Creo que los más afectados de esta “obra” en Entreríos serán los “chicos burbuja”, analogía que brillantemente describieron en su artículo Ileana matamoros y Tristana Santos hace siete años sobre los adolescentes que crecieron aislados en ciudadelas cerradas. Estos chicos ahora tienen ante sí la destrucción del último vínculo de fraternización que mantenían con el que vive al frente. Si la fortaleza de estos jóvenes, adultos ahora, era la interacción en los espacios comunes entre vecinos, eso de a poco se irá amilanando con la reducción de estos lugares.  Ha llegado la privatización en lo privatizado causado por el poder público, aunque suene  ilógico y contradictorio.

Hay una sociedad nueva que se va construyendo en el país y que ya rebasa las orillas del Río Guayas. Una sociedad que entiende su modelo de desarrollo urbano como un conjunto de micro-espacios privatizados desde el orden público y particular, sin la mínima consulta previa a los ciudadanos-habitantes de los sectores y que va acortando, cada vez más, la libre circulación del hombre dentro de su propio entorno. La máxima de este mundo globalizado se cumple a cabalidad: todo es libre de movilizarse en este planeta de un lado a  otro, menos los seres humanos. Yo no quería ir hasta Rusia, solo quería sentarme en la banca de un parque.

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