Si hay algo que me sorprende de la actitud de los españoles ante la Jornada Mundial de la Juventud es la pasión que le ponen. Sea que la amen o que la odien, la indiferencia no existe. Por un lado está toda la gente de Iglesia, desbordada por afinar hasta el último detalle para la visita del Papa. Cabe resaltar que como «Iglesia» no se entiende solamente a los sacerdotes y religiosos sino a todo el pueblo laico y, entre esos, los 28.500 voluntarios que tiene la JMJ.

 

Por otra parte está la gente de izquierda, que aglomera una multitud de colectivos muy distintos entre sí pero con un punto en común: su radical odio al Papa. Ellos se obsesionan con mirar hasta el más mínimo defecto que un evento de estas magnitudes puede tener. A ellos yo los he bautizado como «los sufridores».

Hace un par de semanas, un grupo de sufridores atacó a en la calle a un diácono que no había cometido más delito que estar vestido como diácono en la vía pública. Ahora entiendo a mis amigos sacerdotes cuando se guardan el cleryman (cuellito blanco) cuando vamos a comer a un centro comercial. Nunca faltará quien quiera insultarnos, escupirnos o agredirnos por estar con ellos.

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Me llama bastante la atención que quienes comenten estos actos de intolerancia, justamente gritan a los cuatro vientos que son muy respetuosos con los homosexuales, drogadictos, inmigrantes o cualquier otra minoría. Yo aplaudo ese respeto pero creo que deberíamos respetarnos todos.

Lastimosamente esto no se queda solo en casos aislados sino que se convierte en algo institucional. Así por ejemplo, tenemos a Diario EL PAÍS que sacó un suplemento especial llamado «Madrid» que lo dedica por entero a criticar la Jornada Mundial de la Juventud. El mismo día también compré el diario ABC que en su suplemento «Alfa y Omega» resalta todo el impacto positivo que implica la JMJ. Ninguno de los dos diarios miente pero únicamente publican lo que les place.

Así por ejemplo, EL PAÍS menciona que las empresas que apoyan la JMJ suman una exoneración fiscal de 18 millones de Euros pero omite que el Estado espera recaudar 25 millones de Euros sólo por concepto de IVA. Así mismo, dice que los peregrinos tienen descuentos especiales en la transportación pública lo que perjudicaría a las empresas. Pero no mencionan que la JMJ va a multiplicar por 100 el uso del transporte público y con ello va a generar más ingresos para estas mismas empresas. Se menciona también que la calle principal de Madrid va a estar cerrada una semana, cosa que no se ha hecho nunca con otro evento. Pero no explica que Madrid nunca ha tenido un evento de esta magnitud y que además, en agosto el tráfico vehicular es tan escaso (por las vacaciones) que esto no representa un problema grave.

Eso sin contar que la «Asociación Madrileña de Ateos y Librepensadores» ha convocado una marcha Anti – Papa un día antes que él llegue y pretende pasar por los mismo sitios que están destinados para los peregrinos de la JMJ. Así mismo, unos colectivos de homosexuales quieren besarse en la ruta del Papamóvil y lanzar condones al aire.

Esa actitud honestamente no la entiendo. Si a mí no me gusta un evento pues simplemente no voy pero no sufro ni me daño el hígado por eso. Hace unos meses se organizó el desfile del «Orgullo Gay» a mí no me interesa y no fui. Cuando recién empezaron las protestas del 15-M me dio curiosidad de ver de qué trataban. Cuando desviaron su atención de los problemas económicos y políticos de España y se dedicaron a insultar a la Iglesia, dejé de ir.

En fin, como diría el cura de mi parroquia «estas son las alegrías de cada día». Seguiremos trabajando para que la JMJ sea una verdadera fiesta de fe, donde Cristo sea trasmitido por su vicario y comprometa a muchos jóvenes a seguirlo. El que quiera sufrir… pues que sufra… gracias a Dios todavía es gratis.

¡Vamos ahí con fe!

José Miguel Yturralde