Esta sátira Querido Calvin de Xavier Flores sobre la censura previa impuesta por Museo de Guayaquil contra toda obra que pretenda participar en el Salón de Julio del año en curso y contenga “LENGUAJE SEXUALMENTE EXPLÍCITO”  es el génesis de la acción de protección y medidas cautelares propugnada por los acólitos de http://gkillcity.com/, nave insignia para la creación de un nuevo pensamiento guayaquileño basado en la mística del Estero Salado ideado por José María León.

La demanda pretendía que un Juez ordene al museo suspender su prohibición de manera inmediata. Tengo clara la imagen de Flores creándola mientras discutíamos la naturaleza de la obra que íbamos a realizar para acompañarla. Flores tipeaba en silencio bajo la cortina de bulla y humo perpetrada por el resto.

El Municipio actuaba como si el guayaco promedio solo tiene un cerebro digno de pasar una tarde en el Playland Park. Gente responsable como nosotros no podíamos permitirle a nuestro Municipio hacer un ridículo de ese tamaño.

Días después, la demanda fue firmada como ciudadanos afectados por el cineasta Ernesto Yturralde, el abogado Rafael Balda y yo. Los abogados Xavier Flores y Jorge Baquerizo firmaron como ciudadanos y como abogados de la causa.

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La demanda le caía al juez décimo de lo civil en las manos y en el mundo virtual, a ese que le llaman 2.0, a los internautas le caía gkillcity.com. Desconcierto por todas partes: ¿qué son estas locuras posmodernistas?

La obra física, titulada “El Derecho y el Revés” presentada a concursar en el Salón de Julio es hija del abogado Xavier Flores, la diseñadora Ingrid Aguirre y yo. Ninguno de los 3 somos artistas plásticos ni pretendemos serlo. Hicimos la obra para completar la demanda, así como la demanda es el acto de compleción de la obra. La una necesitaba de la otra para existir. Grabé el proceso en video y está siendo editado mientras escribo estas letras.  La obra será exhibida en una muestra colectiva a fines de este mes. La obra es básicamente un acrílico por cuyo derecho se observa la demanda presentada y, en su revés, dibujos de caricaturas del célebre Pancho Jaime. Dicho sea, agradecemos a Paco Salazar su fotografía de Pancho Jaime (1946 – 1989) utilizada en la obra. Hasta ahí, todo belleza.

Delante teníamos la cuestión espesa: conseguir que un juez utilitario comprenda que podía hacer historia en materia de libertades civiles. Cuesta arriba, ahí estábamos.

En un ambiente tenso pero llevadero se dio la primera audiencia ante el Juez Décimo de lo Civil,  el martes 28 de Junio. Las partes expusieron sus argumentos y respirábamos un aire de triunfo parcial. El Juez, paniqueado ante el poder de la Muy Ilustre, llamó a una segunda audiencia.

Al interior de gkillcity.com, el trabajo era arduo. Era una oportunidad que no se podía dejar pasar. Fernando Ampuero delineó, coordinó y ejecutó una campaña de difusión de la acción y de los postulados propuestos en la demanda y el martes 5 de julio se llevó a acabo la segunda audiencia, que gracias al plan trazado por Ampuero contó con la presencia de mayor prensa y más público y, por ende, más tensión.

Al final de los alegatos, el juez se declaró “incompetente” para resolver el fondo de la acción y nos obliga a apelar ante la Corte Provincial de Justicia. No le importó que dos abogados hayan presentado sendos “amicus curiae” (documentos hechos para informar mejor el criterio del juez) pero por sobre todo no tomó en consideración el pronunciamiento de cuarenta artistas presentado también en forma de “amicus”. La clásica pequeña escaramuza con gritos de ambas partes cerróla audiencia.

Apenas días después, en un caso que los abogados califican de procesalmente idéntico, una jueza suspendió el alza de las tarifas eléctricas. El de nuestro caso, simplemente dijo “¿un problema, pa' qué?” y se lavó las manos.

En los días que siguieron el Municipio y la prensa se encargaron de desdibujar el debate; pintando a los demandantes como gente que quería “colgar pornografía en el museo para que la vean los niños”. La obra que hicimos fue tildada de basura por el Arquitecto Melvin Hoyos. El alcalde se mantuvo sobrio pero errado, firme en su papel de curador artístico, enseñándole fotos de obras de Jorge Jaén, Wilson Pacha y hasta de ex ganadores del Salón de Julio a la prensa como ejemplos del porno que no se colgará en el museo.

Es difícil hacerle entender a un amplio sector de Guayaquil la diferencia que existe entre defender la  libertad de expresión y ser un pornógrafo. Es increíble que en una ciudad con nuestra capacidad de violencia y desafuero se pretenda instaurar una falsa moral solo digna de cuatro señoras jugando telefunken en Colinas de los Ceibos.

Esto lo que me hace pensar, es que la censura sexual solo es una excusa para tomar mayor control del museo e impedir expresiones que atenten contra la obra del Municipio, como se pretendió alguna vez incluir en las bases. Ante lo cuál nace una pregunta, ¿Cómo pretende el gobierno local mantener su lucha sobre supuestas censuras a la libertad de expresión si no comienza en casa?

El otro día leí que el arte es el nombre que se le da a la perpetua lucha humana contra los límites de su propia percepción. Viviendo en Guayaquil en estos días, yo ya hasta me había olvidado.

Salud.